Bajo la alfombra de Enrique Granados

53] Una distopía política sobre Enrique Granados

Xoán M. Carreira

viernes, 14 de diciembre de 2018
Enrique Granados © Libre de derechos

Hace diez años se celebró en Madrid el Seminario Internacional Complutense Música y Cultura en la Edad de Plata, 1915-1939. En el cincuentenario de Adolfo Salazar, del cual se derivó un volumen homónimo* que compila treinta y ocho artículos redactados a partir de las intervenciones en dicho Seminario. La primera sección, "Cuestiones estéticas e ideológicas", incluye un artículo de Walter Clark que plantea algunas cuestiones que considero que no pueden ser obviadas en Bajo la alfombra de Enrique Granados dada su relevancia biográfica, estética e ideológica, que el propio Clark enfatiza al preguntarse en qué bando de la Guerra Civil Española de 1936 se hubiesen situado Albéniz y Granados*, en el caso de no haber muerto muchos años antes, y argumentar que:

Académicamente, creo que tenemos información suficiente para tratar sus opiniones políticas y especular acerca de cómo habrían reaccionado ante la Guerra Civil Española. Pero, ¿es necesario? ¿Será una pregunta apropiada aún? No puedo entender como podríamos ignorar la pregunta. Después de todo, Albéniz y Granados son las dos caras de la moneda del nacionalismo español en música. De hecho, ambos definieron el tono de la música española moderna,  un tono imitado, conscientemente o no, por Falla, Turina, Moreno Torroba, Rodrigo, y muchos otros que siguieron sus huellas con mucho respeto. Y estos compositores sí experimentaron la Guerra Civil y reaccionaron ante ella a su manera. [...] En este ensayo deseo explicar las tendencias políticas de ambos compositores tal y como yo las comprendo tras el examen de fuentes primarias y el análisis de obras escogidas en relación con el contexto y las circunstancias culturales e históricas en que se originaron*.

La pregunta de Clark es, como mínimo, desconcertante en la pluma de un historiador. Equivale, por ejemplo, a preguntarse cual sería la posición política de Alfred de Musset (1802-1857) tras la Guerra Franco-Alemana de 1870 o la de Anton Bruckner (1824-1896) durante la Primera Guerra Mundial. Es obvio que ni la sabemos ni la podemos saber por la más sencilla de las razones: cuando se produjeron esos espantosos conflictos bélicos, Musset y Bruckner habían fallecido bastantes años antes, exactamente como sucede en el caso de Granados. Nunca podremos saber que opinarían Musset, Bruckner o Granados después de su fallecimiento porque los muertos carecen de opiniones y esta es una cuestión sobre la cual existe una unanimidad científica total, tanto desde las perpectivas científicas, como desde las sociales y humanísticas: las opiniones de los muertos son competencia exclusiva del espiritismo, una creencia supersticiosa ajena a cualquier método histórico académicamente aceptado.

Cualquier afirmación que no puede probarse, todas las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarmos o excitar nuestro sentido de maravilla. Por lo tanto, la pregunta de Clark ni es ni puede ser "necesaria" ni "apropiada", su pregunta es sencillamente disparatada desde el punto de vista epistemológico e ideológicamente resulta inútil. Exactamente igual que interrogarse acerca del sexo de los ángeles o la termodinámica del infierno. Lo cual no obsta para que Clark, en su condición de historiador y profesor de la Universidad de California, Riverside, escriba en una publicación académica:

En todo caso, resulta tentador establecer los trazos de una tendencia básica en la cual Albéniz habría precedido a los republicanos en la Guerra Civil, mientras que Granados se hubiera aliado con las fuerzas de la monarquía y la iglesia*.

Según nos enseñó David Hume todas las proposiciones extraordinarias exigen argumentos extraordinarios, de modo que pasemos a analizar los argumentos propuestos por Clark.

La etnicidad de Granados era castellana, no catalana ni vasca. Sus padres eran cubanos, pero sus antepasados procedían de Santander. El nombre de Granados [...] es puramente castellano, y puede hallarse entre los nombres de los caballeros medievales que lucharon por Alfonso X el Sabio en la Reconquista. Su padre no era ningún burócrata liberal del gobierno sino un oficial militar que sirvió en Cuba, donde nació, y donde el mismo Granados fue concebido. El hermano de Granados fue también un militar que resultó herido luchando contra los carlistas en Cataluña y perdió la vida como resultado de un combate en Filipinas. Hay elementos relevantes en sus antecedentes porque, como dijo su padre, él inculcó a sus hijos lealtad hacia el rey y la corona, Dios y la patria*.

En este párrafo no existe ningún argumento, sólo hay proposiciones y todas ellas son objetivamente falsas. 1) No existe una etnicidad castellana o catalana, como no existe una etnicidad californiana o neoyorquina. 2) Al menos desde el siglo XVIII todas las generaciones de Granados nacieron en Cuba, Enrique fue el primero en nacer en la península ibérica. 3) La existencia de un apellido nobiliario en la Edad Media no prueba que una persona actual con ese apellido sea descendiente de esos nobles y, desde luego, de dicha concordancia de apellidos no puede derivarse conclusión alguna sobre las concordancias o discrepancias en los sistemas de creencias entre ambas personas que vivieron con ocho siglos de distancia. 4) No existe ninguna ideología ni sistema de creencia adscritas a la profesión de burócrata o de militar (lo cual no obsta para que ambos estén obligados, en el ejercicio de su profesión, a ser leales a su país y a las leyes vigentes sin renuncia a sus propias ideas personales). 5) Calixto Granados Campiña, hermano de Enrique, no falleció en combate sino a consecuencia de una hepatitis. Por otra parte, nada sabemos sobre las ideas políticas, religiosas o sociales del padre y hermano de Enrique Granados, por lo tanto es imposible deducir nada al respecto. 

[Granados] era un hombre piadoso y de una moralidad inquebrantable, hasta el punto de que en una ocasión llegó a asegurar a su esposa que sus oraciones en la iglesia habían sido la causa probable de la recuperación de uno de sus niños que estaba enfermo. A diferencia de Albéniz, una visita a una iglesia bien podía inspirar su fe*.

La piedad religiosa y la moralidad son dos cosas totalmente distintas e independientes. Se puede ser piadoso y corrupto al igual que se puede ser descreído y corrupto. Por otra parte, tener un firme sentido moral es independiente de que se sea piadoso o descreído. Además en un artículo anterior de esta serie, Religiosidad, devoción y lenguaje común, he demostrado que no existe prueba alguna acerca de la profunda religiosidad que Clark y otros autores actuales atribuyen a Granados.

En cuanto al episodio de la curación de la niña Pilar Achón Gal "Nenín" (sobrina de Amparo Gal), es anterior al matrimonio de Amparo y Enrique y no se refiere a ninguno de sus hijos pues faltaban dos años para el nacimiento de Eduardo, el primogénito. Lo que realmente escribe Granados es: No puedes figurarte la alegría que me has dado con la noticia de que Nenín está fuera de peligro. Creo mucho en que Dios me ha oído mis ruegos la otra noche. ¡Figúrate qué casual! ¡Entrar yo en el templo en los momentos en que tal vez la Nenín estaba tan grave!” (Carta a Amparo Gal, Puigcerdà: Septiembre de 1892) Nada en este comentario nos permite deducir la curación milagrosa de una niña de dos años afectada por una enfermedad habitual a su edad.

[Granados] escribió bastante música religiosa, algo que Albéniz sólo hizo en una ocasión, esporádicamente participó en retiros religiosos y tocó en una ocasión en Monserrat*.

La única obra de música religiosa de Enrique Granados es la Salve Regina a cuatro voces con acompañamiento de órgano (Madrid: marzo de 1896), que ha sido estudiada en otra entrega de esta serie. Compuesta para participar en un concurso fue desestimada por el jurado por carecer del decoro requerido por la música religiosa católica. En segundo lugar, no existe ningún documento o testimonio referidos a la participación de Granados en retiros religiosos. 

Efectivamente Granados fue invitado por el abad del monasterio benedictino de Monserrat a dar un recital de piano el 22 de febrero de 1914, tras el cual cenó y pernoctó en el monasterio, como he documentado en otra en La hierba del amor, un extraño caso de Cecilianismoperteneciente a esta misma serie. De este hecho lo único que se puede deducir es que la comunidad montserratina apreciaba y respetaba el talento granadino, pero no aporta ninguna información sobre las creencias religiosas de Granados.

[Granados] a pesar de haber vivido casi exclusivamente en Barcelona, un semillero del separatismo catalán, permanecía bien alejado de la agenda política de Enric Morera y el Orfeó Catalá. Como el mismo dijo: "al Orfeó se le quiere dar un color político catalanista, y en eso no estoy conforme. A mi me parece que el arte no tiene nada que ver con la política."*

Las agendas políticas de Enric Morera y del Orfeó Catalá eran muy diversas, no se pueden confundir y, menos aún, unificar. Además la supuesta cita de Enrique Granados está tomada de una carta sin fecha, sin destinatario y además desaparecida, cuya más que probable falsedad he demostrado en otro artículo de esta serie. Así pues, lo único verificable de este párrafo de Clark es que Granados residió "casi exclusivamente en Barcelona", hecho que no permite inferencia alguna sobre su ideología política.

A diferencia de Albéniz, Granados no era viajero, aunque estudió en París y conocía bien Valencia. Los viajes marítimos le aterrorizaban, de forma que cuando regresó de su único viaje a Mallorca, realizado de mala gana, sugirió que debía construirse un puente entre la isla y la península. Tuvo malos presentimientos y premoniciones acerca de su viaje a Nueva York, emprendido en 1916 con el fin de estrenar Goyescas en la Metropolitan Opera, presentimientos de una muerte violenta que de hecho se hicieron realidad*.

Pero Granados era un viajero experimentado que visitó al menos EEUU, Inglaterra, Alemania y Suiza, además de viajar con mucha frecuencia a París, incluso con pocas semanas de diferencia entre dos viajes. Residió largas temporadas en Madrid y como consecuencia de sus giras de conciertos visitó bastantes ciudades españolas, entre las que destacan Valencia y Bilbao por la frecuencia de sus visitas. Y más allá de algunos testimonios de los comentarios humorísticos de Granados sobre su mala experiencia en el viaje a Mallorca, no existe evidencia alguna de que Granados padeciese talasofobia.

Los "presentimientos y premoniciones" de Granados ante su viaje a Nueva York son una construcción literaria de Clark* a partir de recuerdos anecdóticos y tardíos de amigos de Granados. Nuevamente las experiencias viajeras de Granados, al margen de su calidad y cantidad, nada tienen que ver con su ideología política ni con un conflicto bélico que se desarrolló veinte años después de su muerte.

Además de Unamuno, Azorín también fue una importante influencia sobre el pensamiento de Granados, ya que fue él quien se refirió a Castilla como "esa parte más gloriosa de España a la cual debemos nuestra alma". Los escritos de Azorín aparecieron en La Vanguardia El Diario de Barcelona, y Granados, sin duda, los leyó y asimiló*.

Granados no tuvo ninguna relación personal o esporádica ni con Unamuno ni con Azorín. Ni siquiera existe constancia de que se conociesen mutuamente ni tampoco de que Granados hubiese leído la obra de ambos o que estos hubiesen escuchado alguna vez música de Granados. Tampoco existe la menor evidencia de que Granados fuese un fiel lector de la prensa diaria ni que, en caso de serlo, prestase atención a las colaboraciones literarias. Y no se puede considerar lógico un razonamiento basado en que la publicación de un texto en un medio de gran difusión implica necesariamente que una persona específica lo ha leído y mucho menos que ese texto ha influído en su modo de pensar.

Recordemos que la pregunta única del artículo de Clark es cómo habría reaccionado Enrique Granados ante la Guerra Civil Española. Tras las exposiciones argumentales que hemos comentado, su única conclusión es:

Por eso, la visión de España de Granados tiene más que ver con el tiempo que con el espacio, con la gente que con los lugares, con los personajes más que con las regiones, y con la música histórica más que con el folklore contemporáneo*.

Una conclusión absurda por tanto, puesto que no está relacionada con la pregunta original y no se deduce de los argumentos expuestos por Clark. 

Es ciertamente preocupante la ligereza con que Walter Clark, al igual que muchos musicólogos -españoles y no sólo españoles- plantean hipótesis sin sentido, que defienden con argumentos irracionales y falaces, para al final llegar a conclusiones metafísicas que nada tienen que ver ni con la hipótesis inicial ni con los argumentos empleados. Es el tipo de discurso que hemos denominado "musicología creativa", para disgusto de quiénes están más preocupados por el nombre de la rosa que por su esencia. Es de enorme gravedad la práctica habitual en las publicaciones académicas de musicología de presentar los volúmenes sin haber procedido a la más elemental revisión editorial de los artículos publicados. Walter Clark es responsable de lo que ha escrito, pero también lo es María Nagore, en calidad de editora principal de Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939. Este volumen -financiado con fondos públicos- y respaldado por el prestigio atribuído al Instituto Complutense de Ciencias Musicales, dependiente de la Universidad Complutense de Madrid. 

Notas

1. María NAGORE, Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Elena TORRES (eds.), "Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939", Madrid: ICCMu, 2009, Colección Música Hispana: Textos. Estudios nº 14

2. Walter Aaron CLARK, 'La España de Albéniz y Granados: dos pasados, dos futuros' en "Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939", Madrid: ICCMu, 2009, p 129

3. Walter Aaron CLARK, 'La España de Albéniz y Granados: dos pasados, dos futuros' en "Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939", Madrid: ICCMu, 2009, p 130

4. Walter Aaron CLARK, 'La España de Albéniz y Granados: dos pasados, dos futuros' en "Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939", Madrid: ICCMu, 2009, p 131

5. Walter Aaron CLARK, 'La España de Albéniz y Granados: dos pasados, dos futuros' en "Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939", Madrid: ICCMu, 2009, p 134

6, 7, 8, 9, 11 y 12. Walter Aaron CLARK, 'La España de Albéniz y Granados: dos pasados, dos futuros' en "Música y cultura en la Edad de Plata 1915-1939", Madrid: ICCMu, 2009, p 135

10. Walter Aaron CLARK, Granados: Poet of Piano, New York: Oxford University Press, 2006, pp 153-154 y 164

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