Alemania

Pepe Romero: una leyenda

Juan Carlos Tellechea

jueves, 14 de marzo de 2019
Düsseldorf, sábado, 9 de marzo de 2019. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Federico Moreno Torroba (1891 – 1982), Concierto en Flamenco para guitarra y orquesta. Joaquín Rodrigo (1901 – 1999), Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta. Georges Bizet (1838 – 1875), Suites de L'Arlésienne nº 1 y nº 2. Solista de guitarra, Pepe Romero. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director, John Neal Axelrod. Organizador Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf. Asistencia: 100% del aforo
Pepe Romero © peperomero.com

El legendario guitarrista español Pepe Romero ofreció un emocionante concierto este sábado 9 de marzo en Düsseldorf, acompañado por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por John Neal Axelrod. Romero inició así una intensa gira por Alemania durante la que su público le tributará un merecido homenaje en su 75º cumpleaños. Al recital, organizado por Heinersdorff Konzerte, acudieron más de mil espectadores, venidos no solo de las localidades alemanas cercanas de la Baja Renania y de la Cuenca del Ruhr, sino tambien de zonas fronterizas aledañas de Bélgica, Países Bajos y hasta de Francia. 

Fuera había llovido a cántaros esa tarde y el fuerte temporal con vientos de hasta 110 kilómetros por hora había amainado junto al mítico Rin. Dentro, bajo la cúpula tachonada de estrellas de la Tonhalle, reinaba (¡nunca antes tan oportuno el término!) una calidez sevillana en esta velada dedicada a dos grandes compositores españoles, Federico Moreno Torroba y Joaquín Rodrigo, así como a Georges Bizet. Sus suites de L'Arlésienne enmarcaron el fuerte colorido español predominante en esta sala. 

A menudo se exagera un poco en el mundo de la música clásica cuando se habla de leyendas vivas. Pero en el caso de Pepe Romero el calificativo está pefectamente aplicado. Por supuesto, la edad no es suficiente para que alguien se convierta en una figura legendaria. Romero es además un fenómeno singular en el dificil y refinado arte de tocar la guitarra clásica y este sábado el público, de pie, lo ovacionó con un ensordecedor estallido de aplausos, silbatinas y exclamaciones de aprobación, pocas veces visto aquí. 

Vástago de primera generación de la muy apreciada dinastía de Los Romeros, la celebridad de Pepe en Alemania, y en Europa, en general, es mayor de la que goza en su propia y querida Madre Patria. No cabe la menor duda de que nadie es profeta en su tierra ni puede aguardar en vida ser comprendido o ensalzado por sus paisanos. Pero, por estos lares es vitoreado por jóvenes y no tan jóvenes como quien, salvando las distancias, ovaciona a uno de los Beatles o de los Rolling Stones

Antes, la platea había guardado el más absoluto silencio, dejando que el embrujo de la guitarra, con los palos del flamenco en exquisita simbiosis con la música sinfónica, penetrase en sus corazones. El maravilloso Concierto en Flamenco (1962) de Federico Moreno Torroba, dedicado al también legendario Agustín Castellón Campos Sabicas, mencionado como coautor, así como gran inspirador y consejero del célebre autor de Luisa Fernanda y de La chulapona, dura veintisiete minutos y suena como una pieza vanguardista, convertida ya en un clásico moderno. 

Lo mismo que en el jazz, en el flamenco no está todo contenido en las notas escritas en el pentagrama; hay una actitud y un universo de emociones que no es posible verter sobre el papel y que el guitarrista no mama en una academia o en un conservatorio. Pepe Romero ha aprendido este sensible cosmos de su padre y de otros grandes y hoy es quizás uno de los pocos capaces de tocar este concierto con la visión, la sintonía y la compenetración correctas. 

En el Fandango, desplegado con gran precisión, se entabla una lucha guerrera entre el solista y la orquesta, de la que el virtuosismo por ambas partes sale por fin triunfante. Brillan además las intervenciones de las cuerdas (especialmente los violonchelos) y de las maderas, así como, ¡vaya detalle!, la acertada pincelada, muy exacta, del arpa junto a la guitarra. Hay mucha armonía y minuciosidad en la ejecución orquestal y la música fluye magistralmente libre desde y hacia la guitarra. 

La Farruca, precedida por un hermoso trabajo de cuerdas, es portadora de una enorme fuerza vital, magistralmente transmitida a los espectadores; las Alegrías de Cádiz ayudan a entablar un precioso diálogo entre el solista y el colectivo, dirigido con gran ajuste, elegancia y soltura por Axelrod; hasta que en las Bulerías Pepe Romero nos muestra cómo es posible que las audiencias abstraigan en sus mentes esas fuertes imágenes de toque, cante, palmas y baile cuando una guitarra mágica como esta suena con tanta pasión e intensidad como lo hace ahora. 

Los públicos por estas latitudes, respetuosamente, no acostumbran a animar a los músicos entre los diversos movimientos de una pieza ni a gritar ¡olé!!! o ¡hala!!!, aunque de buena gana lo harían cuando la intensidad de la música, llegada al clímax, despierta el fuego en sus espíritus. Si bien sienten esa vehemencia, optan por contenerse durante todo el tiempo hasta que estallan en aplausos irrefrenables al oír que concluye la vibración final. Así ocurrió esta tarde y con la misma consideración y respeto que se tiene ante obras sinfónicas de Ludwig van Beethoven, Wolfgang Amadé Mozart, Johann Sebastian Bach o Gustav Mahler, por citar a algunos de los más encumbrados compositores. 

Tras el intervalo, la segunda parte estuvo consagrada al Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. La riqueza musical de la tradición popular española fascina a la platea. Tanto la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla como Pepe Romero son fieles y dignos representantes de ese maravilloso legado. Cualquiera que haya escuchado tocar una guitarra en medio de una gran orquesta sabe de las dificultades que experimenta este instrumento para destacarse con su debil volumen. Axelrod cuida mucho este aspecto y adopta en todo momento una dirección casi de cámara, un estilo muy moderado para apoyar y acompañar al maestro consecuentemente. 

El desempeño de Pepe Romero se destaca no solo por la entrega, la precisión, la naturalidad, la riqueza de color y el brillo de su toque, sino también por su audibilidad. En una sala como la de la Tonhalle, cuya acústica está entre las mejores de Alemania, su instrumento se oye muy bien desde cualquier sector, por más distante que esté del escenario. Hay un derroche de vitalidad  y energía con implacable ritmo en el Allegro con spirito; mucho sentimiento, tristeza y reflexión en el diálogo entre la guitarra, el corno inglés, el fagot, el oboe y la trompa en el Adagio; y un final danzado, saltarín, juguetón en el Allegro gentile

¡¿Cómo iba a poder retirarse Pepe Romero del escenario sin un bis?! La platea lo aclamaba a rabiar y no lo dejaba ir. En esta oportunidad la propina fue Fantasía (quinto movimiento de la Suite Andaluza, publicada en 1982) de su padre, Celedonio Romero (Cienfuegos, Cuba, 1913 – San Diego, Estados Unidos, 1996), dedicada nada menos que a mi hijo el gran guitarrista Pepe Romero, tocada por este con gran sentimiento y brío, impecables rasgueados, efusivos arpegios, golpeteos sobre la caja, sugestivos trémolos, firmes alzapúas, un ágil pizzicato y una veloz tambora que de nuevo volvieron a llevar a la ebullición a los espectadores. 

Al comienzo y al cierre del concierto sonó la música incidental (repartida, respectivamente, en la Suite número 1 y la número 2) de la obra de Alphonse Daudet L'Arlésienne compuesta por Bizet para el estreno de la pieza en el Teatro Vodevil (hoy Paramount) el 1 de octubre de 1872. De partida la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla se luce sobremanera aquí con la fuerza y energía del Prélude. Allegro, Tempo di marcia; subyuga con el Menuett. Allegro giocoso; invita a la danza con el Adagietto; y vuelve a la extrema precisión de un reloj suizo en el Carillon. Allegreto moderato. Al final, en la segunda suite, arreglada y publicada póstumamente en 1879, cuatro años después de la prematura muerte del compositor, el colectivo musical sevillano vuelve a mostrarnos su magnificencia en la Pastorale. Andante sostenuto assai – Andantino; su impecable meticulosidad en el Intermezzo. Andante moderato; la excelente labor de sus maderas en el juglaresco Menuett. Andantino quasi allegretto;  y el firme trajinar de sus cuerdas y metales en el baile provenzal de la Farandole: Allegro deciso – Allegro vivo e deciso

¿Un bis?, ¡¿como no?!, Dos veces consecutivas (entremedio Axelrodt se dirigió al público, hablando en perfecto alemán, para evocar que hacía 26 años había debutado en esta misma sala con una orquesta como director invitado y que ahora lo hacía como director principal de este colectivo): la celebérrima Habanera, de la ópera Carmen, de Bizet (ni más ni menos que con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, instalada -imaginemos la escena- junto al Guadalquivir y frente al imponente portalón de entrada de la fábrica de tabacos) cantada, en parte, por el público... L'amour est un oiseau rebelle / Que nul ne peut apprivoiser, / Et c'est bien en vain qu'on l'appelle, / S'il lumi convient de refuser. / Rien n'y fait, menace ou prière, / L'un parle bien, l'autre se tait; / Et c'est l'autre que je préfère / Il n'a rien dit; mais il me plaît. / L'amour! L'amour! L'amour! L'amour! ¡Vaya memorable tarde sevillana !!! 

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