Italia

La exquisita feminidad donizettiana de la Fille du régiment

Fernando Peregrín Gutiérrez

martes, 4 de diciembre de 2018
Bolonia, miércoles, 14 de noviembre de 2018. Teatro Comunale de Bolonia. La fille du régiment, ópera de Gaetano Donizetti. Dirección escénica: Emilio Sagi, realizada por Valentina Brunetti. Escenografía y vestuario de Stefania Scaraggi, según diseños de Julio Galán. Elenco. Hasmik Torosyan, Marie. Maxim Mironov, Tonio. Daniela Mazucato, Duchesse de Crakentorp. Federico Longhi, Sulpice. Nicolò Ceriani, Hortensius. Tommaso Caramia, Caporal. Cosimo Gregucci, Campesino. Cristina Giardini, Maestra de música. Orquesta y coro del Teatro Comunale de Bolonia. Dirección musical, Yves Abel. Aforo completo.
Hasmik Torosian como “Marie” © 2018 by Hasmik Torosian

La puesta en escena de La fille du régiment actualmente en el repertorio del Teatro Comunale de Bolonia data de principios de abril del año 2004 y lleva la firma de Emilio Sagi. Se trata de un clásico de este regista que se ha visto, además de en el citado Comunale, en más de una docena de escenarios de la lírica. Concretamente en España se ha podido conocer en Oviedo, Córdoba, La Coruña y Bilbao. Se trata de un montaje notable -aunque Emilio Sagi ha hecho dos o tres producciones de más altura- desde todo punto de vista, pero sobre todo desde el de la dirección de actores. La producción de Emilio Sagi es alegre, entretenida y vistosa, con momentos de chispa de buena ley; respeta y resalta con certeza las convenciones de la opéra-comique. En ese sentido, destaca el cuidado puesto por el director de escena en los diálogos que son más que simples desarrollos de la trama entre escenas cantadas y se integran en un todo teatral muy propio del tono jocoso del género. Sagi sitúa la acción hacia el año 1940, lo que se puede entender como un guiño al espíritu de la llamada popularmente en aquellos días drôle de guerre.

En el libreto de la ópera, el primer acto se desarrolla al aire libre, en un escenario campestre del Tirol. Empero Sagi y su escenógrafo lo sitúan en el interior de una cantina, con sillas y una mesa en la que se sube y desde donde canta “Marie” su amor y orgullo por su regimiento (Chacun le sait) Es una alteración escénica que encaja bien con el argumento y la acción de La fille, pues no en balde “Marie” es una joven vivandier (vivandera o cantinera, a la vez que una especie de mascota). Mas los movimientos de los soldados requieren más espacio y luminosidad del que dejan los decorados, máxime cuando en el fondo del local hay una escalera que dificulta el movimiento de masas y hace que se pierda la marcialidad cómica que tanto le conviene al regimiento.

Mucho mejor resuelto el segundo acto, un elegante salón en el Castillo de Berkenfield, lleno de detalles de gracia y buen gusto. Muy cuidados el vestuario y los movimientos de los figurantes, que provocaron en ocasiones las risas de los espectadores, sobre todo cuando eran anunciados por el valet con nombres rimbombantes y humorísticos. El finale fue escénicamente modélico.

Esta reposición ha estado a cargo de la ayudante de dirección de escena del Comunale Valentina Brunetti, que ha sido bastante fiel a la idea original del director escénico español pero que quizá haya pasado por alto detalles originales ocurrentes y no haya sido muy cuidadosa con el coro ni con “Tonio”, aunque quizá el intérprete de este personaje no diera más de si como actor.

Me cabe una duda tocante a la reposición de la producción original por parte de la ayudante de regia del Comunale. En una puesta en escena de la calidad y el buen gusto de ésta, me sorprendió negativamente que en dos o tres ocasiones “Marie” y sus soldados recurrieran al gesto del High Five (“choca esos cinco”), una americanada de no muy buen gusto que, aunque forme ya parte de la cultura popular de casi todo este mundo tan globalizado, resulta fuera de lugar y algo chirriante en la acertada escena dispuesta por el regista español. No recuero que estos gestos tan propios del deporte estadounidense figuraran en este montaje cuando lo conocí en La Coruña; mas puede que me falle la memoria.

Los decorados y el vestuario originales de Julio Galán han sido algo modificados para esta reposición por Stefania Scaraggi, perdiéndose un tanto de la brillantez original.

Bien sabido es que la llamada “Donizetti Reanaissance” de mediados del siglo pasado se debe en gran parte a sus heroínas, en particular las llamadas “Tres Reinas de Donizetti” (“Ana Bolena”, “María Estuardo” e “Isabel de Inglaterra”). En ese sentido, y entre las óperas de Donizetti que han vuelto con firmeza al repertorio operístico internacional, parece que La fille du régimen sea una excepción, ya que hoy en día se la considera como una “ópera de tenor”, pese a que el melodrama del belcanto del primer romanticismo del ottocento italiano se basaba principalmente en la prima donna. Qué duda cabe que tenores como el joven Luciano Pavarotti y Alfredo Kraus (éste, hasta bien pasados los sesenta años de edad), fueron fundamentales para que el fiel de la balanza de esta ópera-comique pasara de “Marie” a “Tonio”. Mas siendo como es La fille una ópera ideal para el lucimiento de un gran tenor belcantista, eso no debe restar ni un ápice a la maravillosa, variada, rica, lucida y entrañable música que Donizetti escribió para su protagonista, pues “Marie” es más un personaje del melodrama belcantista que propio de la ópera-comique. El canto de esta deliciosa heroína donizettiana requiere un gran dominio de toda la técnica y la expresividad romántica del mejor belcanto. La música que compuso Donizetti es muy rica, variada, bella y de una gran gama actoral y vocal. Es sin duda, uno de los personajes más delicadamente femeninos de este compositor, un retrato muy naturalista de una vivandière joven, pizpireta y excitante.

La armenia Hasmik Torosyan, en su debut en este personaje, cumplió sorprendente y brillantemente todos los requisitos necesarios para ser una gran “Marie”. Su voz, sin ser especialmente bella, tiene metal, riqueza de armónicos, homogeneidad y un timbre muy característico, dotado en el registro agudo de un vibrato ligeramente stretto muy atractivo y de gran expresividad. Soprano lírico-ligera de coloratura, se muestra segura y firme en las fioriture ,exacta en el ataque en el agudo y sobreagudo—aunque con alguna vacilación al atacar las notas más agudas en pianissimo—, versátil en las sfumature del canto del personaje, capaz de bellos filati, sutiles y bien proyectados, a cuya nítida sonoridad contribuyó sin duda el director Yves Abel, con un sonido orquestal nítido, envolvente, equilibrado y abierto para que la voz de la cantante, de emisión muy aérea, traspasara limpiamente el sonido de los instrumentistas del foso. También resultó muy convincente e idiomático su francés hablado, con un simpático acento chic de fille parisienne

Como actriz es de una belleza muy remarcable y fresca, y hace justicia a la concepción y dirección escénica de Emilio Sagi de “Marie”, dando como resultado una joven deliciosamente femenina que desborda una simpatía y una dulzura -sin dejar el lado temperamental y desenfadado del personaje- que conquistan al espectador. Fue sin duda la gran triunfadora de la representación y recibió al final la aprobación entusiasta de los expertos aficionados del Comunale, que la ossanaron cálida y ruidosamente, incluyendo el típico battere il piede a terra de los espectadores de los teatros de ópera de Italia.

La fille du régiment, como ha quedado dicho, parece ser para las audiencias una ópera para atletas del do de pecho, debido a la popular cavatina Ah!, mes amisPour mon âme, de “Tonio”, que como es sabido sube hasta nueve veces al Do 5. Claro que tan importante es llegar a esa nota como la forma en que se hace y se emite (además de cuidar con detalle todo el belcantismo que incluye toda el aria completa). El tenor ruso Maxim Mironov llega con cierta suficiencia a dar esos nueve Dos, pero no con voce in maschera, ni emisión aérea, sino que lo hace casi sin armónicos, y a base de golpes de gola. Y, poco más, Se trata de una voce caprina, de un tenorino de corda contraltina, bastante monótono, de pobre fraseo y muy poco expresivo. Tampoco brilló mucho en la bella y difícil romanza Pour me rapprocher de Marie, que requiere un dominio de la más depurada técnica de belcanto aún mayor que en Pour mon âme. Desde un punto de vista dramático, resultó soso y un tanto blando y con una cierta imagen plana de “buen chico”.

El resto del reparto estuvo a buen nivel, con una sobresaliente Claudia Marchi en el agradecido papel de la “Marquise de Berkenfield”. Esta mezzosoprano cantaba en su ciudad, ya que es natural de Bolonia. Tiene facilidad para las agilidades, voz con los necesarios claroscuros que colorea adecuadamente y escénicamente es una cómica de muy buena ley. Además, es joven y bella. En esa línea de estupendos comprimarios de la que ha hecho gala siempre el Comunale hay que incluir a Daniela Mazzucato como “Duchesse de Crakentorp”.

También destacó Federico Longhi como “Sulpice”, aunque ese papel requiere de un auténtico bajo cantante y no de un bajo-barítono. Empero cumplió con solvencia vocal y escénica como simpático y cordial sargento del regimiento que ha adoptado a “Marie” como hija y vivandera.

El resto de los papeles menores, la “Duchesse de Crakentorp” (Daniela Mazucato), como ya se ha dicho, una contralto, personaje de carácter, dijo muy bien sus escasas y breves frases. Del resto, cumplieron con solvencia “Hortensius” (Nicolo Cernani), el “cabo” (Tommaso Caramia) y el “campesino” (Cosimo Gregucci), así como el “notario” y la “maestra de música” (Cristina Giardini). En esta estupenda contribución de los comprimarios se notó la buena y cuidada dirección de actores de Emilio Sagi. Excelentes los conjuntos (dúos, tríos y concertantes, sobre todo en el final del primer acto y en el aria y coro del acto segundo C'en est donc fait, con destacada intervención de Hasmik Torosyan, con brillo, intensidad, muy timbrados y bellísimos agudos,). El coro, algo reducido, cantó siempre con buena conjunción y sonido suficiente. Se puede objetar, no obstante, que predominan los barítonos y escasean los bajos del necesario color oscuro, que dan consistencia y carácter marcial a los soldados del regimiento. En muchos momentos, la dicción del francés no fue articulada ni convincente.

Este espléndido resultado de los conjuntos y coro debe atribuirse al maestro concertatore y direttore d’orchestra, el ya mencionado Yves Abel, que se mostró como un experto del mejor estilo donizettiano, con un sonido de una italianitá muy natural y fresca. Los tempos fueron en general vivos y tuvo una amplia paleta de colores y acentos orquestales correspondientes a las características de cada aria y conjunto, con chispa y melancolía, según los casos, bien dosificadas y claramente apreciables. Mantuvo en todo momento un equilibrio casi perfecto ente orquesta y cantantes y estuvo muy atento al canto de “Marie” a la que llevó casi de la mano con autoridad y delicadeza en sus momentos más líricos y románticos. La orquesta, salvo un pequeño desajuste en la sección de vientos al inicio, tocó con gran entusiasmo, empaste y belleza de sonido.

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