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Festival Janáček Brno (8): cuestionable producción de Poznań para 'Jenůfa'

Robert Ferrer Llueca

jueves, 20 de diciembre de 2018
Brno, sábado, 1 de diciembre de 2018. Teatro Janáček. Leoš Janáček: Její pastorkyňa (Jenůfa), ópera en tres actos. Libreto de Leoš Janáček a partir del drama homónimo de Gabriela Preissová. Estreno: Brno, 21 de enero de 1904. Coproducción de la Ópera Stanisław Moniuszko de Poznań con el Théâtre Royal de la Monnaie y el Teatro Comunale di Bologna. Dirección escénica y Escenografía: Alvis Hermanis. Vestuario: Anna Watkins. Coreografía: Alla Sigalova. Iluminación: Gleb Filshtinsky. Videoproyecciones: Ineta Sipunova. Olga Maroszek (Stařenka Buryjovka), Titusz Tóbisz (Laca Klemeň), Piotr Friebe (Števa Buryja), Eliška Weissová (Kostelnička), Ilona Krzywicka (Jenůfa), Rafał Korpik (Stárek), Tomasz Mazur (Rychtář), Sylwia Złotkowska (Rychtářka), Barbara Gutaj-Monowid (Karolka), Magdalena Wilczyńska-Goś (Pastuchyňa), Natalia Puczniewska-Braun (Barena), Agnieszka Adamczak (Jano), Elwira Radzi-Pacer (Tetka), Piotr Bróździak y Romuald Piechocki (Voces). Coro y Orquesta de la Ópera Stanisław Moniuszko de Poznań. Director del coro: Mariusz Otto. Dirección musical: Gabriel Chmura.
Ilona Krzywicka © 2018 by Marek Olbrzymek

Jenůfa es quizás la ópera de Leoš Janáček más conocida a nivel internacional. Estrenada en Brno en 1904, su estreno en el Teatro Nacional de Praga no tuvo lugar hasta el año 1916, después de una larga espera debida a las reservas que el director de orquesta Karel Kovařovic mostró continuamente por la partitura. Fue la primera obra del compositor que entró plenamente en el repertorio gracias al decisivo impulso de Max Brod para que se le prestara atención en Universal Edition y se estrenara en su propia traducción al alemán en Viena en 1918. Poco a poco fue conquistando otros importantes escenarios internacionales: Zagreb (1920), Berlín y Nueva York (1924), Basel (1925), Antwerp (1927) y Helsinki (1928). A España llegó en enero de 1965, en una producción de la Compañía Nacional Checoslovaca de Brno que ofreció tres representaciones en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona (hay que recordar que en ese año el Teatro Real de Madrid estaba todavía cerrado desde 1925, y su reapertura se produjo justamente un año después, en 1966, pero solo como sala de conciertos hasta su definitiva reapertura como coliseo operístico en 1997). Ópera esencial del siglo XX, decisiva para la posterior evolución del lenguaje compositivo de Leoš Janáček, motivó por ello el título del fantástico libro El siglo de Jenůfa (Ediciones Cumbres, 2015), publicado por el ensayista, dramaturgo y narrador Santiago Martín Bermúdez, en el que su autor realiza un interesante recorrido por las óperas que cambiaron todo durante la primera mitad del siglo XX.

Para el libreto de Jenůfa, Janáček se basó de nuevo en una obra de Gabriela Preissová, al igual que para su segunda ópera, El comienzo de un romance. El drama social al que asistimos en Jenůfa se basa en las complicadas y agitadas relaciones entre sus personajes. En el primer acto, Jenůfa espera un hijo de Števa y está triste porque su amado es llamado a filas y esto va a truncar su matrimonio. Števa celebra su buena fortuna desenfadadamente junto con los demás reclutas, con mucho alcohol, cantos y danzas que motivan que la sacristana Kostelnička recuerde su infeliz y cruel vida junto a su marido, reflexionando así en torno al futuro que le espera a Jenůfa. Por su parte, Laca, hermanastro de Števa también enamorado de Jenůfa, le reprocha el falso amor que por ella siente Števa, solo basado en su extraordinaria belleza. En un ataque de celos, hiere la mejilla de Jenůfa con su cuchillo.

Durante el segundo acto, Kostelnička esconde en su casa a su protegida Jenůfa, diciendo a todo el pueblo que se fue a Viena. La situación es ahora distinta: entretanto, Jenůfa ya dió a luz y Kostelnička intenta convencer a Števa de que se case con ella. No obstante, él no puede aceptar de ninguna manera, viendo sobre todo su rostro desfigurado. Además, está ya comprometido con la hija del alcalde. Laca visita entonces a Kostelnička para pedir la mano de Jenůfa, pero se queda en estado de shock al enterarse de la existencia del niño. Es entonces cuando Kostelnička, desesperada y atormentada por la repudia social a la que Jenůfa está condenada inevitablemente, decidirá cometer el crimen: arrojará al pequeño Števuška a un río helado y convencerá a Jenůfa de su repentina muerte mientras ella se encontraba dormida y con fiebre. La destrozada Jenůfa aceptará entonces casarse con Laca.

En el tercer acto, durante las preparaciones de la boda entre Jenůfa y Laca, se descubre el cuerpo sin vida del pequeño a causa del deshielo, con gran revuelo entre el tradicional pueblo. Kostelnička confesará públicamente el crimen, pero finalmente será perdonada por Jenůfa al entender su terrible actuación como un acto de amor por ella. Jenůfa decidirá quedarse sola después de todo lo ocurrido, pero Laca le confirma su constante amor quedándose para siempre a su lado.

La producción de Jenůfa ofrecida en el festival Janáček Brno procede de Poznań. Para los actos primero y tercero, la escenografía y el vestuario inciden en lo tradicional, mientras que el segundo acto se desarrolla en una habitación moderna. Este planteamiento escénico de Alvis Hermanis resultó un poco extraño, o al menos sorprendente para un público acostumbrado a Jenůfas más convencionales, y los incesantes movimientos del ballet añadido estuvieron muchas veces poco motivados, recurrentes y fuera de lugar respecto al discurso dramático y musical. No obstante, fue interesante el juego de niveles espaciales planteado al situar en posiciones completamente distintas a los solistas, el cuerpo de ballet y el coro.

En cuanto a las voces solistas, la protagonista absoluta fue Eliška Weissová en el papel de Kostelnička, acentuando así el rol de la severa sacristana como viene siendo habitual en las producciones recientes de esta ópera. Con voz lírica, desgarrada pero controlada a la vez, destacó sobre todo por su extremo dramatismo en el segundo acto. Ilona Krzywicka, de voz bella y timbrada, cantó el papel de Jenůfa solo correctamente. Los tenores Titusz Tóbisz (Laca Klemeň) y Piotr Friebe (Števa Buryja) estuvieron a la altura de todo el elenco vocal y resistieron con solvencia dos papeles exigentes vocalmente que se suman a los de Matěj Brouček en Las excursiones del Sr. Brouček, Boris Grigorjevič en Katia Kabanová, Albert Gregor en El caso Makropulos y el Janíček del Diario de un desaparecido, entre otros, para los que en tiempos modernos es difícil encontrar cantantes que den completamente la talla. El coro sonó compacto en todas sus intervenciones, pero el gran problema estuvo en la dirección musical de Gabriel Chmura, con varios tempi extremadamente lentos y con frecuencia incómodos hasta para los solistas. En definitiva, una interpretación musical de nuevo con poca comprensión de la tradición interpretativa janáčekiana a la que no ayudó ni el estatismo de los cantantes en escena ni los exagerados y constantes movimientos del desafortunado ballet.

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