España - Andalucía

Los klaviertios de Schubert interpretados en inspiranto

José Amador Morales

martes, 26 de febrero de 2019
Sevilla, miércoles, 13 de febrero de 2019. Espacio Turina. “Schubertiade”. Franz Schubert: Trío para piano, violín y violonchelo nº 1 en Si bemol mayor D.828; Trío para piano, violín y violonchelo n° 2 en Mi bemol mayor D.929. Lisa Ferschtman, violín. István Várdai, violonchelo. Elisabeth Leonskaja, piano.

Dentro del ciclo de música de cámara que viene ofreciendo Andalucía Clásica en el sevillano Espacio Turina, la cita que comentamos constituía por derecho una de las referencias indiscutibles de la presente temporada. No en vano, la programación de los dos tríos para piano, violín y violonchelo que Franz Schubert compuso en su último año de vida (1827), publicados a título póstumo, era un reclamo que quedó de manifiesto en una sala prácticamente completa de público.

Si en el Trío nº1 Schubert tiende a un lirismo y, en algunos fragmentos, y a una complacencia musical de corte clasicista (en la línea de su Sonata para piano en Sol Mayor D.894 en la que se inspira), el soberbio Trío nº2 es profundamente romántico en el concepto y en la forma. Así, la partitura atrapa por su belleza ya desde el Allegro moderato y emociona con el famoso Andante un poco mosso, cuya deliciosa melodía procede de la canción El ocaso del sol y vuelve a retomar en las brillantísimas variaciones del Rondó final. Schumann consideraba esta obra como la más personal de Schubert, llegando a transmitir a su amigo Mendelssohn que “si los tríos de Beethoven en si bemol y re son magistrales, el de Schubert es el maestro de todos ellos”.

Las interpretaciones ofrecidas en esta ocasión rayaron a un nivel altísimo tanto en lo técnico, como en lo formal y expresivo. Sólo es posible un resultado así, y más si se trata de uno de los primeros encuentros por parte de sus protagonistas, si detrás no hay grandísimos músicos. En torno al piano profundamente lúcido y templado de Elisabeth Leonskaja (que bromeaba previamente afirmando que ellos hablaban en “inspiranto, que es el esperanto de los músicos, el lenguaje de la inspiración y la improvisación”), destacó una expresiva Lisa Ferschtman (por cierto, ahijada de la anteror) que hizo “cantar” como pocas veces en esta parte su violín, y un elegante István Várdai al violonchelo. Pero por encima de las indiscutibles personalidades de los intérpretes destacó la mágica y emotiva conexión así como equilibrio musical de un conjunto que ofreció una de las más contundentes y memorables veladas camerísticas que se recuerden en la ciudad hispalense.

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