España - Andalucía

Sólido Debussy

José Amador Morales

miércoles, 13 de marzo de 2019
Sevilla, lunes, 25 de febrero de 2019. Teatro de la Maestranza (Sala Manuel García). Claude Debussy: Préludes. Álvaro Campos Jareño, piano. Ciclo de Jóvenes Intérpretes
Claude Debussy © The Print Collector/Heritage

El tradicional ciclo del Teatro de la Maestranza dedicado a jóvenes intérpretes ha traído en esta ocasión la posibilidad de contemplar las cualidades de un excelente Álvaro Campos frente a una obra tan impresionante como son los Preludios de Debussy y, además, en una oportunidad extraordinaria de disfrutarlos al completo. Nacido en Brenes y formado en el Conservatorio Francisco Guerrero de Sevilla y en el Superior de Aragón, Campos ha perfeccionado posteriormente sus estudios en Centroeuropa hasta llegar a la treintena con una formación consistente que, como pudimos comprobar en esta ocasión, le permite afrontar con gran solvencia una obra de esta envergadura. 

Y es que, como es sabido, el título de los Preludios revela la intención de Claude Debussy de homenajear a los homónimos de Chopin (quien a su vez se inspira en Bach), reuniendo una de las mayores expresiones musicales del impresionismo o, más certeramente, del simbolismo como afirma Álvaro Cabezas en sus notas al programa: “efectivamente es con este movimiento artístico y no con el impresionismo con el que debe relacionarse a Debussy. Su adscripción a este último se debe a que, gracias a que el autor eliminara la vertiente percutiva del piano de sus composiciones, consiguió un sonido más elegante y distinguido, más colorista que armónico (…) Por inspiración y sentido, en su música se encuentran vínculos con la pintura simbolista de Redon o Moreau, sobre todo porque no se trata de una melodía descriptiva, sino subjetiva y evocadora, casi onírica, en definitiva, un misterio por descifrar como establecía el primer manifiesto del movimiento escrito por Moréas. Quizá sea por eso que los títulos de enorme sugerencia que introdujo en cada uno de estos preludios, los colocara al final de la pieza, buscando que el oyente no los conociera antes de poder escucharlos. Así no era condicionado por la grafía del compositor, sino sólo por su sonido”.

Y con esta maravillosa libertad creativa, Debussy plantea la equivalente en el plano interpretativo y en el meramente auditivo. En este sentido, la interpretación de Álvaro Campos, sustentada incuestionablemente en una técnica de gran fuste, destiló una gran frescura y personalidad. Y es que el pianista sevillano supo sublimar la enorme dificultad de ofrecer todas estas apasionantes miniaturas de una sola vez, ofreciendo una experiencia única a través del sinfín de sensaciones, “impresiones”, emociones, colores y sonoridades que plantea el compositor francés. Su sentido del color, la habilidad en el manejo del pedal y el logrado peso expresivo de cada nota fueron parte de sus virtudes.

Es difícil mantener la uniformidad en una obra tan compleja y Campos lo logró admirablemente con la habilidad de trazar una suerte de crescendo interpretativo a lo largo de la velada, en la que destacó la hermosa serenidad y belleza de La cathédrale engloutie, ofreciendo lo mejor en un segundo cuaderno donde brilló la sensualidad de La puerta del vino o las sutilezas dinámicas de Canope, por citar algunos ejemplos significativos. 

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