Discos

Convertir lo viejo en antiguo

Alfredo López-Vivié Palencia

jueves, 24 de enero de 2019
Daroca. Sebastián Aguilera de Heredia: Tiento de Batalla de 8º tono; Pablo Bruna: Tiento de falsas de 6º tono, Pange lingua de 5º tono, Tiento de 1º tono de mano derecha, Tiento de dos tiples de 6º tono; Gabriel Menalt: Tiento de falsas de 6º tono; Joan Cabanilles: Tiento (30) de 1º tono, Corrente italiana, Pasacalles IV; Anónimo: Obra de 6º tono, Galharda de 1º tono, Alamanda, Zarabanda, Las Vacas, Un Aire alegre, Batalla de 5º tono. Albert Bolliger, órgano de la Colegiata de Santa María de los Sagrados Corporales de Daroca. Producción: Sinus-Verlag AG. Ingeniero de sonido: Viggo Mangor. Un super audio CD de 62 minutos de duración, grabado en Daroca (Zaragoza) en 2015. Sinus SIN 4008 Segovia. Bernardo de Zala: Pasos por el Do, Minué I y II, Rigodón, Minué de Clarines; Francisco Correa de Arauxo: Segundo Tiento de 1º tono; Pablo Bruna: Tiento de medio registro de bajo; Joan Cabanilles: Tiento de falsas, Tiento en tercio a modo de Italia; Fray Cristóbal de San Jerónimo: Tiento de 2º tono; Anónimo: Fabordón de 1º tono glosado, Fabordón de 5º tono llano, Tres Canciones diversas a dos Clarines, Triste Memoria, Dime por que, Minué ciegato, Canción de 3º tono, Las Folías, Suspende el rumor, En cadenas amorosas, Suspended canoras aves, Triunfe el amor. Albert Bolliger, órgano de la Epístola de la Catedral de Segovia. Producción: Sinus-Verlag AG. Ingeniero de sonido: Viggo Mangor. Un super audio CD de 64 minutos de duración, grabado en Segovia en 2018. Sinus SIN 4009

Basta echar un vistazo al impresionante catálogo discográfico del organista suizo Albert Bolliger (Zúrich, 1932) para darse cuenta de su predilección por los órganos históricos, que le ha llevado a nada menos que cuarenta grabaciones en instrumentos de toda Europa, e incluso a participar en las tareas de restauración de algunos de ellos. Los discos que se comentan corresponden a dos de sus últimos registros en sendos órganos barrocos españoles, en Daroca y en Segovia. Anteriormente, Bolliger ya había dejado una grabación en el órgano de la Iglesia de Santa María en Mahón, así como otra –igualmente de ascendencia ibérica- en el órgano de bambú de Las Piñas (Islas Filipinas).

El propio Bolliger fundó la Editorial Sinus, bajo la cual se presentan estos discos, y él es también el autor de los textos en las carpetillas. Cuya lectura se hace más que obligada, habida cuenta de que Bolliger no sólo narra la historia de ambas ciudades, sino que se extiende en los detalles de las vicisitudes sufridas por sus respectivos órganos. Así, sabemos de los primeros vestigios del órgano de la Colegiata de Daroca –que datan de 1488-, y de sus sucesivas transformaciones en 1607 y 1718 hasta su restauración a su actual estado en 2006; y otro tanto del órgano de la Epístola de la Catedral de Segovia, desde su construcción en 1702 hasta su restauración en 2012 (el órgano gemelo de éste, el del Evangelio, se encuentra actualmente en proceso de restauración). No está de más recordar que ambas intervenciones se confiaron a los organeros franceses Frédéric y Yann Desmottes, y que el presupuesto superó ampliamente el medio millón de euros en cada caso.

De especial utilidad resulta el cuadro de la disposición de ambos instrumentos, que Bolliger también incluye en las notas, con la relación de sus respectivos registros para una y otra mano (que en el caso de Daroca se encuentran a su vez divididos entre el teclado del órgano principal y el del órgano secundario, también llamado “de cadereta”) expresada naturalmente en su denominación original: flautado, dulzaina, clarín, trompeta real y magna, nasardos, llenos, octava, címbalas, y así hasta más de dos docenas –incluyendo los del pedal-, sin olvidar los “efectos especiales”: timbales, campanita, pajaritos, o el eco. Y, por supuesto, las notas consignan específicamente qué registros son empleados en cada una de las obras interpretadas.

Seguramente porque Bolliger da por sentado el conocimiento al respecto, en las notas no se habla de la afinación de los instrumentos, por lo que tal vez convenga apuntar que se trata de órganos “sin temperar” (es decir, la progresión armónica de las doce quintas hasta completar la escala cromática se sucede a su vez con distorsiones progresivas). Y así debe ser siguiendo un estricto criterio histórico, habida cuenta de que hasta los tiempos de Johann Sebastian Bach este pequeño problema de las leyes de la física no fue corregido (o tal vez habría que decir con más propiedad que no fue disimulado). De manera que si en algún momento de la escucha de estos discos suena alguna “dureza” el oyente no debe extrañarse.

También con buen criterio Bolliger se ha ceñido al repertorio español de la época, que comprende algunos de los grandes autores de entonces como Joan Cabanilles (organista de la Catedral de Valencia desde 1665), Francisco Correa de Arauxo, Pablo Bruna (organista en Daroca a partir de 1631) o Sebastián Aguilera de Heredia, además de una amplia recopilación de obras anónimas debida a la ingente tarea de Antonio Martín y Coll (asimismo organista del Monasterio de San Francisco el Grande de Madrid a partir de 1707). Lamentablemente en ninguna de las dos grabaciones se tocan piezas de Antonio de Cabezón (Bolliger dejó alguna muestra de su obra en el mencionado registro menorquín).

Y a partir de aquí sólo queda disfrutar del esplendor del órgano barroco español en manos de alguien que sabe transmitirlo con sabiduría y con mimo: desde los muy diversos Tientos (algunos “de falsas”, esto es, con disonancias escritas a propósito), en los que sólo echo de menos algo de flexibilidad en los tiempos invariables que emplea Bolliger (al fin y al cabo, un “tiento” es eso, una tentativa con cierta dosis de improvisación), hasta las florecientes y luminosas Batallas. La determinación de los registros a emplear en cada pieza siempre queda a voluntad del organista, y en este sentido diría que Bolliger ha elegido juiciosamente (tanto en las piezas cuyo título predetermina su carácter como en las que no sucede así), de modo que se pueden escuchar muchas de las posibilidades de ambos instrumentos. Añádase una toma de sonido de calidad sobresaliente que se percibe no sólo en su justa transparencia y en su más justa reverberación, sino también en su sentido espacial cuando, por ejemplo, suenan los tubos dispuestos “en artillería”.           

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