Discos

Veni, vidi, convici

Raúl González Arévalo

viernes, 11 de enero de 2019
Giulio Cesare, A Baroque Heroe. Raffaele Pe, contratenor. Raffaella Lupinaci, mezzosoprano. La Lira di Orfeo. Luca Giardini, concertino. Arias de George Frideric Handel (“Va, tacito e nascosto”, “Son nata a lagrimar” y “Al lampo dell’armi” de Giulio Cesare in Egitto; “Scherza infida” de Ariodante), Francesco Bianchi (“Saprò d’ogn’alma audace” y “Rasserena i mesti rai” de La morte di Cesare), Geminiano Giacomelli (“Il cor che sdegnato” y “Bella tel dica amore” de Cesare in Egitto), Niccolò Piccinni (“Spargi omai ti dolce oblio” y “Tergi le belle lagrime” de Cesare in Egitto), Carlo Francesco Pollarolo (“Sdegnoso turbine” y “Non temer!” de Giulio Cesare in Egitto). Un CD (DDD) de 70 minutos de duración. Grabado en el Teatro alle Vigne de Lodi (Italia), en noviembre de 2017. GLOSSA GCD 923516. Distribuidor en España: Semele Music

La ópera barroca es una mina inagotable de auténticos tesoros. Para muestra, este nuevo lanzamiento de esa maravilla de sello que es Glossa, que ha sabido no solo sobrevivir, sino mantener intacta su seña de identidad durante la crisis del disco: grabaciones serias, con músicos y cantantes sólidos, programas muy atractivos, perfectamente pensados y justificados, que combinan la erudición musicológica con el interés dramático musical en un producto de acabado perfecto.

La Antigüedad Clásica fue una fuente constante de inspiración para los libretos de los siglos XVII y XVIII. Los grandes héroes (Hércules), reyes (Mitridate) y emperadores (Alejandro Magno) comparecieron de forma recurrente. Por encima de todos destacó uno: Julio César, entre la lucha con Pompeo y los amores con Cleopatra VII. Pero mientras que la reina de Egipto ha sido objeto de monográficos de primer orden, interesantísimos por compositores e intérpretes -antológica Natalie Dessay centrada en Handel (Virgin Classics 2011); igualmente fascinantes Isabel Bayrakdarian en torno a Graun, Hasse, Handel y Mattheson (CBC 2004), y más recientemente Regula Mühlemann con Graun, Handel, Hasse, Legrenzi, Scarlatti, Vivaldi, Mattheson y Sartorio (Sony 2017)- el tirano romano no había sido objeto, hasta donde sé, de un tratamiento discográfico similar. De ahí el primer punto de interés de este recital.

La selección musical se ha realizado a partir de una investigación de tres años, y la selección finalmente ha recaído en Handel -inevitable-, pero frente a los citados Graun, Hasse, Mattheson, Legrenzi, Scarlatti, Vivaldi y Satorio, el espectro de compositores se ha ampliado a Pollarolo (1713), Giacomelli (1735/6), Piccinni (1770) y Bianchi (1788), de modo que, además de evocar la figura de otros grandes castrados en su época tan famosos como Senesino (Salimbeni, Cusanino, Sciroletto y Gasparo Pacchiarotti), se realiza un recorrido musical por todo el siglo XVIII, cubriendo los afectos propios del barroco, en un viaje fascinante que culmina en el Clasicismo. Una propuesta no solo exigente en términos de canto, con todo el legato y las agilidades esperadas y esperables, sino también con una sutil variedad estilística. Con una incipiente discografía cada vez más importante, toda para el sello Glossa, no cabe duda de que este Giulio Cesare. A Baroque Heroe es el mayor reto y la mejor carta de presentación internacional para Raffaele Pe. 

Italia nunca se ha distinguido por sus contratenores. Hasta ahora. Filippo Mineccia se ha asentado con fuerza desde hace unos años. Y Pe está siguiendo su estela. Desde la primera pista, la famosa “Va tacito e nascosto”, exhibe una buena línea de canto, homogeneidad de registros y calidad de emisión, con un sonido redondo que solo en el extremo agudo suena ocasionalmente abierto. Además, el intérprete se muestra atrevido y fantasioso con una versión más variada de lo habitual, aunque siempre en estilo y con mucho gusto. 

El contraste no puede ser mayor con la segunda propuesta, “Saprò d’ogn’alma audace” de Bianchi, aria que Pe aborda con gracilidad, reforzando y diminuendo el sonido de forma sutil, aunque lo más sorprendente probablemente sea que, estilísticamente, su retrato de César presenta grandes paralelismos con el Sesto mozartiano, al igual que ocurre en la segunda aria, “Rasserena i mesti rai”, ambas de La morte di Cesare (1788). 

Giacomelli es un compositor que merece sin duda más atención. Conocido fundamentalmente por el aria “Quel ussignolo” de su Merope para Farinelli, muchas de las piezas de esa ópera integraron cerca de la mitad de las que componen el pastiche L’Oracolo in Messenia pergeñado por Vivaldi -ejemplarmente grabado por Flavio Biondi para Virgin-. “Il cor sdegnato” y “Bella tel dica amore” son nuevas muestras de su arte, composiciones que combinan simplicidad y capacidad melódica a partes iguales, a la par que ofrecen indudables oportunidades de lucimiento para el intérprete. Las agilidades di grazia comparecen también con las arias de Piccinni, capaz de idear largas frases de coloratura en “Tergi le belle lagrime”, pero también de demandar la simplicidad más absoluta y el legato más inmaculado en el precioso largo “Spargi omai ti dolce oblio”. La agilidad brilla de nuevo con el desconocido Pollarolo (“Sdegnoso turbine”) como con el conocido Handel (“Al lampo dell’armi”). En todas las ocasiones Raffaele Pe se confirma como un intérprete sensible, atento a diferenciar musicalmente cada aria, capaz de variar los colores. Apenas señalaría que podría apurar un acento incluso más incisivo, con mayor mordiente dramático, en momentos puntuales. 

El contratenor abandona momentáneamente la senda cesárea para encarnar al joven Sesto en el dúo “Son nata a lagrimar”, con Raffaella Lupinacci como perfecta Cornelia. Las voces de ambos se funden, empastadas, en un entendimiento dramático absoluto. Como bonus, “Scherza infida” de Ariodante, que no se justifica en el programa, pero que sin duda constituye un extra de lo que es capaz de ofrecer el intérprete en un aria extremadamente exigente, que aborda en una lectura particularmente lenta, y por tanto arriesgada, en la que sin embargo no hay caídas de tensión y sí mucho virtuosismo en el sostenimiento de la línea vocal. 

La Lira de Orfeo es un perfecto compañero de viaje, con una interpretación sensible, refinada, de gran belleza sonora, indispensable siempre en estas piezas. En definitiva, un gran disco que amplía el panorama de compositores y óperas barrocas, pero también de los contratenores capaces de abordarlo, sin riesgo a echar de menos una voz de mezzo. 

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