Chequia

Festival Janáček Brno (2): Vuelve la Katia Kabanová de Robert Carsen

Robert Ferrer Llueca

lunes, 3 de diciembre de 2018
Brno, lunes, 19 de noviembre de 2018. Teatro Janáček. Leoš Janáček: Káťa Kabanová (Katia Kabanová), ópera en tres actos. Libreto de Leoš Janáček a partir del drama La tormenta de Aleksandr Nikoláyevich Ostrovski, traducción de Vincenc Červinka. Estreno: Brno, 23 de noviembre de 1921. Producción de la Ópera de Flandes. Dirección escénica: Robert Carsen. Escenografía y Vestuario: Patrick Kinmonth. Coreografía: Philippe Giraudeau. Iluminación: Robert Carsen, Peter van Praet. Pavla Vykopalová (Káťa), Magnus Vigilius (Boris Grigorjevič), Gianluca Zampieri (Tichon Ivanyč Kabanov), Lenka Čermáková (Varvara), Jiří Sulženko (Savël Prokofjevic Dikoj), Eva Urbanová (Kabanicha), Jaroslav Březina (Váňa Kudrjáš), Igor Loškár (Kuligin), Jitka Klečanská (Glaša), Jitka Zerhauová (Fekluša), Hana Procházková (Žena z lidu). Coro y Orquesta del Teatro Nacional de Brno. Director del coro: Pavel Koňárek. Dirección musical: Ondrej Olos.
Carsen: Katia Kabanová © Marek Olbrzymek, 2018

El drama psicológico al que asistimos en Katia Kabanová es de una brillantez pocas veces superada en una obra compuesta a inicios del siglo XX, ya en plena etapa de madurez del compositor. Janáček es autor tanto de una fascinante música como del libreto, basado en La tormenta de Ostrovski. Es la historia de una mujer atormentada por su infidelidad, presionada socialmente y en especial por su suegra Kabanicha. La tormenta interior de una mujer que solamente podrá encontrar la paz en el suicidio arrojándose al río Volga, símbolo que se halla también presente musicalmente en la ópera y que algunos directores de escena como el canadiense Robert Carsen consiguen trasladar a la escena de manera excepcional. 

Para esta producción de Carsen, el escenario del Teatro Janáček de Brno se convirtió en una gran piscina llena de agua en la que un ballet, compuesto por veintiocho bellas rusalkas vestidas de blanco, fue encargado de conformar de manera progresiva la escenografía de la ópera aprovechando las fantásticos interludios orquestales de Leoš Janáček. Los movimientos escénicos están cuidados al detalle, nada es banal y notamos un gran respeto y apasionamiento por los pentagramas janáčekianos. El estreno en Brno de esta célebre producción de Carsen tuvo lugar hace dos años como apertura del mismo festival y, de nuevo, se presentó este año como parte de la integral de las nueve óperas del compositor. La producción, que desde su estreno en la Ópera de Flandes en 2004 pudo verse en más de veinte escenarios de todo el mundo -recordemos que el Teatro Real de Madrid la puso también en escena en 2008, con una brillante Karita Mattila en el papel principal y bajo la dirección del experto director checo Jiří Bělohlávek, afortunadamente publicada después en DVD-, fascinó completamente a un público brunense acostumbrado a propuestas escénicas mucho menos interesantes.

Nada que ver con la producción de la English National Opera, dirigida escénicamente por David Alden, que recientemente pudimos ver en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona [leer reseña en Mundoclasico]. Este título janáčekiano volvió al Liceu después de dieciséis años: la última producción de esta ópera representada allí en 2002 procedía del festival de Salzburgo, y situaba la acción en un moderno barrio de vecinos de Brno. Una propuesta escénica quizás discutible, pero muy bien resuelta y dinamizada dramáticamente por Christoph Marthaler que, al menos, no nos dejó completamente indiferentes y sorprendidos por la austeridad escenográfica de Charles Edwards y la poca creatividad escénica firmada por Alden. Obsesionados ambos por el concepto de totalitarismo soviético como contexto para esta historia desarrollada en la localidad rusa de Kalinov en 1860, a nuestro juicio esta producción consigue destruir toda la intensidad dramática de una de las partituras más destacadas de Janáček, poco comprendida también desde la dirección musical. Y es que Josep Pons, uno de los maestros españoles más importantes en la actualidad, realiza una lectura demasiado romántica, poco idiomática y totalmente fuera de lugar según la tradición interpretativa janáčekiana. Janáček es visceral y apasionado a la vez, por lo que básicamente no deberían desvirtuarse los pasajes más líricos con largas pausas y ritardandos añadidos, pues se pierden completamente la continuidad dramática y los inesperados contrastes musicales tan característicos en esta partitura. No obstante, una orquesta a nivel internacional con un sonido impactante y un elenco vocal bastante cuidado, encabezado por la excelente voz de Patricia Racette, consiguen salvar esta producción. 

Volviendo a la presente representación de Katia Kabanová en Brno, entre los solistas la gran triunfadora de la velada fue la soprano Pavla Vykopalová interpretando el papel principal de la atormentada Katia. Con su nítido timbre vocal, brilló especialmente en los pasajes más líricos de la obra como son el inicio del segundo acto o el monólogo final antes de lanzarse al Volga, en los que mostró un control absoluto del legato y un fiatto increíble para los pianissimi. No obstante, en general el rol de Katia Kabanová requiere de una voz mucho más dramática, con graves bien definidos y timbrados para conseguir totalmente la expresión del tormento anímico de la protagonista. Vykopalová, si bien cantó estos exigentes pentagramas de manera excelente, no pudo llegar al dramatismo visceral que exige la ópera. 

Entre los demás cantantes hay que destacar también las intervenciones de la pareja formada por Jaroslav Březina (Váňa Kudrjáš) y Lenka Čermáková (Varvara), quienes realizaron una interpretación muy fresca y realmente atractiva tanto vocal como escénicamente. La interpretación de Kabanicha por Eva Urbanová fue correcta, aunque se hubiera esperado una recreación más exacerbada en todos los sentidos por esta cantante que tuvo su época gloriosa sobre todo a finales de los noventa e inicios del siglo XXI. 

En cuanto a la orquesta, si bien el aura de Janáček se dejó notar en todo momento en el foso como viene siendo habitual en este coliseo moravo, el joven director Ondrej Olos no llegó a plasmar toda la magia existente en una de las partituras operísticas más bellas y apasionantes del siglo XX. 

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