España - Andalucía

Amadeus en concierto

José Amador Morales

jueves, 21 de febrero de 2019
Sevilla, domingo, 3 de febrero de 2019. Teatro Lope de Vega. Amadeus en concierto, propuesta escénico-musical a partir de la idea original de Peter Shaffer y adaptación de John Axelrod. Música de Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía nº25 en sol menor, K.183 (“allegro con brio”); Serenata nº10 para viento en si bemol Mayor, K.361 (“menuetto”); “Marter aller Arten” de Die Entführung aus dem Serail, K.384; Concierto para piano y orquesta nº23 en la Mayor, K.488 (“adagio”); Don Giovanni, obertura, K.527; Le nozze di Figaro, obertura, K.492; Requiem en re menor, K.626 (Introitus, Kyrie, DiesIrae, Tuba mirum, Rextremendae, Recordare, Confutatis, Lacrimosa). Lucía Martín-Cartón, soprano. Laura Verrecchia, contralto. Juan Antonio Sanabria, tenor. José Coca, bajo. Roberto Quintana (actor, Antonio Salieri), Eugenio Jiménez (actor, Wolfgang Amadé Mozart), Gema Abad (actriz, Konstanze Weber). Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, dirección musical, escénica y piano. Roberto Quintana, dirección de actores y dramaturgia.
Roberto Quintana y Eugenio Jiménez © 2019 by ROSS

Fuera de su actual temporada de abono, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ha programado este concierto interactivo para orquesta, actores, cantantes y coro, consistente en una adaptación de su propio director titular, John Axelrod y bajo su propia dirección musical y escénica, de la célebre obra de teatro Amadeus de Peter Shaffer que con tanto éxito llevara al cine Milos Forman en 1984. Para ello se dieron hasta tres pases que colgaron el cartel de “no hay entradas” a lo largo de un fin de semana que culminaron con el matinal del domingo que comentamos. Por otra parte, elección del sevillano Teatro Lope de Vega se reveló bastante acertada y conveniente, ya que sus dimensiones más familiares se prestaban a una mayor cercanía y comunicación con el público al mismo tiempo que ofrecía la oportunidad de disfrutar del conjunto sinfónico en un espacio distinto a su sede habitual del Teatro de la Maestranza.

La eficaz concatenación de teatro y música, así como el estupendo trabajo actoral de los principales protagonistas (fue muy aplaudido Eugenio Jiménez como estupendo Mozart, pero también Roberto Quintana en un Salieri quizás más amable de lo acostumbrado y una divertida Gema Abad como Konstanze) que circulaban con naturalidad entre el patio de butacas y el escenario, hizo las delicias de un público que disfrutó de un contundente espectáculo (dos horas al margen del descanso). También en lo musical, pues las interpretaciones de las obras mozartianas fueron en general adecuadas e incluso sorprendentes, como el hermoso y conmovedor “adagio” del Concierto para piano y orquesta nº 23 que contó con el propio director John Axelrod como pianista de excepción o una musicalísima Lucía Martín-Cartón en la siempre comprometida “Marter aller Arten” de El rapto en el serrallo, aquí muy divertida en su papel de Caterina Cavalieri, la diva que estrenó la ópera.

Seguramente la única salvedad a lo anteriormente expuesto fue el tramo final del espectáculo en donde se ralentizó demasiado la acción, seguramente con la intención de dar cabida a la interpretación de la parte del Requiem que llegó a terminar el propio Mozart (esto es, desde el Introitus hasta el Lacrimosa). Casi media hora de música, sin duda impresionante pero que se llevó por delante la inclusión de fragmentos procedentes de otras obras biográfica y artísticamente significativas (como por ejemplo La flauta mágica, que sí aparece por otra parte en la versión cinematográfica de Forman antes citada) y que anuló un ritmo teatral hasta ese momento había sido muy ágil; tampoco fue en lo musical un momento memorable, con un coro con gran presencia pero con problemas de empaste y demasiado exagerado en lo expresivo así como una versión por parte de la batuta que, en términos generales, pareció buscar más el efecto que la emoción.

En cualquier caso, una fantástica propuesta por lo que supone de interesante, de diferente y, por qué no, de atracción de nuevos públicos que terminan por sucumbir ante el encanto de la buena música presentada con una incuestionable calidad.

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