Artes visuales y exposiciones

Londres en primavera

Maruxa Baliñas

jueves, 28 de marzo de 2019
Bill Viola, Tristan’s Ascension (2005) © Bill Viola Studio, 2019

Ciudad turística prácticamente desde la Edad Media, Londres está siempre muy atenta a presentar algo nuevo que pueda atraer y asombrar a los visitantes. Incluso en este momento difícil económica y políticamente, con el indeciso Brexit a las puertas, los museos y galerías de Londres tienen mucho que ofrecer. Estas son sólo algunas de las exposiciones que se presentan en este momento, y quiero empezar dejando claro que no es una selección rigurosa, sino simplemente lo que me apeteció ver entre las muchas posibilidades existentes. 

Dos exposiciones muy distintas me 'llenaron el ojo', nunca mejor dicho. En primer lugar la de miniaturas isabelinas en la National Portrait Gallery, una exposición que podríamos considerar 'clásica': presentación de dos artistas y una selección correcta de sus obras, destinadas a aumentar el conocimiento de los visitantes, al tiempo que hacerles disfrutar de algo realmente bello. Por otro lado la de los dibujos de Miguel Ángel y las obras que realizó Bill Viola a partir de estos dibujos, en la Royal Academy of Arts, que responden a otro modelo expositivo muy distinto, basado en el concepto y no tanto en el contenido, donde se aprende poco pero se siente mucho. 

Decepcionante me resultó en cambio la Tate Modern, que -al contrario que en visitas anteriores- tenía poco que ofrecer. Las estrellas eran una exposición sobre Pierre Bonnard (The C C Land Exhibition. Pierre Bonnard. The Colour of Memory) que se mantendrá hasta el 6 de mayo, y otra sobre Franz West, que continuará hasta el 2 de junio. En los últimos años se han realizado varias exposiciones sobre Bonnard, algunas de las cuales presentaron visiones distintas de su obra. Pero la Tate Modern se limitó a una exposición ordenada cronológicamente, con muchos cuadros, pero en la que se repetían los mismos conceptos de una sala a otra: a Bonnard le gustaban los jardines, su mujer bañándose y los gatos. Con la información que se daba, Bonnard aparecía como un pintor poco variado. No se argumentaba expositivamente el interés de Bonnard: podría ser igualmente la galería Shothebys anunciando una subasta del pintor y los contenidos serían los mismos. 

Más discretamente anunciada, la Tate Modern tenía una exposición sobre artes plásticas en la República de Weimar (Magic Realism: Art in Weimar Germany 1919-33), abierta hasta el 14 de julio. No eran muchas las obras presentadas, y recuerdo haber visto en Frankfurt un par de exposiciones sobre estos mismos años más completas y variadas, pero la de la Tate Modern merece la pena. Las explicaciones son interesantes y aptas tanto para el que no conoce esta etapa como para el que ya es relativamente experto. Las obras se ordenaban temáticamente y el discurso era claro: la República de Weimar fue una época pésima desde el punto de vista económico y social, pero artísticamente significó una ruptura grande con la tradición, y -como pasó en otras épocas de crisis- el nivel de creatividad era muy alto, y las obras resultan absolutamente fascinantes. Además -para los aficionados a la música- aunque esta no se mencionaba específicamente, era inevitable aplicar los conceptos de modernidad, cambio, nuevas realidades sociales, ruptura de las fronteras entre el gran arte y el arte de consumo, a la música, esa Entarte Musik que tanto marcó la música posterior, aunque se mencione tan poco. La cuarta exposición de la Tate Modern está dedicada a Dorothea Tanning, hasta el 6 de junio, y como hace poquísimo tiempo que visité la que le ha dedicado el Museo Reina Sofía en Madrid, no entré a verla (en la Tate Modern la entrada a la colección es gratuita, pero las exposiciones temporales resultan caras si se quiere ir a más de una, porque se pagan individualmente). 

No tiene sentido a estas alturas hablar del atractivo de la National Portrait Gallery de Londres. Un museo en principio tan específico como este dedicado a las grandes figuras de la cultura británica y del mundo, donde el centro de atención es el personaje y no el artista que lo retrata, no debería haberse convertido en un 'must', pero la gestión museística es tan buena que ha acabado siendo así. Se nota que están haciendo un gran esfuerzo por crear un museo del siglo XXI, que incorpore a las mujeres, a la gente de la calle y a los provenientes de culturas no occidentales en igualdad de condiciones. Lógicamente aún no lo han conseguido, pero la mera intención ya marca un estilo propio del museo, y es muy fácil encontrar alguna sala que te atraiga mucho (en mi caso los restos de las exposiciones dedicadas al centenario del sufragismo en 2018, y los recuerdos que aún se vendían en la tienda del museo). En esta ocasión -como mencioné al principio de esta reseña- iba a ver las miniaturas isabelinas (ElizabethanTreasures. Miniatures by Hilliard and Oliver, hasta el 19 de mayo) pintadas por dos artistas que conocía escasamente de nombre, Nicholas Hilliard (1547-1619) e Isaac Oliver (c. 1565-1617), quienes trabajaron principalmente coincidiendo con el reinado de Isabel I, aunque no sólo para ella y su corte, sino también para la burguesía del momento, que ya tenía un poder económico grande. Tras la visita a la exposición sólo puedo decir que estoy mucho más enamorada de estas miniaturas, que sé más de ellas y que hasta creo que puedo distinguir las obras de Hilliard de las de Oliver. A esto contribuye en buena medida el hecho de que la National Portrait Gallery, gratuitamente, te presta unas enormes lupas para que puedas mirar a tu gusto los detalles. 

La National Gallery, que como está al lado de la National Portrait Gallery se combina muy bien, presenta una pequeña exposición de Boilly: Scenes of Parisian Life
(28 de febrero a 19 de mayo). El pasado 18 de marzo inauguraron además en la National Gallery la gran exposición de Sorolla, pero en ese momento sólo tenían la de Boilly, que no parecía una gran apuesta y a la que entramos casi de paso. Y sin embargo nos quedamos mucho más tiempo del calculado. Louis-Léopold Boilly (1761-1845) no es un pintor maravilloso pero le tocó vivir una época muy interesante en París: el final del Ancient Régime, la Revolución Francesa, la época napoleónica y la Restauración Borbónica, y sus escenas callejeras de París -llenas de detalles- resultan un precioso y preciso repaso de todos estos cambios históricos. 

La exposición que más me impresionó fue la de Bill Viola y los dibujos de Miguel Ángel (Bill Viola / Michelangelo. Life, Death, Rebirth. 26 de enero a 31 de marzo de 2019) en la Royal Academy of Arts. No es una exposición fácil de ver, algunas de las imágenes resultan casi desagradables, y más 'difíciles' aún son los temas tratados: principalmente la vida y la muerte, y las fronteras o tránsitos de uno a otro estado. Pero por otro lado el ciclo de la vida es quizá lo más bello del mundo. Empezar la exposición viendo unas grandes pantallas donde nace un bebé en medio de los gemidos y gritos de la madre, y justo al lado la madre de Bill Viola está agonizando y fallece en un enorme silencio, es impactante. Finalizar con las imágenes del montaje de Viola para el Tristán e Isolda wagneriano del Teatro de la Bastilla de París en 2005, no llega a calmar la tensión, pero quizás la mitiga, con ese reconocimiento de que todo lo que muere renace. En medio imágenes y más imágenes, gigantes y coloridas en Viola, pequeñas y desdibujadas en esos dibujos de Miguel Ángel que parecen por comparación más suaves, pero en realidad cuentan lo mismo que Viola y muestran las mismas preocupaciones. Diversos textos de poemas de Miguel Ángel reproducidos en las paredes poco iluminadas daban el contrapunto literario a las imágenes. En algún momento eché de menos a Miguel Hernández y su poesía:

Llegó con tres heridas: 
la del amor, 
la de la muerte, 
la de la vida.

Con tres heridas viene: 
la de la vida, 
la del amor, 
la de la muerte.

Con tres heridas yo: 
la de la vida, 
la de la muerte, 
la del amor.

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