Ópera y Teatro musical

Hard Justice, Sweet Charity. Un musical en la cárcel de Bronzefield

Agustín Blanco Bazán

martes, 15 de enero de 2019
Woollaston: Sweet Charity © Pimlico Opera, 2018

“Los prisioneros y el personal de la cárcel de Bronzefield y la Pimlico Opera presentan: …. ¡Sweet Charity!” La Pimlico Opera, que también se encarga del copetudo festival veraniego de la Grange Park Opera ya había incluido en el programa impreso de este último un aviso de “¡Vaya a la cárcel” para que damas y caballeros de etiqueta que mezclan ópera con picnic, se acuerden que también los presos hacen música. Y a la cárcel fui, una vez mas. Bronzefield es una prisión de mujeres que en esta ocasión ensayaron durante tres meses el musical de Cy Coleman, Neil Simon y Doroty Fields junto a artistas profesionales especialmente contratados para la ocasión. Con perceptivo sentido del humor, la Pimlico Opera evita musicales dulzones como The sound of music o My fair Lady, para ir al grano con las que se ocupan de la gente que se porta mal. Porque en la vida se trata no sólo de ser virtuoso sino también de divertirse un poco con lo contrario, y para los residentes de una cárcel (la expresión prisioneros o presos está prohibida) se trata de divertirse un poco descargándose con el psicodrama de las frustraciones que los han llevado a uno allí adentro. ¡Que placer portarse mal en escena y recibir los aplausos del público! Fiel a esta necesidad el proyecto ha incluido desde su inauguración en 1991 un adorable repertorio de malvivientes o marginados en Sweeny Todd, West Side Story, Guys and Dolls, la Ópera de los tres centavos, Assassins, Chicago, Les miserables, Carmen-the musical, Sugar, Our house, Sister Act.  

Este año Sweet Charity se benefició con la presencia de Laura Pitt-Fulford, una protagonista no sólo capaz de cantar y bailar bien sino también de transmitir la mezcla de desparpajo e inocencia de este personaje felliniano. “Cuando llegué a ensayar por primera vez me sentí algo abrumada por los controles de seguridad, pero enseguida me familiaricé como una más en un trabajo común que me hizo comprender que todos somos iguales, que todos podemos llegar a encontrarnos en una situación adversa parecida a las causas que pueden llevar a un ser humano a una prisión.“ Ciertamente. Los antecedentes de varias sentenciadas aluden a vidas similares a las nuestras antes de cometer los delitos que las llevaron a prisión. Una de ellas hasta fue policía y psicoterapeuta, otra Ministro protestante, y una tercera estudió derecho, como yo. Todas las sentenciadas, que compartieron observaciones con el público durante una sesión de preguntas y respuestas después del espectáculo, coincidieron en la gloria de bailar, cantar y actuar como parte de una rehabilitación que comienza por dentro, con la ayuda de quienes estando afuera deciden extender una mano a los que todavía no pueden volver. Y no es que pretendan engañarse sobre su situación actual. En sus testimonios incluidas en el programa de mano las reclusas aluden a un ambiente pesimista, deprimente y a veces hasta insano.  Sólo Tina confiesa que “estar en prisión es para mí como alcanzar la libertad. Libertad de todos mis malos hábitos que coleccioné durante mucho tiempo. Y aquí estoy ahora para encontrarme y reconstruirme despacito y pedazo a pedazo. ¿Quién se hubiera imaginado verme en una producción de teatro?”  “¡Si me vieran ahora!” reflexiona Emma antes de afirmar que cree en ella misma como en una buena persona, … y con un potencial ilimitado. 

Es gracias a este oscuro y complejo trasfondo penitenciario que las sentenciadas pudieron brillar con mayor convicción que el de muchas participantes de shows de rutina para turistas en el West End londinense. Por supuesto que hubo en estas artistas improvisadas altibajos de rigidez y soltura, y timidez y arrojo, pero fue precisamente a través de estos altibajos que su humanidad llegó sin remilgos a un público que incluyó a los padres, hijos, hermanos y amigos que normalmente las acompañan en visitas tan breves como compungidas. ¡Que honor para los extraños a estos dramas individuales el poder compartir con todos ellos una noche de teatro musical!  

Los testimonios incluyen referencias a la importancia del trabajo en común con los que vienen de afuera, la gloria de sudar y trabajar en algo diferente, el descubrimiento de como la voz de la consciencia se libera y expande a través del canto, y los propósitos de convertir a la experiencia en el secreto de lo que no fue pero que todavía puede ser. Rebecca por ejemplo: “Vida … amor … risas … lealdad. Soñar, creer y lograr. Siento que he tenido mucha suerte en participar en esta producción … Para mi esta oportunidad me ha enseñado muchas cosas útiles para este camino que llamo ‘vida’.“ 

La producción estuvo a cargo de la regisseur y coreógrafa Nikki Woollaston, con dirección orquestal de Alex Parker, y junto  a Laura Pitt-Fulford otros artistas profesionales como Cameron Sharp, Joshua Lay y Jordan Lee-Davies fueron a la cárcel a aprender y bailar con las residentes. 

El avance de la derecha reaccionaria en la vida política británica en los últimos años es no sólo perceptible a través de la xenofobia anti europea o con los refugiados de guerra, sino también en la actitud de victimizar a los condenados a penas de prisión como parias que deben cumplir su sentencia como castigo antes que como proceso de rehabilitación. Invertir recursos en ellos es hoy tan impopular que iniciativas como las de la Pimlico Opera parecen una subversión contra la corriente de hipocresía moral predominante. En este sentido el Reino Unido es una sociedad esencialmente distinta de las escandinavas y por ello mismo tan enferma como los Estados Unidos de América, por lo menos para los que opinamos como Sir Winston Churchill: 

“El modo y el temperamento del público en relación al tratamiento de criminales es uno de las pruebas más infalibles de civilización en cualquier país. El reconocimiento calmo y desapasionado de los derechos de los acusados frente al estado, y aún el de los condenados frente al estado, un constante análisis de consciencia a cargo de todos los encargados de administrar la pena, el deseo y el entusiasmo por la rehabilitación, el esfuerzo incansable para descubrir procesos curativos y regeneradores y la fe incólume en que hay un tesoro, si es que podemos encontrarlo, en el corazón de cada persona…. Todos estos son símbolos a través de los cuales el tratamiento del crimen y los criminales marca y mide la fortaleza almacenada por una nación, y también son signos y pruebas de la virtud que vive en ella.” 

Las residentes insistieron en que algunas guardias participaran en el aplauso final, y la despedida fue un quebranto para los que volvíamos a pasar los chequeos de seguridad luego de despedirnos con una sonrisa de esos artistas que no podrían salir a firmar autógrafos o cenar con nosotros. Ellas a sus celdas, nosotros a una vida y unas ilusiones que, salvo alguno que otro percance fatal, son iguales que las suyas. Ni mejores, ni peores.  E igualmente valiosas. 

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