Artes visuales y exposiciones

Die Erfindung von Paris. Dos siglos de miradas germánicas sobre La Ciudad Luz

Juan Carlos Tellechea

viernes, 15 de marzo de 2019
Die Erfindung von Paris © 2018 by Deutsches Literatur Archiv

Durante siglos se ha leido, pensado y escrito sobre París, desde la céltica Lutetia Parisiorum prerromana (asentamiento principal de la tribu gala de los parisios) y romana, mencionada por Julio Cesar por vez primera en el 53 aC (La guerra de las Galias) hasta nuestros días. En la consistencia de su realidad y en la vertiginosa fugacidad de sus rasgos y gestos, la capital francesa personifica tanto un libro abierto, como otro con siete sellos. En sus páginas se puede leer tanto sobre lo inquisitivo, como sobre los sueños; sobre las vanguardias, como sobre los arquéologos; sobre los enciclopedistas, como sobre los estructuralistas; sobre los músicos, compositores y coreógrafos, como sobre los luthiers, cantantes, y bailarines; sobre los pintores, como sobre los fotógrafos; sobre los refugiados que huyen de las guerras, persecuciones religiosas y racistas y de las dictaduras, como sobre los turistas y los coleccionistas. Algunos encuentran en París la ciudad del amor, otros la capital del siglo XIX.

Estos son algunos de los múltiples e interesantes aspectos abordados en una estupenda exposición titulada Die Erfindung von Paris (La invención de París) que tiene lugar en estos meses (desde el 13 de junio de 2018 al 31 de marzo de 2019) en el Museo de Literatura Moderna perteneciente al Deutsches Literatur Archiv, DLA [Archivo Alemán de Literatura] de Marbach, ciudad natal del célebre escritor, dramaturgo, poeta y filósofo alemán Friedrich Schiller (1759-1805), uno de los más grandes pensadores que dio en su historia este país.

El catálogo de 352 páginas que acompaña la exhibición fue editado por sus comisarias, Susanna Brogi, directora del Archivo de Arte de Alemania, del Museo Nacional Germánico de Nuremberg, y Ellen Strittmatter, ex directora de los varios Museos de los Archivos de Literatura reunidos en el DLA, y desde este año jefe de la sección de Arte del Instituto para las Relaciones Internacionales, (IfA) de Stuttgart.

Borgi y Strittmatter sostienen la tesis de que el mito de la Ciudad Luz fue creado por la fantasía de una serie de célebres escritores y fotógrafos alemanes que influyeron en nuestra percepción. Cuadernos de apuntes y bocetos, cartas, documentos, imágenes fotográficas y objetos personales; un total de 200 piezas han sido reunidas en la muestra gracias al apoyo de archivos y fundaciones que conservan el legado de intelectuales famosos que vivieron, se inspiraron y diseñaron la Ciudad Luz sobre papel, día y noche, como Heinrich Heine, Walter Benjamin, Rainer Maria Rilke, Helen y Franz Hessel, Joseph Roth, Kurt Tucholsky, Claire e Yvan Goll, Felix Hartlaub, Ernst Jünger, Paul Celan, Heinz Czechowski, Peter Handke, Paul Nizon y Undine Gruenter.

En la exposición pueden seguirse paso a paso las huellas de estos inventores de París en sus deambulaciones por la ciudad, explorando sus calles, avenidas y rincones, como el barrio del antiguo mercado de Les Halles, con la mirada atenta y los modos de andar correspondientes a sus producciones literarias.

Al principio de esta serie está Heinrich Heine (pariente lejano, por vía materna, y amigo entrañable de Karl Marx; se conocieron personalmente en la capital francesa en 1843), quien descubrió París a partir de 1831 para todos los que se exiliaron o se inspiraron allí en los siglos XIX y XX. Movido por la diversidad y el dinamismo de la ciudad, su historia, sus festividades y sus colores, Heine inventó el discurso de París como una aventura espiritual, evoca hoy el periodista y germanista Karl Heinz Bohrer (Colonia, 1932).

Lo mejor es dejarse llevar, sencillamente, desde las célebres plazas con sus monumentos y transitados bulevares hasta los barrios más apartados (verbigracia, Chaville, suroeste de París), donde detrás de los cristales de un bistró se puede descubrir, por ejemplo, al escritor, realizador y guionista cinematográfico austríaco Peter Handke (Griffen/Carintia, 1942) leyendo un periódico. De Handke evocamos el drama El pupilo quiere ser tutor (1969), una de sus obras maestras, y el filme El cielo de Berlín (1987), de Wim Wenders, para el que escribió el guión.

Paris es una de las ciudades más visitadas del mundo. Atracciones turísticas como Notre Dame, Louvre, Les Invalides, Sacré-Coeur, Quartier Latin, Centre Pompidou, Arc de Triomphe, los puentes del Sena y el Jardin du Luxembourg, fueron fotografiadas millones de veces y figuran en todas las guías de viajeros. 

Se ve lo que se conoce, reza el lema de una antigua guía de viaje. Cada visitante de París sigue hoy los rastros de quienes vagaron por la ciudad antes que él y se mueve en una densa red de mitos y clichés sobre lo que hay que ver y saber allí.

El peregrino tiene bastante para elegir en París: la Capital de la revolución, según Heinrich Heine; la Capital del siglo XIX, decía el filósofo y crítico Walter Benjamin (1892-1940), próximo a la Escuela de Frankfurt y amigo de Theodor W. Adorno (1903-1969); la Capital del mundo, afirmaba el escritor y periodista austro-húngaro Joseph Roth (1894-1939); la Ciudad de las ciudades, para el sociólogo, filósofo e historiador Siegfried Kracauer (1889-1966) fundador de la sociología del cine; la Patria de los extranjeros, de acuerdo con el escritor Franz Hessel (1880 - 1941); la Ciudad ficticia, del poeta franco-alemán Yvan Goll (1891-1950); Símbolo y fortaleza del ancestral legado de la vida, según el escritor y entomólogo Ernst Jünger (1895-1998): La amante ajena que nunca será conquistada, del escritor e historiador de arte suizo Paul Nizon (1929). En fin, la ciudad del amor y de la embriaguez, de los andorreros y de los exiliados, de los surrealistas y de la moda, de los existencialistas y de los postestructuralistas, de la técnica moderna y de la fotografía.

El escritor y arquitecto suizo Max Frisch (1911-1991) se mostraba deprimido, porque todo había sido descrito ya y además magistralmente. Ese conocimiento previo puede a veces deprimirlo a uno, anotaba Frisch en su Diario 1946-1949, publicado en 1950. El placer de bosquejar a París perece siempre al tomar conciencia de que ha sido todo hecho y además magistralmente...No hay nada en esta ciudad que millones ya no hayan hecho, visto, pintado, escrito o vivido, afirmaba.

El problema lo conocía también la escritora Undine Gruenter (1952-2002), esposa del germanista Karl Heinz Bohrer (mencionado más arriba) y prematuramente fallecida a consecuencias de la enfermedad neurodegenerativa ALS. Gruenter, quien vivía en París desde 1987, describía a la capital francesa como un campo desherbado, como si nadie pudiera elegir a esta ciudad como punto de fuga, apuntaba en su novela Una imagen de la agitación (Bild der Unruhe), de 1986. Y continuaba, sí, a veces pensaba en sumergirme en un tópico, ese podría ser un comienzo. 

La exposición de Marbach es el lugar exacto para quien no le tema a los lugares comunes y se deje guiar por el dictado de Umberto Eco (1932-2016), según el cual dos clichés nos hacen reír, pero cien, por el contrario, nos conmueven, porque percibimos vagamente que los clichés hablan entre ellos y celebran una reunión. La presentación invita al visitante a recorrerla a través de las imágenes de París que bosquejaron autores de habla alemana en los últimos dos siglos. Diecisiete de ellos fueron elegidos por las encargadas de la muestra y se apoyaron fundamentalmente en los fondos del Archivo Alemán de Literatura. Solo sobre los tres visitantes de París que se encuentran cronológicamente al inicio de la exposición, Heinrich Heine, Rainer Maria Rilke (1875-1926) y Walter Benjamin hubo que recurrir a archivos de instituciones amigas.

A juicio de las responsables de la exhibición, fue el exiliado Heine el inventor del discurso sobre París en la literatura alemana con los suplementos culturales que preparaba desde la capital francesa. Rainer Maria Rilke, por su parte, en su novela semiautobiográfica Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910), define a París como el prototipo de la gran ciudad moderna con todos sus inquietantes aspectos.

Benjamin, a su vez, en su proyecto inconcluso sobre Los pasajes (de las galerías comerciales) parisinos (1927-1940) procuraba sublimarlos, nada menos, que como una teoría sobre el capitalismo moderno.

Las décadas de 1920 y 1930 constituyen el mayor peso de la exposición con Franz y Helen Hessel, Claire e Yvan Goll, el periodista y escritor Kurt Tucholsky (1890-1935), Siegfried Kracauer y Joseph Roth. Mientras que para estos autores París era la puerta grande hacia el mundo de la buena vida, de la moda y del arte, tras haber sobrevivido la Primera Guerra Mundial (1914-1918), para los escritores proscritos en la Alemania nazi en la década de 1930 la capital francesa era el lugar del exilio. En 1940 llegaron más alemanes aún, militares que ocuparon la ciudad, entre ellos el oficial Ernst Jünger y el joven historiador Felix Hartlaub (1913-1945).

Jünger alcanzó gran éxito de ventas con su libro Strahlungen (Irradiaciones), publicado en 1949 ni bien se levantó la prohibición que pesaba sobre las editoriales inmediatamente despúes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La obra, muy controvertida, contenía las anotaciones de su diario desde el 18 de febrero de 1941 al 11 de abril de 1945 durante la ocupación de París por los nazis., así como su viaje al frente caucásico y el período que pasó en su localidad natal Kirchhorst, cerca de Hannover (Baja Sajonia), pocos días antes del fin de la conflagración bélica.

La generación de postguerra está representada en la exhibición por el poeta alemán de origen judío rumano Paul Celan (1920-1970), así como por Peter Handke, Paul Nizon y Undine Gruenter. Celan es considerado por la crítica como el más grande de los líricos en lengua alemana de este período.

En sus más de 800 poemas, Celan sostiene un diálogo intelectual inclemente con la obra de varios filósofos como Martin Heidegger (1889-1976), Walter Benjamin y Theodor Adorno, autor este último de la famosa frase, según la cual no es posible escribir poesía después del genocidio perpetrado en el campo de exterminio nazi de Auschwitz (liberado por el Ejército Rojo de la Unión Soviética el 27 de enero de 1945). Adorno, aunque se interesó por la obra de Celan, no le prestó la atención que el poeta esperaba.

En 1952 el poeta escribía Alabanza de lo lejano*:

En el venero de tus ojos

viven las redes de los pescadores de la mar errabunda.

En el venero de tus ojos

el mar mantiene su promesa.

En ella arrojo yo,

un corazón que entre los hombres ha morado,

lejos de mí mis vestiduras y el resplandor de un juramento. 

Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy.

Tan sólo al desertar soy fiel.

Yo soy tú cuando soy yo.

En el venero de tus ojos

derivo y sueño un rapto.

En una red, una red queda apresada

y nos abandonamos enlazados.

En el venero de tus ojos

estrangula su cuerda un ahorcado.

Celan se suicidó arrojándose al Sena desde el puente de Mirabeau, presumiblemente en la noche del 19 al 20 de abril de 1970; su cuerpo fue hallado el 1 de mayo siguiente en Courbevoie, diez kilómetros río abajo de París. Recientemente el Archivo Alemán de Literatura de Marbach adquirió en una subasta en Berlín, con fondos de la Fundación Alfried Krupp von Bohlen und Halbach, un lote de cartas inéditas (con un poema) de Paul Celan dirigidas en 1951 a una amiga suya, Hannele (se desconoce su identidad verdadera que es investigada en estos momentos). Las misivas fueron enviadas poco antes de conocer a su futura esposa, Gisèle Lestrange, y son relevantes no solo por describir la vida de Celan en París, sino también por dar detalles sobre el historial de sus publicaciones, cerrando así un vacío en el amplio legado del autor conservado en el DLA. Èste comprende 116 cajas de archivo que contienen manuscritos, cartas, traducciones y otros documentos. La biblioteca de Celan, también en Marbach, reune 4.697 libros y muchas revistas y es una de las más consultadas en la institución. El poema al que se hace referencia más arriba fue publicado, con algunos cambios, en el volumen Amapola y memoria

Mientras Roma era válidamente la Ciudad Eterna para los escritores alemanes desde la época clásica de Johann Wolfgang von Goethe (1749 - 1832), París era la Ciudad de la Modernidad, según Brogi y Strittmatter. Pero quizás sea esta solo una visión alemana, porque para los intelectuales como Henry James, Ezra Pound y T. S. Eliot, e incluso para los expatriados de la Lost Generation (Gertrude Stein, John Dos Passos, Erneste Hemingway, Erskine Caldwell, William Faulkner, John Steinbeck, Sherwood Anderson, Djuna Barnes, Dorothy Parker y Francis Scott Fitzgerald), término acuñado por el propio Hemingway en el epígrafe de Fiesta (1926) y en sus memorias París era una fiesta, publicadas póstumamente en 1964, la Ciudad Luz era era más bien la imagen opuesta a la dinámica modernidad estadounidense, algo así como la feliz vieja Europa. 

Como no se sentían demasiado confiadas en la tesis de que los escritores fueron quienes inventaron el mito de París, las comisarias deslizaron una segunda proposición. También la fotografía, como un importante medio moderno, acuñó nuestra imagen sobre París. Además de los manuscritos se agregaron en Marbach las galerías fotográficas como la de Mario von Bucovich que captó en 1928 las plazas y los bulevares parisinos; la de Yvon (seudónimo de Jean Pierre Yves Petit), quien inmortalizó las atracciones de la ciudad en tarjetas postales (una de ellas enviada también por Walter Benjamin), y la de Georg Stefan Troller, quien eternizó con sus tomas los pintorescos patios traseros de los barrios miserables de la ciudad.

Gisèle Freund retrató en 1938 a Benjamin mientras éste investigaba en la Bibliothèque Nationale de France, en la rue Richelieu al número 5 (2e. Arrondissement); y Barbara Klemm en 2000 a Peter Handke en el bistró de marras (en cuya pizarra se anunciaba el menú del día: riñones de cerdo en salsa y conejo a las dos mostazas). La muestra llega casi hasta nuestros días con las fotos de Mirko Krizanovic (nacido en Yugoslavia y desde 1969 en Alemania) sobre las manifestaciones de solidaridad, tras el atentado contra Charlie Hebdo en 2015.

El Movimiento de los Chalecos Amarillos (Mouvement des Gilets Jaunes) y el de los Fulares Rojos (Mouvement des Fourlards Rouges) son demasiado recientes (octubre y noviembre de 2018, respectivamente) como para haberlos podido integrar en esta exposición. Pero, con sus gentes de nuevo en las calles ya vuelve a darse vida al mítico conjuro de París como capital de la libertad y la revolución.

Notas

Paul Celan, poema de "Amapola y memoria", versión de José Ángel Valente de "Mohn und Gedächtnis"

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