Portugal

Dar Nuevos Mundos al Mundo (III): América mágica

Xoán M. Carreira

miércoles, 27 de febrero de 2019
Porto, viernes, 18 de enero de 2019. Casa da Música. Sala Suggia. Leonard Bernstein, Obertura de la opereta 'Candide'. Claude Vivier, Orion. George Gershwin, Obertura cubana. Silvestre Revueltas, Sensemayá. Edgard Varèse, Amériques. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Baldur Brönnimann, dirección musical. Ciclo 'Novo Mundo' 2019
Baldur Brönnimann © 2018 by Intermusica

En la entrevista concedida por Baldur Brönnimann a Mundoclasico.com, este director plantea la necesidad de contemplar la música del pasado con nuestra propia perspectiva del siglo XXI, junto con algunas lúcidas observaciones sobre la importancia del riesgo al programar e interpretar el repertorio sinfónico, de lo cual propone como ejemplo precisamente este programa americano: "con el tema del Nuevo Mundo lo evidente sería programar clásicos, algo de los Estados Unidos y un concierto de tango; pero, no: empezamos con Popol Vuh (1975-83), de Alberto Ginastera; con Orion (1979), de Claude Vivier; con Amériques (1918-21, rev.1927), de Edgard Varèse; y más cosas así" 

Se trata de un programa formado por cinco obras escritas en el continente americano a lo largo de los cincuenta años centrales del siglo XX por otros tantos compositores con un absoluto dominio de la técnica de la orquestación y destinadas a orquestas y directores de excelencia absoluta: Amériques fue estrenada por Leopold Stokowski, la Obertura cubana por Albert Coates (con el nombre original de Rumba), y Orion por Charles Dutoit, hace ahora cuarenta años. 

Amériques es un hito de la composición orquestal de la primera mitad del siglo XX, probablemente parangonable a La consagración de la primavera, aunque no ha gozado de la fortuna de la obra de Stravinsky, con la que comparte tanto el ser un paradigma simbólico de la modernidad como haber sido manipuladas y deformadas hasta el límite por los teóricos de las vanguardias de la Guerra Fría, como Adorno, y maltratadas por Pierre Boulez y otros sumos sacerdotes de la dirección orquestal. De hecho, Boulez nos ha legado varias de las ejecuciones más sádicas que se hayan aplicado a la música de Stravinsky y Varèse al frente de grandes orquestas. Amériques es una obra de muy alta dificultad agravada por su poca frecuencia de interpretación, la cual obviamente limita la consolidación de una tradición interpretativa que diverge notoriamente entre los modos de dirigirla en EEUU y Europa.

Por este motivo me interesaba especialmente estar presente en la interpretación dirigida por Brönnimann a una orquesta que objetivamente estaba tocando al límite de sus posibilidades y que utilizaba algunos instrumentos de percusión de calidad media-baja, lejos de lo que requiere una obra tan sutil como Amériques, pensada al fin y al cabo para un maestro de la sutilidad sonora y del fraseo como era Leopold Stokowski y su mítica Orquesta de Filadelfia. Pero lo cierto es que con estos mimbres e ingredientes, realzados para lo bueno y lo malo por la maravillosa acústica de la Sala Suggia, asistimos a una interpretación inteligente, equilibrada y sobre todo entregada, de esta obra icónica. El público supo reconocerlo con sus aplausos e incluso un maniático como yo -cuando caminaba rumbo a mi hotel- olvidé rápidamente el feo sonido de las sirenas para deleitarme en el poso de sabor que Brönnimann y Varèse me habían dejado. 

Con los mismos ingredientes Brönnimann y su orquesta portuense cocinaron una preciosa versión de Orion (1979) de Claude Vivier, pletórica de fantasía sonora, en la cual los característicos sonidos feéricos de Vivier cautivaron nuestra atención y conmocionaron nuestros afectos, tal y como debe ser interpretada esta música tan frágil como potente. La Obertura cubana (1932) de Gershwin fue otra espléndida muestra del buenhacer de la Orquesta de Porto, conducidos por un Brönnimann que tuvo oportunidad de mostrar todos los paisajes sonoros urbanos que aprehendió en su época de residencia en Colombia como director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (2008-2012). Tras esta generosa exhibición de optimismo, alegría y vitalidad, controladas al milímetro, en el descanso me lamentaba de no tener oportunidad de escucharles en esta misma sala esa pieza orquestal prodigiosa que es Un americano en París.

Embargado por esta felicidad me quedé un tanto insatisfecho con la versión de una obra que me entusiasma, Sensemayá (1937-38), a la cual encontré ligeramente falta de 'punto de cocción', que Brönnimann quiso compensar cargándola de aderezos dinámicos. Espero que haya otra oportunidad de regresar sobre esta obra genial de Revueltas y que en esa futura ocasión podamos disfrutarla en todo su esplendor rítmico y tímbrico, con una intensidad semejante a la que Brönnimann nos ofreció en su versión bienhumorada de la Obertura de Candide () de Bernstein con la que Brönnimann abrió el programa, con un desenfadado e irónico guiño rossiniano.

Y con esta tercera recensión se cierra la crónica de este fin de semana dedicado a 'Dar Nuevos Mundos al Mundo', que colmó ampliamente todas mis expectativas para este fin de semana, pero no mi curiosidad por escuchar de nuevo los resultados del equipo ejemplar que dirige la Casa da Música de Porto. 

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