España - Andalucía

Una Sinfónica de Sevilla alpina

José Amador Morales

jueves, 31 de enero de 2019
Sevilla, jueves, 24 de enero de 2019. Teatro de la Maestranza. Gioacchino Rossini: Guglielmo Tell, obertura; Piotr Ilich Chaicovsqui: Concierto para violín y orquesta en re mayor, op.35; Richard Strauss: Una sinfonía alpina, op.64. Patricia Kopatchinskaja, violín. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director musical.

No parece injustificado el interés generado ante lo que probablemente era la cita musical más suculenta de la presente temporada de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. El musicalmente densísimo programa comprendía dos obras tan comprometidas como lo son, a nivel concertístico, el Concierto para violín de Chaicovsqui y, a nivel sinfónico, nada más y nada menos que Una sinfonía alpina de Strauss. Y avancemos ya que los resultados estuvieron, desde luego, a la altura de las circunstancias.

Seguramente ya la primera parte compensó por sí sola la asistencia a este concierto, pese al retraso de media hora con el que empezó el concierto (“por motivos técnicos”¡!). Y es que, si la obertura del Guglielmo Tell rossiniano fue radiante, la versión del Concierto para violín y orquesta de Chaicovsqui ofrecida por Patricia Kopatchinskaja fue de gran impacto y no dejó indiferente a ninguno de los presentes. La capacidad de la violinista moldava para obtener mil y un colores, su extrema gama dinámica así como su genial creatividad interpretativa (casi al borde del expresionismo), seguramente disgustaría a los amantes de la ortodoxia, pero en ningún momento careció de una intrínseca musicalidad. A su lado, Axelrod se ajustó con eficacia al singular violinismo de la solista, acomodando el sonido y acompañamiento orquestal con equivalente maestría. Kopatchinskaja regaló una versión de Crin, composición del venezolano Sánchez-Chiong que suele ofrecer habitualmente como bis en sus conciertos y que requiere una insólita capacidad para extraer efectos sonoros, más que los meramente musicales, tanto del violín como de la voz.

En los cinco años que lleva Axelrod al frente del conjunto sinfónico hispalense ya ha demostrado en varias ocasiones su afinidad con las coordenadas estilísticas de Richard Strauss (fue particularmente memorable aquel concierto de 2017 con los poemas sinfónicos Don Quijote y Una vida de héroe). Así pues, las expectativas ante su lectura de la inmensa Una sinfonía alpina no eran infundadas y, como en el caso de los citados precedentes, Axelrod se apoyó en una respuesta orquestal de gran altura, con un equilibrio entre la densidad colectiva y las extraordinarias prestaciones solistas (a destacar los vientos). El director americano sorprendió con un gesto más comedido y sobrio de lo que acostumbra, reflejo probablemente de la concentración y control en una obra tan compleja. Musicalmente se materializó en una interpretación de gran belleza sonora e intensidad lírica -más que dramática- cuyas diversas tensiones y clímax dosificó con gran habilidad a lo largo de toda la partitura. 

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