Entrevistas

Petrenko: en España se trabaja para vivir y no se vive para trabajar y esto da siempre mejores resultados

Agustín Blanco Bazán

lunes, 28 de enero de 2019
Vasily Petrenko © 2018 by Oslo-Filharmonien

Vasily Eduardovich Petrenko es uno de esos rusos que nació en “Leningrado” (1976), y creció musicalmente en “San Petersburgo” sin tener que moverse de ciudad. A fines de este enero, Petrenko dirigirá su Filarmónica de Oslo en conciertos en el Palau de Barcelona (29.1), el Auditorio Nacional de Música de Madrid (30/31.1) y el Palacio de Congresos de Zaragoza (1.2). En diciembre fue anunciado que después de quince años al frente de la Filarmónica de Liverpool, se inaugurará en el 2021 como director artístico de la Royal Philharmonic londinense. Su gira con la Filarmónica de Oslo marca los festejos del centenario de esta gran orquesta escandinava, que tuve la oportunidad de reseñar en su sede para los lectores de Mundoclasico.com el pasado diciembre [leer reseña]. Fue en esta oportunidad que pude conversar con él sobre su carrera y las obras a incluir durante los conciertos en España. 

Petrenko exuda jovialidad, extroversión y un humor irónico y no exento de una ferocidad que salió a flor de piel durante su charla al público que dio enseguida de nuestra entrevista sobre las obras que dirigiría ese día. Al notar que en Las campanas de Rachmaninov el tenor representa al niño que canta con sus sonajeros, comentó que “después de todo, cualquier tenor es una especie de niño”, y su sardónica explicación de la Quinta de Prokoviev documentada en mi crítica para Mundo Clásico fue un dechado de risueño histrionismo teatral en perfecto inglés. También habla castellano, un idioma que no puede dejar de usar cuando evoca al Concurso Internacional de directores de orquesta de Cadaqués que ganó en el 2002: “El premio incluye una suma de dinero, pero lo mas importante es la posibilidad de entrenarse con esa cantidad de conciertos garantizados y con diferentes orquestas. Se trata de una experiencia única que equivale a años de entrenamiento en una carrera común.”

¿Y como es su relación con las orquestas españolas? 

Pues como debe ser, muy fructífera y diferente de las orquestas de otros países. En general, hay mas tiempo para ensayos en comparación, por ejemplo con la orquesta de Liverpool, donde frecuentemente uno tiene poco más de dos días antes de un concierto. Este tipo de rutina está presionado a veces por las circunstancias económicas. Allí hay que tocar muchos conciertos, atraer la mayor cantidad de público posible para cubrir las deficiencias de un presupuesto magro.

Mi sugerencia de que las orquestas españolas, también afectadas por problemas económicos desconocidos en el Norte continental europeo, requieren mayor cantidad de ensayos para lograr resultados técnicamente satisfactorios es refutada con vehemencia:

Mire, yo no veo mi misión como entrenador empeñado en mejorar orquestas, sino como un medio para que cada una de ellas llegue, a su manera, al mejor de los resultados. Es así que con cualquier orquesta yo trabajo sobre como llegar a cada obra lo mejor posible. Es cierto que las orquestas españolas pueden estar formadas por instrumentistas con un nivel diferente del de otras orquestas en Alemania, Inglaterra o Escandinavia, pero ocurre que muchas veces son más amistosas en su colaboración con el director, y emocionalmente más vitales. Y por lo menos conmigo, trabajan duro, muy duro y con una mezcla única de pasión y disciplina. A veces hay que dar instrucciones pedagógicas sobre cómo utilizar los arcos o articular acordes especialmente en algunos tiempos rápidos que tiendo a imponer y pueden crean dificultades adicionales para algunos instrumentistas. Pero es obvio para mí que ellos no solo trabajan para ganar dinero sino fundamentalmente con una convicción que les da su genuina vocación y amor por la música. No crea que ésto ocurre frecuentemente con orquestas con fama de ser técnicamente perfectas. Finalmente, en España se trabaja para vivir y no se vive para trabajar y ésto da siempre mejores resultados. También quiero destacar el hecho que España produce instrumentistas destacados que uno vuelve a encontrar en muchas orquestas europeas.

¿Y que ocurre con la Orquesta Filarmónica de Oslo?

Pues que es una orquesta totalmente diferente a las españolas. Maris Jansons, que la dirigió durante tantos años, reafirmó esas características de fuerza en las cuerdas, variedad cromática peculiar en los instrumentos de viento, etc. Y sí, tal vez la tersura de sonido y una sensibilidad profunda y distanciada refleja una cierta idiosincrasia ‘noruega’, pero tenga en cuenta que, como ocurre ahora en todos lados, esta es una orquesta con músicos de veintisiete nacionalidades diferentes. Y tiene un público entusiasta e interesado. Durante el verano hicimos un concierto al aire libre que aglomeró a…¡cincuenta mil personas! En esta ciudad pequeña daba la sensación de que toda ella se había convocado alrededor de este acontecimiento.

Un gran logro, comento, sobre todo teniendo en cuenta que muchas veces es difícil atraer a gente joven a un concierto de música clásica. ¿Cómo fomentar esta atracción?

En Liverpool, por ejemplo, tenemos conciertos que duran una hora, junto a charlas, talleres de trabajo, etc., para los que quieran participar en ellos. Pero, finalmente, ¿qué es eso de atraer gente joven? Ciertamente, hay mucha gente joven cuya principal afición es escuchar música clásica. Pero también hay que tener en cuenta que cuando se es muy joven hay muchas cosas más excitantes para hacer que ir a un concierto de música clásica. Hay salidas nocturnas inevitablemente más atractivas. Y después tenemos esos matrimonios que les gustaría asistir regularmente a conciertos, pero que tienen problemas para encontrar la niñera adecuada para vigilar a sus hijos. La población que acude a los conciertos es predominantemente mayor de cincuenta porque es recién entonces que se puede gozar de más tiempo libre para apreciar más de lleno la música clásica. Ciertamente, es importante elaborar estrategias para atraer gente joven, pero no hay que forzar demasiado esta situación.

De cualquier manera, Petrenko cree ver en la juventud rusa una atracción particularmente intensa hacia la música clásica:

En Moscú, por ejemplo, la vida sinfónica es particularmente intensa con cinco salas grandes que muchas veces presentan cada una de ellas un concierto el mismo día. En los últimos años hay un notable renacimiento de la vida cultural porque se invierte mucho en dinero. Los conciertos de abono están en todos lados casi totalmente suscriptos y, por ejemplo, Shostakovich tiene gran popularidad entre una juventud que comprende y se entusiasma ante su lenguaje musical.

¿También se entusiasman con Rimsky-Korsakov, cuya Scheherazade ocupa un lugar prominente en los conciertos en España?

¡También! Rimsky es un compositor allí muy popular por sus óperas, que son más difíciles de comprender en Occidente, porque…¡ocurre que es muy ruso! De cualquier manera, sus orquestaciones son siempre las mejores, y en Rusia se entiende mejor la recepción del orientalismo en su música, con esa utilización de percusión y entonación de líneas. No hay que olvidar que fue marino y visitó muchos países orientales. Sheherazade es en este sentido una obra cumbre que habla del mar, la guerra y el amor, alrededor de esa gran mujer que a lo largo de mil y una noches se ingenia para conquistar a quien planea asesinarla después de una sola noche con ella.” Una mujer muy inteligente, sugiero. “También debe haber tenido otras cualidades” me contrapuntea el entrevistado con mirada de reojo y una sonrisa maliciosa. Y enseguida vuelvo a caer en las trampas de su humor cuando me refiero a la necesidad de no azucarar demasiado la ejecución de esta obra: “¡Ah! ¡Por supuesto que no! Bien sé que el azúcar no es bueno para el organismo. Claro que un poquito de azúcar a veces ayuda a colorear más vivamente. Scheherezade es algo parecido a las buenas pinturas. Hay que darle el color necesario y diferenciar texturas sin exagerar. Pero también requiere fuerza y urgencia. En mi caso, la interpreto los cuatro movimientos como uno sólo y dirijo siempre en attacca para alimentar el constante dramatismo de la narrativa. Todo ello no excluye un toque de melancolía hacia el final: el sultán libera a la cuentista de una condena cruel, pero, para ella, aquellas mil y una noches de relatos y premoniciones bajo una pena de muerte en suspenso fue tal vez el mejor momento de su vida.

¿Y cómo ve este ruso al compositor germano que también ocupará un lugar tan preferencial en sus programas para España?

Con la orquesta de Liverpool he insistido mucho en Brahms y los conciertos para piano los he interpretado muchas veces con Simon Trpceki, un gran pianista. Son conciertos donde el diálogo entre el solista y la orquesta es único por el sinfonismo de la masa orquestal, y el contraste con la asertividad del instrumento solista. Brahms es hermético, pero que sabe transmitir un estilo único en su idiosincrasia y perceptible ya a partir de los primeros segundos de cualquiera de sus obras.

Entusiasma particularmente a Petrenko su trabajo al frente de la Orquesta Juvenil de la Unión Europea: "Es un conjunto cambiante por la edad pero que a pesar del cambio ha logrado una identidad y sentido de propósito único. Es un ejemplo de cómo trabajar juntos para mejorar a Europa.” A propósito de ello, la orquesta se congregó el 11 de noviembre pasado para conmemorar los cien años del fin de la guerra que destruyó el continente con un concierto en el Arco de Triunfo parisino frente a una disparatada agrupación de líderes políticos. Como llovía, hubo que utilizar paraguas para proteger los instrumentos. Petrenko: “yo ayudé a distribuir los paraguas. Fue mi pequeña contribución al acto.”

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