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Concierto final del Concurso Tenor Viñas

Jorge Binaghi

martes, 29 de enero de 2019
Barcelona, domingo, 27 de enero de 2019. Gran Teatre del Liceu. Concierto de los premiados en el Concurso Internacional de Canto Tenor Viñas. Orquesta sinfónica del Liceu. Dirección: Santiago Serrate. Pianista acompañante: Anna Creixells.
Concurso Tenor Viñas 2019 © Gran Teatro del Liceu

Vaya por delante que escribo esto a la vuelta del concierto y por lo tanto aún en el día internacional de la memoria (no es bueno olvidar los campos de concentración nazis cuando algunos intentan larvadamente imitarlos hoy en día) y, en lo musical estricto, otro aniversario más del nacimiento de Mozart y la muerte de Verdi (dos compositores que venero) y que tuvieron algunos representantes dignos de su arte.

El director de la orquesta del Teatro fue esta vez también alguien nuevo. No hay mucho más tiempo en la preparación que para una buena lectura, pero la orquesta sonó adecuada, los tiempos correctos, y aunque habría que haber ajustado un poco la dinámica a las voces resultó claro que el problema estaba más en el volumen o la proyección de algunas de ellas. A lo mejor las notas finales de La sonnambula fueron más propias de una banda, pero no afectaron a la voz. Entendí aún menos que el año pasado que un aria de Mitridate de Mozart fuera resuelta con acompañamiento al piano (muy bien Creixells, que también se lució en las otras pruebas. Fueron varios los pianistas, pero sólo encuentro los nombre de Sandor Szabolcs y Rodrigo de Vera, muy competentes también, aunque el último a veces parecía menos experimentado que sus compañeros. Pero hubo coreanos, una rusa y no sé si me olvido de alguien más cuyos nombres no encuentro); sobre todo cuando el mismo intérprete cantó un Haendel con orquesta.

Hay que decir también que el público se mostró más respetuoso con los artistas que en la prueba final, donde no tenía problema en entrar y salir, hablar, hacer ruido, equivocarse de asiento, etc. Pero también en esta oportunidad hubo móviles que sonaron y sobre todo alguna persona mayor que necesitó marcharse -con todos sus derechos, si no lo hubiera hecho vociferando y haciendo sonar un molesto pitido que acompañaba a su manipulación de la silla de ruedas- justo cuando la soprano Aigul Khismatullina entonaba la segunda aria de la Reina de la Noche.

Cantaron los seis premiados más los premios extraordinarios de oratorio y lied y al mejor cantante español. Ocho en total.

La primera parte empezó bien con Jacob Scharfman que cantó un aria del Paulus de Mendelssohn (y fue de los pocos que presentó un fragmento que no se le había oído antes) aunque la voz se vio redimensionada por el acompañamiento orquestal, pero se oyó con claridad y cantó con buen gusto y afinación segura

Juan de Dios Mateos insistió con La fille du régiment en vez de con Rossini, y estuvo tan correcto como modesto en sus resultados, no sólo porque la voz pareció aún más pequeña sino además con sonoridades nasales.

El mejor momento fue el de Siman Chung, sexto premio, que cantó bien ‘Son reo’ de Mitridate y, con orquesta, repitió su excelente versión de ‘Dove sei, amato bene?’ de Rodelinda. Aunque la voz tiene una proyección excelente también se mostró con un volumen más típico de su cuerda de contratenor y, especialmente en Mozart, con dos colores netamente distintos, oscuro en centro y grave, y asopranado en agudo.

El tedio volvió para quedarse con los premios quinto y cuarto, Valentyna Pluzhnikova y, sobre todo, Jaka Mihelac. La mezzo de Ucrania exhibió su bonito color, pero también su emisión angulosa, engolada y su poca proyección, repitiendo una versión correcta pero desleída de ‘Smanie implacabili’ de Così fan tutte y una más que discutible de ‘O mio Fernando’ de La favorita. El barítono esloveno repitió también una versión mediocre de la entrada de Valentin en Faust (volviendo a interpolar al final un agudo de los que no va sobrado y con color decididamente tenoril o blanco en esa zona del registro y bastante clara en el resto) y un aburrido Largo al factotum sin siquiera intentar hacer reír con recursos de extramuros como en la final y manejando a su placer los agudos.

Luego vino la interminable entrega de premios de todo tipo, que francamente podría abreviarse (al menos no hacer salir más de una vez a cada cantante con esa costumbre de acumular premios sobre las mismas personas), aunque esta vez la presentó muy competentemente Marcel Gorgori.

Y después vino la segunda parte y el nivel subió adonde podría haber estado de haber sido otros los resultados.

El tercer premio, el tenor chino Long Long (las bromas bienintencionadas que se oían era si alguna vez haría un concierto con Lang Lang o si habría una soprano Ling Ling), estuvo bien aunque su ‘Donna è mobile’, bien cantada, demostró lo difícil que es interpretarla. Mejor estuvo, sin llegar a una expresividad memorable, el aria de la flor de Carmen.

Como conjunto de excelencia vocal, buena interpretación e intención en el decir lo mejor provino, desde mi punto de vista, del segundo premio, la soprano de los EE.UU. Liv Redpath, que se llevó también el premio del público, demostrando que todavía hay lugar para un cantante refinado, exquisito, de técnica inmaculada, buena dicción y capaz de dar una deliciosa Susanna en ‘Deh vieni non tardar’ y una estupenda Amina en la escena final de La sonnambula. Es una líricoligero que va a evolucionar al lírico, pero en su caso, como en todos los de esta segunda parte, no se apreció diferencia de caudal entre las prestaciones con piano y con orquesta.

Luego se alternaron los dos primeros premios (compartidos), la soprano rusa mencionada, perfecta aunque sobre todo cantante más que intérprete, que ofreció un perfecto ‘Caro nome’ verdiano y una apabullante ‘Der hölle Rache’ de La flauta mágica.

El tenor peruano Ivan Ayon, premio también del público, lo hizo muy bien pero con dos fragmentos que no le permitieron mostrar totalmente sus virtudes. Es raro que no haya interpretado nada de Verdi, que, junto con un aria de zarzuela, fue lo que mejor hizo en las pruebas anteriores. ‘Una furtiva lagrima’ no parece su especialidad aunque estuvo muy bien cantada, pero avara de matices y medias voces. ‘Che gelida manina’, aunque mejor que en la final, no lo muestra como un gran pucciniano pese a la solidez del agudo porque el centro tiende a confundirse con la orquesta y la voz, como en el aria anterior, no poseía mucho brillo.

Agregaré que por lo menos no se otorgó el premio de zarzuela y fue justo porque la única posibilidad real de ganarlo, desde mi punto de vista siempre, había desaparecido junto con Gillen Munguía luego de las semifinales.

Pues será, si nada lo impide, hasta la próxima edición del concurso.

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