Entrevistas

En los escenarios cada vez hay más intérpretes coreanos de música clásica. Entrevista con Ji-Yeon Woo

Irene García Cañedo
jueves, 20 de diciembre de 2018
Ji-Yeon Woo © 2018 by Centro Cultural Coreano Ji-Yeon Woo © 2018 by Centro Cultural Coreano
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El Centro Cultural Coreano de Madrid celebró el pasado martes 4 de diciembre el primer concierto del Ciclo de Música Clásica Coreana 2018. La violoncellista Ji-Yeon Woo, acompañada por el pianista Graham Jackson, fue la encargada de iniciar este ciclo con un lleno absoluto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ji-Yeon Woo comenzó a tocar el violoncello a los 8 años, y fue su sonido “cálido y profundo” el que le hizo darse cuenta de que la música sería su vida a partir de entonces. El lunes 3 de diciembre, tras uno de los primeros ensayos con el pianista, concedía a MundoClásico.com unos momentos de su tiempo.

Irene García Cañedo. Empezó sus estudios en Corea, en la Escuela de Ye-Won, pero ¿qué oportunidad le llevó a estudiar precisamente en la Universidad Nacional de Hannover, en Alemania?

Ji-yeon Woo. Empecé a tocar el cello desde que era muy pequeña. Mi maestro era André Navarra, muy importante en Alemania. Él me recomendó que fuera ahí a estudiar, pero entonces, cuando lo conocí, era muy chica, tenía 13 años. Así que esperé a cumplir los 17 años y fui a Alemania con mi maestro.

Usted tomó el Konzertexamen en la Universidad de Hannover. ¿Podría hablarme un poco de esta prueba?

Yo cursaba mis estudios en Hannover, pero al encontrarme entre los que sacaban las notas más altas, la “élite” digamos, pude presentarme al Koncertexamen. En la universidad había tenido que estudiar teoría paralelamente al instrumento, pero en este proceso, el Koncertexamen, pude concentrarme únicamente en el cello. No me resultó muy difícil y disfruté mucho de ese momento.

Antes de irse a Francia a acabar sus estudios, ¿qué fue lo mejor que se llevó de ese periodo de tiempo en Alemania?

Hay muchísimos recuerdos muy buenos en Alemania, pero si tengo que escoger uno… Allí tenía un gran maestro, que se llamaba Friedrich-Jürgen Sellheim. Con él estudié muchos años y me ayudó a salir a los escenarios mundiales en muchos certámenes. El maestro había sufrido mucho de cáncer. Y un día me presenté a un examen, al que había podido ir gracias a él, y cuando volví me encontré un mensaje en el móvil. Era el mensaje de mi maestro despidiéndose de mí antes de irse. Fue un momento muy triste, pero cuando me acuerdo de Alemania, recuerdo con mucho cariño la experiencia con él.

¿Fue en ese momento cuando decidió continuar sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música de Toulouse?

Tras la pérdida de mi maestro en Alemania, tuve que salir a buscar otro maestro para mí. Aprovechando mis vacaciones, participé en varios campamentos musicales. En uno de ellos, aquí en España, conocí a un maestro español, Lluís Claret. Tras tomar una clase de una hora con él ya supe que había algo bueno, que era mi maestro. Ahí nació mi lazo con España, y me fui con él a Toulouse, donde impartía clases.

¿Qué fue lo que le hizo conectar de esa manera con Lluís Claret?

La clase, muy interactiva. Siempre que yo hacía algo, el respondía de alguna manera. Esa interacción de llegó al corazón. Sentía que sí, que él era mi maestro. Además, imagínate, tras la pérdida, había buscado y participado en otros campamentos y clases, con diferentes maestros. Pero con él había una conexión emocional y, musicalmente, era la dirección que yo quería tomar.

¿Qué es lo mejor que tiene estudiar fuera del país de origen?

La música clásica tiene el contexto cultural occidental. A esa edad (17 años) me pareció lógico ir a estudiar a Alemania. De allí vienen grandes compositores de la música clásica, y me pareció que en occidente la música clásica es parte de la vida diaria, no es algo que vas a buscar a un concierto o lugar específico. Es una parte de la vida y de la historia. También, me parece que hay una cultura que respeta mucho a los artistas de música clásica.

De todos los concursos en los que ha participado por Europa, ¿cuál ha supuesto un mayor reto para usted?

El Concurso de Violoncello Gaspar Cassadó, aquí en España.

Durante esa ocasión, ¿tuvo tiempo de empaparse de la cultura musical española?

Esa edición en concreto fue en Zaragoza. Como te comentaba antes, mi primer encuentro con mi maestro español, Lluís Claret, fue aquí en España, aunque luego empezase a estudiar con él en Toulouse. Él me ha contado mucho de España, y el pianista oficial de aquella ocasión era español también. Siempre he interactuado con muchos músicos españoles, he venido varias veces a España y adoro la cultura española.

Usted ha tocado el violoncello por todo el mundo. ¿Cree que es igual de sencillo transmitir con la música en distintas partes del mundo?

He tocado varias veces en Alemania, y allí se nota que el público en su mayoría es más viejo, pero vienen porque realmente quieren escuchar la música. Se nota que están disfrutando del momento y que interactúan conmigo cuando interpreto. Escuchan con la mente abierta, me siento muy cómoda. También he tocado en Toulouse, en el sur de Francia, y allí el público es más cálido, muestra más simpatía. El caso de Corea es curioso, porque el público es más joven. Tengo muchos amigos músicos que también quieren ir a Corea para conocer a ese público joven y ese fanatismo hacia la música clásica.

En el concierto tocará la Suite no1 en sol mayor de Bach, una obra que los estudiantes de violoncello empiezan a estudiar en los primeros años del Grado Profesional del Conservatorio. Técnicamente, es alcanzable por los estudiantes, y al mismo tiempo, la siguen interpretando grandes profesionales del instrumento en sus recitales. ¿Dónde cree que reside la versatilidad de la obra?

¡Qué buena pregunta! Para mí, cada vez que lo interpreto, se vuelve más difícil. Entonces me hace investigar más. Bach era un compositor muy intelectual. La pieza parece muy sencilla pero la composición en sí no es nada sencilla, es más compleja. Para el público, es cómoda, fácil de escuchar. Pero para un músico más maduro, incluso para grandes músicos, es muy difícil tocarla. De hecho, la obra de Bach es como la Biblia del violoncello.

¿Cómo empezó su aventura como profesora?

Siempre he pensado que mi misión de la vida era interpretar las canciones que me gustan ante el público e interactuar con él. Pero a lo largo de mi carrera he aprendido y absorbido muchas cosas y lo quería transmitir a los futuros intérpretes. Entonces, hago las dos cosas, y me pone contenta.

¿Cree que hay tantas mujeres como hombres tocando el violoncello a un nivel profesional en su entorno?

Es curioso porque en Corea, en número absoluto, hay más mujeres. Pero en mi entorno, en Europa, hay muchos hombres. Además, ya sabrás que, dentro de los grandes intérpretes, la mayoría son hombres. El caso del cello es diferente en Corea, pero, por ejemplo, hay muchos más hombres pianistas. Mi referente es Jacqueline Du Pre.

¿Cree que es importante que se acerque a los músicos coreanos al público español, en ciclos como este?

Estoy realmente agradecida al Centro Cultural Coreano por haber organizado este ciclo de música clásica de Corea, porque sí, como te había comentado, la música clásica viene del entorno occidental. Sin embargo, estos días, verás que en los escenarios de música clásica hay muchísimos intérpretes coreanos que están atrayendo al público y ganando premios. Mismamente, hace poco, en Jaén, hubo un concurso que lo ganó un coreano. Sin embargo, en España aún no había habido ciclos de este tipo, donde se mostrasen a varios intérpretes contemporáneos. Estoy muy agradecida de que me hayan elegido.

¿Cómo ha sido la experiencia de tocar con el pianista Graham Jackson? Él también tiene una larga trayectoria internacional y dentro del país, en el panorama madrileño.

El color musical que tiene es muy parecido al mío, es maravillosa la energía que hemos creado entre los dos.  

¿Qué tiene planeado para después de este ciclo musical?

Tengo que volver a Corea para seguir dando clases en la Universidad Kook-Min en Seúl, pero el año que viene tengo planeado ir a Rusia para un concierto en la Academia Chaicovski. Seguramente me veréis en los escenarios europeos.

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