España - Andalucía

La primavera de Don Juan

José Amador Morales

lunes, 4 de marzo de 2019
Sevilla, domingo, 24 de febrero de 2019. Teatro de la Maestranza. Wolfgang Amadeus Mozart: Don Giovanni, obertura; Concierto para violín nº4 en Re mayor, K.218; Richard Strauss: Don Juan, op.120. Robert Schumann: Sinfonía nº1 en Si  bemol mayor “Primavera”, op.38. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Francesca Dego, violín. Daniele Rustioni, director musical
Francesca Dego © Hazard Chase

Un heterogéneo programa, si bien interesante en su variedad, en torno al mito de Don Juan, que tanta y buena música ha generado a lo largo de estos últimos tres siglos, se constituía como columna vertebral del concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica que comentamos.

Un concierto cuya irregularidad intrínseca se manifestó de la misma forma en las interpretaciones de un Daniele Rustinioni que, más allá de la excelente respuesta orquestal ofrecida por parte del conjunto sinfónico sevillano y tras un gesto nervioso, se mostró o expresivamente plano, o demasiado pesante, o bien ambas cosas al mismo tiempo. Fue el caso de una insípida obertura de Don Giovanni, demasiado pesada y de brocha gorda, o del poema sinfónico Don Juan en exceso extravagante e hinchado (aquí colocado igualmente a manera de obertura de la segunda parte, de lo contrario sería difícil de entender su incoherencia cronológica frente a la obra de Schumann que introducía).

Más equilibrado fue el acompañamiento del director italiano a la que es su pareja, la estupenda violinista Francesca Dego (le regaló una enorme rosa roja al final de su actuación como presente obligado en el manido día de San Valentín), en lo que fue sin duda lo mejor de la noche. Y es que la italiana ofreció un Concierto para violín nº4 de Mozart musicalísimo, extrayendo un hermoso color de su violín al tiempo en una lectura que se caracterizó por un gran equilibrio expresivo y sonoro. Ante el entusiasmo del público, Francesca Dego regaló una apasionante versión del Capricho nº13 de Nicolo Paganini, conocido popularmente como La risa del Diablo.

El concierto volvió a un plano más terrenal finalizando con una versión más bien ampulosa y enfática de la Sinfonía nº1 de Schumann.

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