Reportajes

Desastre. Gran bronca en Hamburgo por la acústica de la Elbphilharmonie

Juan Carlos Tellechea

viernes, 1 de febrero de 2019
Elbphilharmonie © 2016 by EDEL

Ocurrió el pasado sábado 12 de enero en la Elbphilharmonie durante un concierto de la Sinfonieorchester Basel dirigida por Jochen Rieder con el tenor alemán Jonas Kaufmann. En medio del recital y cuando Kaufmann cantaba Das Lied von der Erde de Gustav Mahler, una dama del público se puso de pie y le espetó al tenor: Señor Kaufmann desde aquí no lo oímos; un instante después otro espectador se quejaba también por el mismo problema. Algunos se desplazaban además por la sala, buscando rápidamente un lugar mejor ¡Fue un desastre!, y esta fue la gota que colmó el vaso.

Kaufmann (Múnich, 1969) se sintió asimismo tan molesto por esta situación que horas después prometió en declaraciones a la prensa no volver a cantar más en la Elbphilharmonie (con capacidad para más de 2.700 espectadores) y anunció que en el futuro lo haría solamente en la sala (de mucha menor dimensión) de la Laieszhalle de Hamburgo, donde la acústica es mejor y permite un disfrute artístico ininterrumpido. Algunos intérpretes ya lo han hecho antes que él; evitan exprofeso la Elbphilharmonie y actúan en la Laieszhalle (también llamada Hamburger-Musikhalle), sin formular ningún comentario, a la chita callando.

Ahora, por fin, alguien lo dice en voz alta. La acústica de la Elbhilharmonie de Hamburgo tiene grandes problemas desde que fuera inaugurada el 11 de enero de 2017. Por un lado, la sonoridad de la gran sala auditorio es tan ultrasensible que hasta se oye el molesto ruido que hace el envoltorio de papel de un caramelo cuando se lo abre en la platea, y por otro, es tan despiadada que una orquesta puede tapar con su volumen a un cantante e impedir que su voz llegue límpidamente a algunos sectores del recinto. Este fue precisamente el caso del concierto de la Orquesta Sinfónica de Basilea con Kaufmann.

En una reunión de emergencia celebrada al otro día de la debacle, los responsables de los conciertos de la Elbphilharmonie tuvieron que reconocer a regañadientes que su sala principal es un desastre para la interpretación de música orquestal romántica con intervenciones vocales (solistas o coros). Una vergüenza para las autoridades de la ciudad-estado de Hamburgo que financiaron la construcción del edificio sobre un antiguo depósito portuario a un costo de 866 millones de euros y un mal precedente para su prestigio internacional.

Sin embargo, hay que acotar por otra parte, que la Elphi, como se la ha apodado popularmente, atrae todos los años con gran magnetismo a miles y miles de turistas que quieren admirar sus instalaciones y que han pagado hasta ahora religiosamente los elevados precios de sus localidades. Incluso los lugares detrás del escenario eran tan caros como las mejores ubicaciones delante del podio. La reacción fue presta. Los organizadores han bajado ahora con efecto inmediato los costos de los billetes de entrada para aquellos sectores menos afortunados de la sala.

La belleza arquitectónica (diseñada por el estudio suizo Herzog & Meuron) y la exquisitez acústica del ingeniero japonés Yasuhisa Toyota fascinan a los visitantes. A Toyota incluso, quien trabaja actualmente en la nueva sala de conciertos de Múnich, se le ha ido la mano con la transparencia sonora, alabada en su momento por su cristalina claridad. Hay que reconocer que ni los arquitectos helvéticos ni el ingeniero nipón han logrado prever y, menos aún, dar desde un comienzo con la tecla de estos problemas que parecen de física elemental.

El asunto se arrastra desde que en la inauguración fuera interpretado el cuarto movimiento de la Sinfonía número 9 de Ludwig van Beethoven y estrenado Reminiszenz: Triptychon und Spruch in memoriam Hans Henn, para orquesta y tenor, de Wolfgang Rihm. Ese día debía haber cantado Kaufmann, pero por problemas con sus cuerdas vocales fue sustituido a último momento por el tenor eslovaco Pavol Breslik. Breslik fue criticado a posteriori (e injustamente) por la presunta falta de fuerza de su voz, pero a decir verdad, el tenor alemán dificilmente lo habría superado en esta sala y con esta constelación. A la prueba nos remitimos; la hipótesis ha quedado ahora confirmada de forma inequívoca.

Paradójicamente, el fin de semana del segundo aniversario de la Elbphilharmonie se acumularon los contratiempos. La soprano dramática sueca Nina Stemme tampoco tuvo una buena velada desde el punto de vista acústico en el concierto con obras (nada más ni nada menos que) de Richard Wagner junto con la NDR Elbphilharmonie Orchester bajo la batuta de Marek Janowski.

Irónicamente, y salvo algunas grandes orquestas que todavía no lo han hecho, casi todos quieren presentarse en la Elphilharmonie por una cuestión de prestigio, pero la mayoría de los artistas no le otorga buenas calificaciones en materia de sonoridad a la gigantesca sala. La Sinfonieorchester Basel se presentaba por primera vez aquí y al parecer no conocía de cerca esta problemática. Ahora la ha vivido en carne propia y, en consecuencia, sus músicos han quedado muy desilusionados.

En fin, los músicos son tan buenos como el aire y el ambiente que respiran a su alrededor; una sabiduría que se confirma con cada excelente concierto que escuchamos. Las grandes orquestas se sienten como transportadas a otras esferas cuando tocan en escenarios como la Musikvereinsaal de Viena o el Concertgewoub de Amsterdam o la Filarmonía de Berlín o la Alte Oper de Frankfurt o la Gran Sala de Lucerna, entre otros. Son salas con aura y acústica que preservan el sonido, lo reflejan lejos, en perspectiva, fiel al original, de ida y de vuelta, tanto a los propios artistas como al público. En esas salas todos se sienten muy felices y los conciertos son verdaderamente una maravilla.

Riccardo Muti dirigió el 12 de enero de 2017, y sin un ensayo previo, el primer concierto en la Elbphilharmonie de un colectivo musical no locatario, la Chicago Symphony Orchesta, de la que es su director principal. El célebre maestro declaraba recientemente que el auditorio de la Elfi es a lo sumo un salón moderadamente bueno. Le faltó agregar: antes de cantar allí dése usted por enterado, porque tiene sus trampas y hay que doblegarlas (estudiando minuciosamente la ubicación de la orquesta, los instrumentos y los solistas). Si no las conoce de antemano puede pasar usted momentos muy desagradables.

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