Italia

Suenan por primera vez las últimas vísperas de Antonio Vivaldi

Lars Hvass Pujol

miércoles, 2 de enero de 2019
Mantua, jueves, 22 de noviembre de 2018. Basílica de Santa Bárbara. Antonio Vivaldi, L’ultimo Vespro (1739). Solistas: Anna Simboli, Rui Hoshina, Elena Bertuzzi y Maria Clara Maiztegui, sopranos. Maria Chiara Gallo, mezzosoprano. Elena Biscuola y Gabriella Martellacci, contraltos. Alessio Tosi, tenor. Mauro Borgioni, bajo. Coro da camera Ricercare Ensemble y orquesta Accademia degli Invaghiti. Federico Maria Sardelli, dirección musical. Associazione Musicale Ricercari Ensemble
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Cuando en el 1562, Guglielmo Gonzaga empezó la construcción de la Basílica Palatina de Santa Bárbara en Mantua, el duque quería con toda seguridad dotar a su ciudad con una iglesia que pudiera ser escenario para sus solemnes celebraciones litúrgicas. Y siendo él gran apasionado y entendedor de música, quiso que Santa Bárbara fuera el lugar donde sus músicos pudieran dar rienda suelta a todo su arte en el campo de la música sacra. Por eso, aparte de diseñar la basílica siguiendo perfectos diseños arquitectónicos según la escuela de Giulio Romano, de situarla en el interior de su palacio (centro cultural de primer nivel en toda Italia como recuerdan los maravillosos frescos de Andrea Mantegna) y de adornarla con preciosas telas y cuadros de Lorenzo Costa el joven, ya en 1565 pagó al gran constructor de órganos Graziadio Antegnati para que le construyera un órgano que aún hoy está reputado entre los mejores instrumentos italianos de su siglo. Y es en este maravilloso ambiente que la asociación musical Ricercare Ensemble ha decidido presentar el concierto de reconstrucción de lo que se consideran las últimas vísperas del gran músico Antonio Vivaldi. 

Fue el musicólogo Michael Talbot quien sugirió en un ensayo de 2004 la posible reconstrucción de las vísperas de 1739. De ese año se conserva el recibo del pago que el Conservatorio della Pietà hizo a Vivaldi por la composición de seis salmos con sus antífonas y motetes. El orfanatorio femenino de la Pietà tenía la característica de educar musicalmente a las jóvenes, y tal era el grado de perfeccionamiento que adquirían en ese arte que eran famosas en toda Europa por sus conciertos y liturgias en el interior del conservatorio. Vivaldi se ocupaba de enseñar violín y de organizar la música instrumental, pero no fue nunca el Maestro del coro, cargo que hubiera permitido a Vivaldi la composición de toda la música sagrada que la Pietà requería. Sin embargo la reputación del compositor hizo que la institución encargara a Vivaldi en muchas ocasiones música nueva que sería luego interpretada por las niñas del conservatorio. De estos encargos, el del 1739 parece ser el último, y de hecho poco tiempo después Vivaldi fue a Viena a buscar la protección del emperador Carlos VI que desgraciadamente fallecerá apenas llegado Vivaldi, el cual morirá por una infección intestinal pobre y sin trabajo en el 1741.

Los cinco salmos individualizados por Talbot como pertenecientes a las Vísperas del 1739 son un Confitebor (el RV 789, que se conserva muy incompleto), un Beatus vir (RV 795), un In exitu Israel (604), un Nisi Dominus (RV 803) y un Lauda Jerusalem (609), a los que se suma el Magnificat (RV 611). Es esta la bellísima música que ha sonado pues en Mantua (con la sustitución del primer salmo incompleto por el RV 596), y que el director y gran estudioso e intérprete vivaldiano Federico Maria Sardelli ha propuesto al público de la XXXIV edición del festival de música Cori a Palazzo, Le Meraviglie Cantate. Nueva música y novedosa musicología, interpretada sin embargo con la cualidad a la que Sardelli nos tiene acostumbrados: un gran ritmo y vivacidad caracterizan sus ejecuciones, y esta música vive precisamente gracias a esta energía.

Energía necesaria para sostener las ricas y ornamentadas melodías que ponen a prueba a los cantantes más expertos de este repertorio, en estas vísperas sobre todo mujeres, ya que Vivaldi tenía a las virtuosas de la Pietà como solistas para interpretar su música; y de hecho el Beatus Vir, por ejemplo, prevé un soprano y tres contraltos solistas, que interpretan arias de gran agilidad vocal intercaladas con partes corales. Los solistas, todos de gran experiencia y nivel en este repertorio, han sido Anna Simboli, Rui Hoshima, Elena Bertuzzi y Maria Clara Maiztegui como sopranos, Maria Chiara Gallo, Elena Biscuola y Gabriella Martellacci como contraltos; y el tenor Alessio Tosi y el bajo Mauro Borgioni, que han cantado en el Confitebor sustitutivo.

Muy apreciados por sonoridad y expresividad el Coro da Camera Ricerca Ensemble y la orquesta barroca Accademia degli Invaghiti. De gran interés la utilización querido por Vivaldi en el Nisi Dominus de instrumentos poco usuales, pero de gran efecto en su dialogo con la voz solista, como el violín con cuerdas de resonancia llamado “in tromba marina”, la “viola d’amore” (tocada por Valerio Losito con grande maestría), o el antepasado del clarinete llamado “chalumeau” de sonido un poco nasal, pero con gran valor afectivo. 

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