Alemania

Belcanto al compás de tres por cuatro

Juan Carlos Tellechea
jueves, 14 de febrero de 2019
Andreas Fellner © Jakob Wagner, 2019 Andreas Fellner © Jakob Wagner, 2019
Gelsenkirchen, martes, 1 de enero de 2019. Musiktheater im Revier Gelsenkirchen. Belcanto im Dreivierteltakt (Belcanto al compás de tres por cuatro). Johann Strauß, hijo (1825 – 1899), Vino, mujeres y canto, vals opus 333; Rosas del sur, vals opus 388; Voces de primavera, vals opus 410; Künstler-Quadrille opus 201; Obertura de la opereta El murciélago opus 362; ‚Mein Herr Marquis‘, de la opereta El Murciélago; Unter Donner und Blitz polca opus 324. Charles Gounod (1818 – 1893), vals de la ópera Fausto; Recitativo y Aria de las joyas de la ópera Fausto. Gioacchino Rossini (1792 – 1868), Obertura de la ópera La urraca ladrona. Gaetano Donizetti (1797 – 1848), ‚Qual guardo il cavaliere‘, de la ópera Don Pasquale. Solista Judith Spiesser (soprano). Presentador Markus Wallrafen. Orquesta Neue Philharmonie Westfalen. Director invitado, Andreas Fellner. Concierto de Año Nuevo 2019. 100% del aforo
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Aquí ya no cabía ni un alfiler más. Las entradas estaban agotadas desde hacía muchas semanas. El concierto de Año Nuevo en el Musiktheater im Revier de Gelsenkirchen, en el corazón de la Cuenca del Ruhr, estaba repleto de un público entusiasta que deseaba celebrar el comiezo del 2019 con renovadas esperanzas y buen humor, pese al cierre el mes pasado de la última mina hullera de la región. Aunque de forma compleja y con graves repercusiones sociales, Alemania está en pleno proceso de transformación de sus fuentes de energía, para ir lentamente a alternativas más sustentables que reduzcan las emisiones de CO2 en la atmósfera. 

El presentador, Markus Wallrafen, primer violín segundo de la orquesta Neue Philharmonie Westfalen que hoy libraba de esa sección instrumental para asumir esta función, comenzó la velada con una sigilosa disculpa. Pidió humildemente perdón (entre risas de la platea) por haberse mofado de la selección italiana de fútbol que el año pasado "tuvo que quedarse en casa bailando la tarantela" sin poder participar en el Campeonato Mundial de Rusia. Avergonzado y escarmentado por el triste papel que desempeñó Alemania en el torneo agregó, no sin ironía, que el balompié ha perdido ya todo interés en este país, por lo que prometió no volver a burlarse nunca más de un  rival (más hilaridad aún en la sala). 

Dicho esto y bromas aparte, Wallrafen no volvió a hablar más de este popular deporte durante toda la velada para no herir susceptibilidades. En Gelsenkirchen el equipo local es el Schalke (que lleva el nombre de un barrio donde se encontraba una de las 16 minas de carbón de piedra de la ciudad, hoy cerradas por el citado proceso de transformación), y algunos de los músicos de la orquesta son hinchas de este tradicional club, mientras que el presentador y violinista apoya al no menos aguerrido Borussia Mönchengladbach, del Bajo Rin. 

Johann Strauss (hijo), el indiscutido rey del vals, es huésped habitual y predilecto de estos recitales, no solo en Austria, sino también en Suiza y en Alemania. Esta vez es asimismo un vienés el director invitado en Gelsenkirchen, pero de nueva generación: el vienés Andreas Fellner, 37 años, quien con su gran talento musical (formado además como pianista, contrabajista y percusionista, tanto en la capital austríaca como en la Salzburgo de Wolfgang Amadé Mozart) tiene por delante a su vez una muy prometedora carrera. 

Fellner que dirigió muy animadamente, con maravillosa puntillosidad y equilibrio a la orquesta Neue Philharmonie Westfalen no solo con los aires de Strauss, sino también con oberturas y arias de Gioacchino Rossini, Charles Gounod y Gaetano Donizetti, conducirá próximamente a varios colectivos musicales de Renania del Norte-Westfalia en diversos espectáculos líricos y conciertos sinfónicos programados para la presente temporada. 

Otra fascinante figura en este concierto fue la joven soprano alemana Judith Spiesser, quien estudió en Hamburgo y Múnich y será la estrella que veremos durante esta temporada en algunos inminentes estrenos de nuevas producciones de Mozart y Verdi en Alemania. Spiesser alcanzó asombrosos niveles con su preciosos registro de coloratura y fue aclamada con gritos de "bravo, bravissima" por el millar de espectadores presentes.  

La cantante demostró gran capacidad, amplitud y flexibilidad vocal con sus apasionadas intervenciones solísticas encarnando el papel de Marguerite en el Recitativo y en el Aria de las joyas 'Ah, je ris de me voir si belle en ce miroir(Ah, me río de verme tan bella en este espejo) de la ópera Fausto, de Charles Gounod, así como en el vals Voces de primavera, y en 'Mein Herr Marquis, ein Mann wie Sie sollt' besser das verstehen!(Querido señor marqués, ¡un hombre como usted debería tener más perspicacia!), asumiendo el rol de Adele de la opereta El murciélago de Strauss. Con gran entrega y de forma vibrante impresionó asimismo en la escena y cavatina de la joven viuda Norina en 'Quel guardo il cavaliere/ in mezzo al cor trafisse,/ piegò il ginocchio e disse:/ Son vostro cavalier! '(Aquella mirada al caballero/ en mitad del corazón hirió;/  dobló la rodilla y dijo:/ Soy vuestro caballero.) de Don Pasquale de Gaetano Donizetti.

En los bises, y al igual que ocurre en Viena en todos los conciertos con motivo de esta fecha, sonaron, con el acompañamiento de palmas de los espectadores, los aires marciales de la Marcha Radetzky, de Johann Strauss (padre), uno de los tres himnos no oficiales de Austria, en honor a uno de los mariscales que salvó su poderío militar imperial a mediados del siglo XIX. 

Fue una encantadora tarde de Año Nuevo que concluyó con estruendosas ovaciones de un público fascinado por el excelente nivel musical y lírico presentado, con temas y ritmos que destilaban agilidad, alegría y gran soltura. Nos alegramos ya de la programación del Musiktheater im Revier de Gelsenkirchen que incluye a finales de enero el estreno de una nueva producción de la ópera en tres actos Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny), con música de Kurt Weill y libreto de Bertolt Brecht que parece como si muy sutilmente hubiera presagiado, cuando fue estrenada en 1930, la decadente era que vive Estados Unidos con la tristemente célebre administración Donald Trump.

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