Reportajes

José Serebrier cumple 80 años

Juan Carlos Tellechea

lunes, 3 de diciembre de 2018
José Serebrier en el Teatro Sólis © Tacuarembo.net

El celebrado compositor y director uruguayo José Serebrier cumple 80 años este lunes 3 de diciembre, y quienes lo hayan visto hace dos semanas atrás en la presentación de los Grammy Latinos en Las Vegas podrán corroborar fehacientemente aquello de que la música obra como una fuente de eterna juventud: mantiene física y espiritualmente lozano a quien la ame y la cultive.

Siempre digo que tuve la suerte de nacer en Montevideo (aquel sábado 3 de diciembre de 1938) en la época de oro de las artes, evoca emocionado Serebrier en una entrevista exclusiva con www.mundoclasico.com.

En aquellos difíciles momentos entre las dos grandes guerras mundiales, en medio de los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos, y tras librarse de un gobierno de facto, ese pequeño gran país que es Uruguay recibía una fuerte corriente migratoria de europeos orientales (además de sirios, libaneses y armenios) que llevaría a duplicar su población total (de 931.000 habitantes en 1900 a 2:123.000 en 1938) y la de su capital (de 268.000 a 525.000 en el mismo lapso).

Así y todo, pese a las crisis, la República florecía. Había inaugurado en 1937 el primer Salón Nacional (anual) de Bellas Artes. El sufragio femenino (consagrado en la Constitución de 1917 y reglamentado por ley en 1932) era practicado por primera vez en las elecciones generales de marzo de 1938. Eran tiempos de auge en los que hasta el debate parlamentario y la función diplomática eran consideradas artes de jerárquico nivel.

Entre aquellos inmigrantes llegarían a tierras uruguayas los padres de Serebrier, David y Frida (Wasser, apellido de soltera); él, ingeniero petrolero de Rusia (entonces Unión Soviética) que trabajaba para una empresa de Filadelfia (Pensilvania/Estados Unidos), ella de Polonia. Tuvo que haber sido un gran amor el que inflamó los corazones de ambos jóvenes, porque se conocieron en el barco que los llevaba a Montevideo en 1930 y se casaron seis días después.

También arribaría al puerto montevideano. en aquel masivo contingente de europeos que huían de los conflictos bélicos y las persecuciones políticas o religiosas. quien iría a ser el segundo maestro de Serebrier, el violinista Ylia Fidlon, alumno preferido del legendario Leopold Auer (maestro asimismo del mítico Jascha Heifetz). Fidlon crearía en Uruguay una excelente tradición de violinistas (entre ellos Mauricio Fuks y Amiram Ganz, ambos nacidos en este país), recuerda Serebrier.

Pero vayamos por partes, porque los primeros síntomas de su vocación musical los sintió el Maestro Serebrier cuando tenía nueve años. En su casa familiar, en el popular barrio montevideano de la Curva de Maroñas, no había ni gramófonos ni tocadiscos en aquel entonces, pero sí un pequeño receptor de radio en la cocina y a través de él escuchó por vez primera la Obertura 1812 de Piotr Chaikovski (probablemente transmitida por la emisora oficial del SODRE, Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica, fundada el 18 de diciembre de 1929, casi la única por aquel entonces dedicada a la difusión de música clásica). Ahí quedé transformado para el resto de mi vida, rememora el compositor y director de orquesta uruguayo.

En la escuela, un compañero tocaba el violín y todas las niñas lo admiraban, cuenta Serebrier. Le pregunté por el nombre de su maestro y decidí estudiar con él ese instrumento. A todo esto, sus padres adoptaban una postura neutral frente a su activo vástago, ni se oponían ni lo entusiasmaban con su iniciativa.

Ese primer profesor de violín de Serebrier tenía una orquesta típica de tango y sus alumnos tocaban en ella. No lo olvidaré nunca, para mi segunda lección llevé una Sonata para Violín Solo, que entretanto ha sido editada y grabada varías veces, evoca Serebrier con nostalgia. Ese opus 1, salido de la intuición pura y nada facil de tocar, evoluciona con naturalidad bajo una forma muy propia y se escucha como si de una improvisación se tratara. Siete minutos y medio dura la pieza.

Pero poco después el niño daría un enorme salto cualitativo, tomando clases de violín con Fidlon, quien había logrado escapar de la Unión Soviética en aquellas décadas, al que siguieron los primeros violinistas de la Orquesta Sinfónica del SODRE, Juan Fabbri y, cuando éste se jubiló, Miguel Pritsch, quien estrenó mundialmente la Sonata para violín solo y la grabó asimismo para esa radioemisora. ¡Ambos también grandes maestros!, apunta Serebrier.

Sin embargo, el adolescente sentía en lo más profundo de su ser que el repertorio sinfónico le atraía más que el de solista de violín e íntimamente decidió que algún día sería director de orquesta, evoca. Tenía entonces 11 años.

Cuando memoriza la evolución de su vida, al compositor y director uruguayo le parece estar recordando la historia de otra persona, no la mía. Es muy curioso lo que me ocurre, prosigue. A veces me parece hasta increíble entender cómo pude organizar a mis 11 años una orquesta y coro juveniles en Montevideo e invitar al Presidente de la República (entonces Luis Batlle Berres) y a todo su gabinete ministerial al primer concierto en el Paraninfo de la Universidad. Las fotos de ese concierto, conmigo en pantalones cortos, circulan por Internet (…).

Pasaría poco más de un lustro para que Serebrier ganara una beca del Departamento de Estado de Estados Unidos y en 1956 pudiera estudiar en el renombrado Curtis Institute of Music, de Filadelfia; dicho sea de paso, en la ciudad donde se hallaba radicada gran parte de la familia de su padre, lo que le permitió conocer a una hermana mayor de su progenitor y a sus primos (la mayoría son abogados, señala).

En adelante, y hasta hoy, la evolución de Serebrier no se ha detenido ni un instante. Sigue trabajando con la aplicación de siempre, dirigiendo, componiendo y grabando (más de 300 discos hasta ahora), como ningún otro conductor de orquesta en el mundo. Memorables son, entre muchas otras obras suyas, el Concierto para violín Invierno, concebido en 1991, y Partita (posteriormente rebautizada como Sinfonía número 2), de 1958, escrita tras su graduación en el Instituto Curtis y cuando estudiaba composición en la Universidad de Minnesota. ¡Qué encanto de música, cuánta frescura y energía!!!

Aprendí a dirigir como los niños aprenden a caminar, a tropiezos, evoca Serebrier. Pero las lecciones formales comenzaron en Filadelfia en el Instituto Curtís y antes aún en (el Centro de Música) Tanglewood (Massachusetts) con el maestro brasileño Eleazar de Carvalho durante varios veranos, agrega.

Con Carvalho estudiaron al mismo tiempo Zubin Mehta, Claudio Abbado, Seiji Ozawa, entre otros alumnos suyos como Charles Dutoit, David Wooldridge, Gustav Meier y Harold Faberman. También estudié durante varios veranos con el legendario Pierre Monteux, y al graduarme de Curtis (en 2 años en lugar de 4), fui a Minneapolis a estudiar con Antal Dorati de los 18 a los 20 años de edad. Dorati fue mi principal maestro de dirección orquestal. Tuve la gran suerte de estudiar y trabajar con los últimos representantes de la tradición europea que estaba desapareciendo, algo que los jóvenes directores de hoy (lamentablemente) no tienen.

Habría de pasar otro año para que nada menos que el legendario director británico Leopold Stokowski reclutara a este promisorio joven uruguayo al punto de llegar a calificarlo de gran maestro del equilibrio orquestal para que cooperara con él durante cinco años como director asociado en el Carnegie Hall de Nueva York. Su debut allí con Stokowski fue con el estreno (el 26 de abril de 1965) de la dificil Sinfonía número 4 de Charles Ives (que requiere tres directores) al frente de la American Symphony Orchestra. En otra imagen que navega por el ciberespacio se los ve a ambos preparando aquella complicada labor. Con esta sinfonía y al frente de la London Philharmonic Orchestra, Serebrier obtendría una nominación al premio Grammy.

Stokowski estrenaría en otra oportunidad la Sinfonía número 1 de Serebrier y la grabaría con la Orquesta Sinfónica de Houston. Años más tarde haría otro tanto Serebrier con la Filarmónica de Londres; y Sir John Eliot Gardiner grabaría incluso otra obra del uruguayo, la Sinfonía para Percusiones (1982).

Transcurrida esa importantísima etapa en su evolución, Serebrier aceptó una invitación de otro grande en la historia de la dirección orquestal, George Szell, para convertirse en Composer in Residence de la Cleveland Orhestra durante las dos últimas temporadas de este conductor austrohúngaro. Szell había descubierto a Serebrier cuando éste ganó el Certámen de Directores de Orquesta de Estados Unidos patrocinado por la Fundación Ford.

La estrecha relación paternal de Stokowski con Serebrier continúa hasta nuestros días a través de la The Leopold Stokowski Society, con asiento en Londres, encargada de velar por su trascendente legado. Grandiosas son las grabaciones (Naxos) que hizo recientemente el director uruguayo con el peculiarísimo sonido de las transcripciones sinfónicas stokowskianas de Johann Sebastian Bach (Toccata y Fuga, Arioso, Wachet auf, Ich ruf zu Dir, Herr Jesu Christ), de Modest Mussorgsky (Cuadros de una Exposición, Boris Godunov), de Piotr Chaikovsky (Humoresque, Solitude) y de Richard Wagner (Tristán e Isolda, Parsifal, El Anillo del Nibelungo) al frente de la Bournemouth Symphony Orchestra. ¡No deberían faltar en ninguna colección!!!

Repasar toda su discografía (SONY, RPO, BIS, DECCA, Warner, RR, entre otros sellos) nos llevaría páginas y más páginas de esta reseña, Pero no quisiera pasar por alto sus 46 nominaciones al Grammy, así como el Premio Grammy Latino que conquistó en 2004 con Carmen Symphony, al frente de la Orquesta Sinfónica de Barcelona, y la nominación al mismo Grammy que obtuvo con su Sinfonía número 3 (Mística), como Mejor Composición de 2004, estrenada en el Carnegie Hall en 2005. Tampoco puedo dejar de lado los bellísimos álbumes (Warner Classics) Antonín Dvořák, Complete Symphonies – Legends – Slavonic Dances (2015), con Serebrier dirigiendo a la Bournemouth Symphony Orchestra, una música que capta el encanto, la magia de los paisajes, las gentes, el folklore de Bohemia y que emociona hondamente al oyente; y Glazunov - Complete Symphonies & Concertos, al frente de la Royal Scottish National Orchestra y de la Orquesta Nacional de Rusia, en una precisa y ajustada conducción del director uruguayo que parece haber nacido para este estilo musical.

Corriendo el riesgo de que mientras escribo esta reseña surjan aún más, porque Serebrier es un laborador incansable, algunas de sus más recientes placas son Gershwin Reimagined (DECCA), José Serebrier y Gershwin (SOMM), disco oficial del Centenario de Gershwin que se cumplió el 26 de septiembre de 1998; y el espectacular DVD Serebrier Live in Beijing (Video Arts International), todo un disfrute con la National Symphony Orchestra of Ireland (RTE) y obras de Xiaogang Ye, Giuseppe Verdi, Alexander Glazunov, Johann Sebastian Bach, Manuel de Falla y Georges Bizet, con miles de espectadores asistentes, mayoritariamente jóvenes, muy interesados en esta música, Su próximo disco compacto contiene obras propias, incluido su nuevo Concierto para piano y orquesta Variaciones sinfónicas sobre B A C H (BIS), las denominaciones en alemán de las notas B (si bemol), A (la), C (do) y H (si), compuesto en 2017 y que será lanzado en 2019. Muchos compositores lo han usado como tema de cuatro notas, incluso el mismo Johann Sebastian Bach, aclara Serebrier.

Más allá de los numerosos galardones que recibió en Estados Unidos como compositor por las fundaciones Guggenheim (en dos oportunidades) y Rockefeller, así como del National Endowment for the Arts, de la Harvard Musical Association, el Alice Ditson Award de la Universidad de Columbia, el Koussevitzky Foundation Award y el del Broadcast Music Incorporated (BMI), entre otros, Serebrier, Ciudadano Ilustre de Montevideo (2016) fue acreedor de premios discográficos de Francia (Grand Prix du Disque), y de Inglaterra (Music Retailers Association).

En Alemania conquistó el Deutsche Schallplattenpreis con el impresionantes album (3 CD) Shostakóvich Film Music (Warner Classics), conduciendo a la Belgian Radio Symphony Orchestra & Chorus (RTBF) y el organista Karol Golebiowky, con algunas de las (34) suites para bandas sonoras de películas soviéticas: Hamlet, Rey Lear, La caída de Berlín, Montañas de oro, Michurin; Cinco días, cinco noches; El tábano y Pirogov.

Para el Latin Grammy Award de este año resultó también nominado uno de sus dos más noveles discos compactos (SOMM Recordings): Serebrier conducts Granados, con la orquesta de cuerdas Concerto Málaga, con obras de Enric Granados, Francisco Tárrega, Eduard Toldrà, Joaquim Malats, Ruperto Chapí, Enric Morera, Jesús de Monasterio, Isaac Albéniz y Ricard Lamote de Grignon. ¡Qué exquisitez y elegancia en la ejecución!!! El otro CD (también de SOMM Recordings), Carole Farley sings Grieg Songs, con la London Philharmonic Orchestra y la Philharmonia Orchestra dirigidas por Serebrier, es asimismo una joya en la difusión de algunas de las canciones menos conocidas del noruego Edvard Grieg (Solveigs Cradle Song/Peer Gynt, Fiddlers, A Swan, entre un total de 23 surcos, cantadas en idioma original por la soprano estadounidense Carole Farley (principal de la Metropolitan Opera de Nueva York).

Con 19 años Serebrier hizo su debut como director en Estados Unidos con la National Symphony Orchestra de Washington ejecutando la antes mencionada Sinfonía número 2 (Partita), Ya lleva más de seis largas décadas, se dice pronto, dirigiendo a las más importantes orquestas del orbe. Con la Orquesta Nacional de Rusia realizó además varias giras internacionales (Sudamérica y China incluidas), y grabó excelentes discos (Warner Classics) con obras de Dmitri Shostakóvich, Alexander Glazunov, Serguéi Rajmáninov y Modest Mussorgski.

Con el Maestro Serebrier nos conocimos personalmente en 2007 en Berlín, cuando dirigió a la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) en el Festival Young Euro Classic de la capital alemana. Allí y en los ensayos previos pude observar cómo motiva a sus músicos, y la puntillosidad y entrega con que acostumbra a preparar sus conciertos. El de entonces incluía, entre otras, Mahleriana Angelus Novus, de Tomás Marco, Cuadros de una Exposición (Mussorgsky/Stokowski) y su propia Sinfonía número 3 (Mística). Tendrían que haber visto nuestros lectores el entusiasmo, la dedicación, la disciplina y la concentración con las que aquel centenar de jóvenes de todas las regiones de España seguía sus directivas hasta la perfección. El concierto finalmente fue ¡memorable!

De lo que no estoy muy seguro es de que Serebrier haga un alto en el camino este 3 de diciembre, porque su agenda está muy sobrecargada y el cumpleaños ya lo celebró antes en su casa de Nueva York junto con su esposa (la soprano Carole Farley, quien cumple asimismo por estas fechas), la hija de ambos, y muchos amigos. De todas formas, desde estas páginas: ¡enhorabuena Maestro, muchas felicidades, larga larga vida y muchos más éxitos en su carrera!

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