Argentina

Hasta el año próximo, Maestro Noam Zur

José Mario Carrer

jueves, 13 de diciembre de 2018
Salta, jueves, 6 de diciembre de 2018. Teatro Provincial. Claude Debussy (1862-1918): Preludios para piano orquestados por el maestro Noam Zur (estreno latinomericano) y Danza sacra y Danza profana para arpa y orquesta de cuerdas (estreno en Salta). Maurice Ravel (1875-1937): La valse. Solista: Ana Carolina Varvará. Orquesta Sinfónica de Salta. Director titular Maestro Noam Zur.
Noam Zur © Constanze Kohls

Si bien la Orquesta Sinfónica de Salta aún se presentará en dos ocasiones: el 13 de diciembre en el ciclo La cultura no duerme y el 22 del mismo mes en el tradicional Concierto de Navidad bajo las batutas de la maestra Yeny Delgado y el maestro Jorge Lhez respectivamente, el actual titular del organismo había programado junto a las autoridades del ámbito cultural cerrar su trabajo anual con el concierto de esta noche dedicado a la música francesa. La presencia del Sr. Cónsul de Francia, Philippe Garcin, y del Sr. Cónsul de Alemania, Dr. Hans Werner Gräf, de su sucesora, Sra. Svea Leucke, y del Embajador de Alemania para Argentina, Sr. Jürgen Cristian Mertens, jerarquizaron la soirée que tuvo un aforo del 80%. Con evidente emotividad, el maestro Zur recordó a su maestro de composición profesor Noam Sheriff y al ex manager general de la Camerata Jerusalem, Bentzi Shira, desaparecidos en estos tiempos. 

Claude Debussy fue el compositor típico del impresionismo cuya característica principal fue, haciendo un parangón con el arte pictórico, el olvido de los contornos para mostrar la belleza de los sonidos indefinidos que surgieron en él de modo espontáneo cuando joven estudiante, sentía horror por las técnicas tradicionales de la época y centraba su atención en combinaciones tímbricas que ponían al color musical en el plano trascendente de lo importante. Sus profesores aferrados a las vías tradicionales sugerían rechazo a este modo de componer la música que finalmente lo llevó a la fama, hasta que comprendieron que justamente ese lenguaje era una nueva belleza sonora. En ese marco y casi a sus cincuenta años de edad escribió su primer libro de Preludios para piano que el maestro Zur, con gran habilidad conceptual, orquestó para que la expresión se convirtiera en una muestra del poder sinfónico. Destaco el profundo respeto por la intención pianística del autor sin dejar de lado que el resultado final mediante la expresión sinfónica no solo revela sus innegables condiciones en el manejo instrumental sino que le agrega al original un atractivo adicional que en este estreno latinoamericano tuvo gran acogida. 

Del mismo compositor una página anterior a la escritura de los preludios. Me refiero a su Danza Sacra en la primera parte y Danza Profana en la segunda, para arpa y orquesta de cuerdas. La solista, que a su vez es la arpista titular de la orquesta local, mostró su elevada técnica en un instrumento ciertamente difícil pero gracias al cromatismo del arpa moderna, Ana Carolina Varvará exhibió la elegancia y dulzura del instrumento al que Debussy recurre para lucir precisamente las características de su estilo compositivo. La caja sonora, su casi medio centenar de cuerdas y las posibilidades de variaciones tonales en sus siete pedales fueron los medios para una brillante ejecución que se encuadra en el, a veces, complejo mundo del arte musical.

¿Quién duda que el vals es la música que proviene románticamente de los Alpes austriacos y que justamente en Viena es donde el género consigue transformarse en lenguaje universal? Nadie por supuesto, pero hubo otros compositores que sobre ese elegante ritmo de 3 x 4 y líneas melódicas altamente emotivas, también compusieron valses sencillamente inolvidables. Maurice Ravel desarrolló un estilo francés distintivo que lo alejó del conservadurismo romántico de su época. Exótico, sobrio, altamente refinado, su obra se destaca por su exquisitez basada en el detalle. Melodías de alta calidad enmarcadas por una avasallante música expresiva. La valse concebida para el empresario de los Ballets Diaghilev es una bella invocación al vals vienés que conmueve al oyente. Es curiosa su estructura pues está escrita luego de la Primera Guerra Mundial y aparece como la imprescindible respuesta de su espíritu tan opuesto a la bestialidad de la guerra. La interpretación captó perfectamente la fantástica imaginación de su música. 

El maestro Zur terminó su primer año del concurso ganado en el 2017. Es un artista que en mi modesta visión ha enriquecido a la Orquesta Sinfónica de Salta con su técnica conductiva, su detallismo, su vitalidad, un repertorio poco frecuente en nuestra región, más la búsqueda permanente en ofrecer de la mejor manera posible, el mensaje de los compositores integrantes del aludido repertorio. Abrió el año con la Sinfonía nº 5 de Mahler y anticipó que el 2019 comenzará con la Sexta del mismo compositor, dejando para el 2020 su Séptima sinfonía. Un modo más de mostrar un hilo conceptual en su proyecto musical. De allí el título esperanzador de esta crítica.  

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