Alemania

Lend me a Tenor ossía Otello darf nicht platzen

Juan Carlos Tellechea

martes, 5 de febrero de 2019
Mönchengladbach, sábado, 1 de diciembre de 2018. Theater Mönchengladbach (Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach). Otello darf nicht platzen (Otello no puede fallar) adaptación alemana de Lend me a Tenor: The Musical (Préstame un tenor). Musical en dos actos con libreto y letras de Peter Sham, y música de Brad Carroll, estrenado inspirado en la comedia de Ken Ludwig, versión en alemán de Roman Hinze. Régie Ansgar Weigner, Escenografía Christian Robert Müller. Coreografía Andrea Danae Kingston. Dramaturgia Ulrike Aistleitner, Juliane Piontek. Intérpretes: Markus Heinrich (Henry Saunders, director de la ópera), Gero Wendorff (Max Garber, su asistente), Andrea Matthias Pagani (Tito Merelli, tenor, estrella internacional del mundo de la ópera), Susanna Seefing (su veleidosa mujer), Elena Otten (Maggie, la hija del director Saunders), Gabriela Kuhn (Diana Divane, diva), Alexander Kalina (Bernie Guter, regidor), Johanna Werhahn (primera Anna, Dama de la corporación de la ópera), Margriet Schlössels (segunda Anna, Dama de la corporación de la ópera), Pia Melenk (tercera Anna, Dama de la corporación de la ópera), Manfred Feldmann (policía Mickey), Frank Rammelmüller (policía Joe), Gereon Grundmann (ascensorista Harry), Rochus Triebs (paparazzo), Birgitta Henze (reportera). Coro y comparsas de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach (Baja Renania). Preparación del coro Michael Preiser. Orquesta Niederrheinische Sinfoniker. Director Andreas Fellner. Coproducción con el Teatro de Bremerhaven. 100% del aforo.
Susanne Seefing y Andrea Matthias Pagani © 2018 by Stutte

Para desternillarse de la risa: la versión alemana del exitoso musical británico-estadounidense Lend me a Tenor (Préstame un tenor) fue estrenada con gran suceso en la tarde de este sábado 1 de diciembre de 2018 en el Teatro de Mönchengladbach, bajo el título de Otello darf nicht platzen (Otello no puede fallar), con la diestra régie de Ansgar Weigner y la minuciosa dirección musical de Andreas Fellner.

Con razón la obra, en dos reideros actos, permaneció varios años en cartel en Broadway y en el West End londinense. Todavía hoy es representada en escenarios de provincia de Estados Unidos y del Reino Unido. El propio título en inglés es un humorístico juego de palabras Lend me a Tenor suena también como Lend me a Tenner (Préstame un billete de diez dólares).

La jocosa farsa musical (2007), basada en la laureada comedia (1986) del dramaturgo y director de teatro estadounidense Ken Ludwig, está ambientada en 1934 en la Cleveland Grand Opera Company que para el décimo aniversario de su fundación prepara el estreno de una nueva producción de Otello de Giuseppe Verdi con el tenor Tito Merelli, alias Il Stupendo (hace plenamente honor a este apodo el tenor y barítono Andrea Matthias Pagani, con imponente presencia escénica) en el papel protagonista. Pero, héte aquí que Merelli desaparece intempestivamente y se produce una concatenación de hechos por demás desastrosos que dan inicio a la festejada comedia.

Casi tres horas dura el hilarante musical con libreto y letras de Peter Sham y música de Brad Carroll (en una muy reciente revisión del guión, en lugar de Otello es Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo, la puesta de la Ópera de Cleveland). Desde su estreno en el Utah Shakespeare Festival (USF) en 1986, la comedia (debut) de Ludwig, una coproducción del West End londinense y de Broadway, ha alcanzado entretanto el estatus de obra de culto con más de 100 escenificaciones en 25 países y traducida a 16 idiomas. Con el elevado monto por derechos de autor que percibe el dramaturgo se encuentra en la envidiable situación de que no necesitaría trabajar más y podría vivir de rentas.

Como la comedia trata del teatro en el teatro y de la puesta del Otello de Verdi con los problemas generados por un tenor italiano que ponen en peligro el estreno, a Peter Sham (amigo de Ludwig) se le ocurrió la idea de hacer un musical con la historia. El socio ideal elegido para el proyecto fue el compositor Brad Carroll, a quien conoció Sham durante una nueva producción de El hombre de la Mancha. La versión musical fue presentada por primera vez en el mismo USF 21 años después del estreno de la comedia, y en 2011 en el Gielgud Theatre del West End de Londres. El estreno en Alemania tuvo lugar en Leipzig en 2013, y ahora la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach la ha subido a escena en una coproducción con el Teatro de Bremerhaven.

Para salvar de la ruina a su escenario, el director de la Cleveland Grand Opera, Henry Saunders (magnífico el tenor Markus Heinrich), contrató a Merelli para el papel principal de Otello. Pero en el ensayo general Il Stupendo no aparece por ninguna parte. Saunders está desesperado y a un tris de suicidarse si falla Otello. Max Garber (brillante el joven barítono Gero Wendorff), el asistente, quien dicho sea de paso, está perdidamente enamorado de Maggie (ideal en el papel la soprano y actriz Elena Otten) la hija de Saunders, tiene que hacer algo para evitar una catástrofe y se ofrece para sustituir a Merelli a último momento, lo que es rechazado bruscamente por el director.

Cuando Merelli por fin reaparece, María (impagable la mezzosoprano lírica Susanne Seefing), su celosa mujer, arma un escándalo al encontrar a Maggie en el armario de su suite y quiere abandonar a su marido. También la afición al alcohol de Merelli pone en peligro la función. Cuando éste yace exánime en su lecho del hotel, tras haber ingerido una doble dosis de calmantes, Max y Saunders temen que el tenor haya muerto. No habrá entonces más alternativa que sustituirlo por el asistente del director.

El caos estalla cuando Merelli despierta. La función ya ha comenzado, y éste se disfraza a toda prisa de Otello. Maggie se deja seducir por el supuesto tenor, sin vislumbrar de que se trata de Max. Aparece entonces la diva Diana Divane (extraordinaria la soprano Gabriela Kuhn) que procura conseguir un papel en la Metropolitan Opera a través de Merelli. Ésta liga con Saunders, quien entretanto también anda dando vueltas por allí disfrazado de Otello. Merelli, por su parte, está ahora muy ocupado en un intento por calmar a su veleidosa mujer. Tras numerosos enredos y confusiones, al final las tres parejas se reencuentran correctamente y... colorín colorado...todos tan felices.

La experimentada régie de Ansgar Weigner consigue entretener excelentemente al público. La ingeniosa escenografía de Christian Robert Müller permite rápidos cambios para cubrir impecablemente las bufonadas (entrar y salir de la suite y de un armario empotrado, ingresar a una habitación contigua y abandonarla, todo a gran velocidad). A todo esto se agrega, de paso, el reiterado chiste con un radiador de calefacción que se encuentra en el lado izquierdo del escenario y con el que todos los intérpretes o bien se queman el trasero o los dedos al intentar sentarse sobre él o tocarlo.

El vestuario (también de Müller) completa con esplendor la atmósfera de la década de 1930 (uno parece estar de pronto en los tiempos de Cole Porter) y Otello es ópticamente el moro de las puestas tradicionales verdianas. La Niederrheinische Sinfoniker, dirigida magistralmente por el austríaco Andreas Fellner, contribuyó decisivamente a esa atmósfera adornando su timbre habitual con el que distingue a las orquestas de la Gran Vía Blanca, el Broadway del distrito teatral, en el Midtown Manhattan, entre las calles 42 y 53.

Weigner es muy detallista y perfeccionista en su labor y alcanza una precisión de relojero suizo con cada uno de los personajes que maneja, consciente de que la puesta se sostiene o se cae con sus intérpretes; y la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach, como predestinada para esta obra, tiene un muy buen elenco de cantantes y actores, además de otras tres figuras que ha invitado expresamente para este brillantísimo proyecto.

La soprano Gabriela Kuhn, de excelente formación vocal e histriónica, hace íntimamente suyo el papel de la narcisista diva Diana Divane. En uno de esos extraordinarios golpes irónicos, Divane se apresta a morir como Desdémona sobre el escenario, pero antes cuida mucho de que el público la vea con la luz adecuada cuando es ultimada por Otello. Inmediatamente después cambia su postura de muerta para presentarse todavía mejor ante la platea. 

En otro momento estelar, Kuhn/Divane caricaturiza a su propia profesión, exagerando su patetismo. A solas en la habitación de Merelli la diva le canta al tenor con magnífica voz de soprano dramática y celestial entonación un popurrí de célebres arias belcantistas y hasta la famosa cabalgata de La Valquiria de Richard Wagner para convencerlo de su talento y lograr que la recomiende al Met.

La intervención dejó fascinados a los centenares de espectadores que colmaban el teatro y la ovacionaron estruendosamente. También el papel de Saunders y del disfrazado Otello de Markus Heinrich cosechó calurosos aplausos y otro tanto ocurrió con la María Merelli de Susanne Seefing por los sainetescos pasajes (celebrados con sonoras carcajadas) que brindaron con gran naturalidad y soltura. De pie, los espectadores aplaudieron y profirieron clamorosas exclamaciones de aprobación durante largos minutos a todo el reparto y la dirección mientras el telón se abría y se cerraba en cuatro oportunidades.

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