Artes visuales y exposiciones

Kino der Moderne, el cine alemán de los '20

Juan Carlos Tellechea
lunes, 21 de enero de 2019
Kino der Moderne © 2018 by Sandstein Verlag Kino der Moderne © 2018 by Sandstein Verlag
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El clásico cine alemán de la década de 1920, el de la República de Weimar (1918 - 1933), es objeto desde el 14 de diciembre de 2018 al 24 de marzo de 2019 de una desbordante exposición titulada Kino der Moderne (Cine de la modernidad) en el prestigioso Bundeskunsthalle de Bonn [Centro de Arte y Exposiciones de Alemania], en cooperación con la Deutsche Kinemathek de Berlín [Cinemateca Alemana ]. El catálogo de la muestra, de casi 200 páginas, es de la editorial Sandstein de Dresde.

El cine de comienzos del siglo XX fue no solo un nuevo medio de expresión artística y un terreno de experimentación con innumerables posibilidades, sino un espejo de la sociedad de su época. Todo lo que pasaba entonces, tras la Primera Guerra Mundial, aparece en sus filmes: desde la miseria de los trabajadores, pasando por las sombrías casas de inquilinato, los nuevos medios de transporte y el entusiasmo por todo tipo de actividades físicas, hasta el esplendor de la vida nocturna como nos lo muestra el celebrado realizador Tom Tykwer (Wuppertal, 1965) en Babylon Berlin, una nueva serie que difunde en estos meses con enorme éxito la televisión alemana sobre los años locos de la capital de Alemania.

La interesante y exhaustiva exhibición, instalada en varias salas de la Bundeskunsthalle convertidas en sets cinematográficos, explora dos aspectos del celuloide, tanto el de la manifestación artística como el de su utilización con objetivos histórico-documentales. El director del Centro de Arte y Exposiciones de Alemania, el neerlandés Rein Wolfs, y la comisaria de la exhibición Kristina Jaspers, de la Cinemateca Alemana presentaron en rueda de prensa el inmenso bagaje de material traído desde Berlín.

Han sido reunidas aquí tomas fotográficas de escenas de filmes, fragmentos de esas cintas, carteles, diseños y maquetas de escenografías, entre ellas, la de Metropolis, de Fritz Lang, la película más cara de la historia hasta entonces en Alemania y que causara las primeras pérdidas financieras de los legendarios estudios UFA (Universum Film AG).

Además, llaman poderosamente la atención las escenas callejeras: una mujer pidiendo limosna vestida con un raído abrigo de paño (tomada de la Ópera de tres centavos, de Bertolt Brecht), un trabajador con las manos en los bolsillos, un industrial con mirada severa, característicos representantes de los tiempos de la República de Weimar, fueron captados con su cámara por el fotógrafo August Sander. En una de las imágenes, tomada por el objetivo de Georg Pahl, vemos al inventor William H. Richards tomando su desayuno con un robot en un café berlinés y explicando que el audaz artefacto se comporta tal como un ser humano, camina, se sienta, come y bebe, según la leyenda al pie de foto.

Metropolis, considerada por muchos cineastas como la madre de todos los filmes de ciencia ficción tal como los conocemos hoy, mereció en 2010 una amplia exposición especial en el Museo del Filme y la Televisión de Berlín titulada The Complete Metropolis (catálogo de la editorial Belleville Verlag de Múnich), después de que el filme (desaparecido desde hacía 81 años) pudiera ser reconstruido por completo gracias a una copia del original encontrada en 2008 en el Museo del Cine de Buenos Aires (Argentina). Dicha copia contenía un fragmento clave de 18 minutos de duración que hacía más comprensible el largometraje. La reconstrucción fue realizada por la Fundación Friedrich-Wilmelm-Murnau, dueña de los derechos del histórico filme, que fue reestrenado íntegramente el 12 de febrero de 2010 en el 60º Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale).

No caben dudas de que el cine cambió a la sociedad. En tres salas integradas en la exposición se proyectan películas sobre la estética cinematográfica, la nueva educación visual del público, el papel de los diversos géneros en la sociedad, e incluso manuscritos y grabaciones sonoras sobre aspectos teóricos, como las primeras críticas de obras maestras, verbigracia de El acorazado Potemkin (1925), de Serguéi Eisenstein. Desde muy temprano ya, comenzaron a influir teóricos del Séptimo Arte, como Siegfried Kracauer, Walter Benjamin y Béla Balázs con profundo sentido analítico, en el desarrollo de criterios para reflexionar sobre las nuevas manifestaciones de la pantalla grande. La biblioteca de cine de Walter Benjamin fue reconstruida por primera vez para esta exhibición.

También la pintura, las artes gráficas, la moda, el diseño en general y el de interiores en particular, la arquitectura (la exposición se realiza asimismo en cooperación con la conmemoracion del Centenario del movimiento arquitectónico y de diseño Bauhaus, fundado en 1919 por el arquitecto Walter Gropius en Weimar), la música, la literatura y los avances de la ciencia de aquellos tiempos (entre ellos el psicoanálisis de Sigmund Freud, y la Teoría de la relatividad de Albert Einstein) están representados en la muestra con diversos testimonios.

Los primerísimos planos de las películas parece que permitieran acceder al alma de los personajes. La primera conflagración bélica (1914 – 1918) creó un nuevo cuadro clínico, la neurósis de guerra. Ernst Simmel, colega de Sigmund Freud, desarrolló durante el conflicto mundial una terapia de corto plazo que combinaba métodos psicoanalíticos con hipnosis. Varios filmes mudos abordaron el tema de los traumatismos provocados por la guerra: Nerven (Nervios) de 1919, de Robert Reinert; Das Cabinet des Dr. Caligari (El gabinete del Dr. Caligari), de 1920 (expresionista), de Robert Wiene; y también Zuflucht (Refugio), de 1928, de Carl Froelich.

Entre las más interesantes piezas expuestas figura un coche de carreras Mercedes (modelo Monza) de 1924, de 2 litros, ocho cilindros, diseñado por Ferdinand Porsche cuando era constructor jefe de Mercedes Benz, y utilizado en el filme de suspense M (1931) de Fritz Lang (títulos en español: en España M, el vampiro de Düsseldorf; en México M, el maldito; y en Argentina M, el vampiro negro) con el mítico Peter Lorre en el papel principal.

Poco después, se cuenta, el renombrado productor estadounidense Irving Thalberg, de la Metro Goldwyn Mayer, reuniría a todo su personal en los estudios de Hollywood para mostrarles una nueva película policíaca. Era nada menos que M. Al término de la proyección Thalberg se puso de pie y exhortó eufórico a la plantilla: ¿por qué no podéis hacer una cinta tan innovadora y con tanto suspenso como esta de Fritz Lang? Es solo una anécdota, pero sirve para ilustrar el florecimiento del cine alemán en la época de la República de Weimar, tanto desde el punto de vista artístico como estilístico, y que competía con el de Estados Unidos.

¡Atención! ¡Amor! ¡Peligro de muerte! (Achtung! Liebe! Lebensgefahr!) del arquitecto cinematográfico Ernö Metzner, que en su versión sonora se llamó más tarde Rivales en récord mundial (Rivalen im Weltrekord) fue el primer filme de argumento sobre carreras automovilísticas, rodado en el circuito berlinés de Avus y en Nürburgring. La Bundesjugendorchester[Orquesta Juvenil de la República Federal de Alemania] ofrece un concierto el 12 de enero con temas de bandas sonoras de diversas películas.

Sin embargo, la exposición no es un batiburrillo de reliquias históricas, sino que guía al visitante estrictamente a través de temas que marcaron los años de Weimar y que también fueron visibles en sus filmes: desde el fascinante ritmo veloz de la metrópolis en cintas experimentales y documentales como Die Sinfonie der Großstadt (Berlín, la sinfonía de la gran ciudad), de 1927, de Walther Ruttmann, pasando por los esparcimientos cotidianos como las excursiones al berlinés lago de Wannsee en el filme mudo Menschen am Sonntag (La gente en domingo), de 1930, de Robert Siodmak y Edgar G. Ulmer (guión de Billie Wilder y Siodmak, cámara de Eugen Schüfftan y Fred Zinnemann), hasta la situación de los trabajadores en obras de agitación como el proletario Kuhle Wampe oder: Wem gehört die Welt? (Barriga fría o: ¿A quién pertenece el mundo?) de 1932, de Slatan Dudow (guión de Bertolt Brecht, Ernst Ottwalt y Dudow, música de Hanns Eisler). La excelente calidad museística de la exposición permite al visitante visionar los fragmentos de filmes seleccionados para cada tema, sin necesidad de buscar en el maremágnum de cintas a disposición.

Los diseños arquitectónicos de Hans Poelzig y Erich Mendelsohn dieron vida a los nuevos cinematógrafos de la época. Antes aún, entre 1912 y 1913 fue construida la Marmorhaus, del arquitecto Hugo Pál, uno de aquellos palaciegos edificios de cinco pisos con fachada expresionista de mármol, inaugurado para el estreno el 9 de mayo de 1913 de la película Das goldene Bett (La cama dorada), del realizador Walter Schmidthässler. Este monumento arquitectónico de comienzos del siglo XX se erige aún hoy sobre el mundano bulevar de Kurfürstendamm, a la altura del número 236, pero ya no alberga una sala de cine, sino una tienda (Zara) de moda para jóvenes.

El influjo de artistas plásticos como George Grosz o Fernand Léger sirve de inspiración también a estas producciones, y se elogian los experimentos de los vanguardistas como Laszlo Mohol-Nagy, Robert Wiene y Walther Ruttmann. Los dibujos de Heinrich Zille, Käthe Kollwitz, Hans Richter y Ella Bergmann-Michel, así como los collages de Hannah Höch, UMBO y Hermann Bayer subrayan el interés de los artistas visuales en el nuevo medio cinematográfico. Las fotografías de Hans Casparius, Yva, Lotte Jacobi, Martin Munkácsi, August Sander y Sasha Stone representan una nueva estética visual, desde el reportaje hasta el retrato, que también dió forma al cine y que difundió considerablemente la imagen de la mujer moderna.

Una de las sorpresas de la muestra es el temprano tratamiento que hizo el cine del tema de la homofobia y la discriminación de los homosexuales a comienzos de la década de 1920, más allá de los denominados papeles en pantalones que presentaban los cambios de sexo de forma lúdica y humorística. En aquel período de transición el cine sonoro desplazó al cine artístico. Actrices como Elisabeth Bergner o Marlene Dietrich (en El ángel azul, 1930, de Josef von Sternberg, basada en El profesor Unrat de Heinrich Mann) comienzan a vestir pantalones y frack.

Muy bien preservada dentro de una vitrina vemos una malla roja de baño tejida en lana y forrada en seda que perteneció a Marlene Dietrich. El Museo del Filme de Berlín atesora en sus fondos todo el vestuario de la Dietrich (legado por ella a su ciudad natal), así como el de numerosos otros artistas cinematográficos alemanes. La famosa actriz tenía dos muñecos, uno representando a un africano y otro a un chino, que utilizaba como amuletos de la suerte y que aparecen en varias de sus cintas, hábito que hoy no superaría ningún serio examen de corrección política.

En aquellos años locos, y pese a la grave crisis económica, se pensaba a lo grande. Para la película Asphalt (Asfalto), de 1929, de Joe May, se construyó una escenografía de 6.000 metros cuadrados para reproducir el agitado cruce de calles en la céntrica plaza Potsdamer Platz. Para filmar escenas en las montañas, se montaban directamente cámaras sobre los esquíes (entonces de madera), un recurso que aún hoy compite con los de los más modernos filmes de acción y los efectos especiales creados por computadora.

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