Artes visuales y exposiciones

Erträumte Reisen. Ernst Ludwig Kirchner en Suiza

Juan Carlos Tellechea

lunes, 18 de marzo de 2019
Erträumte Reisen © 2018 by Prestel Verlag

La sensacional e influyente obra de Ernst Ludwig Kirchner (1880–1938), cofundador del grupo artístico Die Brücke (El puente) y uno de los más conspicuos representantes del expresionismo alemán, ha sido expuesta en estos meses (desde el 16 de noviembre de 2018 al 3 de marzo de 2019) en una maravillosa exposición titulada Erträumte Reisen (Viajes soñados) del Bundeskunsthalle [Centro de Arte y Exposiciones de la República Federal de Alemania]. La exhibición reúne 180 cuadros, obra gráfica y esculturas de este creador. El hermoso catálogo de 370 páginas es de la editorial Prestel Verlag/Randomhouse.

Sobre todo la obra tardía de este genial artista asombró enormemente a los visitantes de la muestra. Kirchner nació en Aschaffenburgo (norte de Baviera) el 6 de mayo de 1880 y murió el 15 de junio de 1938 en Frauenkirch/Wildboden (cerca de Davos) Suiza el 15 de junio de 1938. Siendo aún estudiante de arquitectura de la Escuela Técnica Superior de Dresde fundó con otros tres compañeros suyos (Erich Hecker, Fritz Bleyl y Karl Schmidt-Rottluff) Die Brücke, una de las primeras corrientes vanguardistas del siglo XX que buscaba experimentar e innovar, así como protestar contra el academicismo y ciertos intentos para resucitar a la finada Belle Epoque.

El puente, así como el Blauer Reiter (del sur de Alemania), los dos movimientos expresionistas de este país, y los fauvistas de Francia marcaron el comienzo de una época de crisis y renovación en el arte. Sobre todo para quien tiene en mente los desnudos que pintaba Kirchner y sus lienzos sobre escenas callejeras y de prostitución en Berlín (Calle con buscona de rojo, de 1911, perteneciente a la colección del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid) queda impactado por la obra final que plasmó en Suiza. El Kirchner Museum de Davos, con el que se realiza esta muestra en cooperación, posee la colección más vasta de este creador.

La exhibición, una retrospectiva que aspiraba a cubrir aspectos de toda la obra de Kirchner, fue presentada en conferencia de prensa por el director general (intendente) de la Bundeskunsthalle, el neerlandés Reins Wolfs, y los comisarios Katharina Beisiegel y Thorsten Sadowsky.

Este maestro del expresionismo ha requerido siempre y requiere aún hoy un amplio espacio. Pero en este caso la conservadora de arte Beisiegel ha decidido cambiar el enfoque y dejar de lado la celebrada obra temprana (como la que puede admirarse habitualmente en el Museo Brücke de Berlín) que, sin embargo, en estos meses presenta asimismo los Años de Kirchner en Suiza a través de la colección del helvético Eberhard W. Kornfeld), para concentrarse en los trabajos de los últimos y en especial de los años intermedios (década de 1920), virtiendo nueva luz sobre importantes y peculiares aspectos de Kirchner.

En el cuadro Escena de balcón (1935) el artista juega un poco con las figuras y con los dobles contornos, mientras que en Pareja de acróbatas (1932/1933) lo hace de forma mucho más refinada aún reduciendo a un ornamento las siluetas de las dos atléticas mujeres que unen sus extremidades y arquean sus cuerpos, con tonalidades en negro y azul, prestando un gran ritmo, casi cinematográfico a la obra. De este mismo motivo y en similar período talló Kirchner una escultura de mediano formato en madera de pino suizo. Como todos se influenciaban recíprocamente entonces, no es de extrañar que en las recoletas y claras superficies de color refractado de Kirchner se descubran algunas sílabas de lenguajes ya conocidos a través de los clásicos modernos como Henri Matisse (uno de los fauvistas) y de Pablo Picasso.

Lamentablemente algunos de los cuadros altamente expresionistas de Kirchner no estuvieron allí, verbigracia sus bañistas, sus desnudos, la vida al aire libre en la isla de Fehmarn en el mar Báltico y en las lagunas de Moritzburgo, al norte de Dresde. Sus lienzos Joven azul al sol (1910), Dos desnudos en un árbol (1913), Habitación en el faro de Fehmarn (1913), están entre los mejores y los motivos que los inspiraron fueron documentados en fotografías expuestas en esta exposición.

Sin embargo, se tocaron algunos puntos menos conocidos y fue dable reconocer que no faltaba nada clave de su obra, incluso sus escenas callejeras estuvieron también presentes, aunque no con sus telas, sino con sus aguafuertes. Evoquemos que otro de los hitos de los artistas de Die Brücke fue el de rescatar para la posteridad la técnica de la xilografía (los grabados en madera propios de la Edad Media) casi olvidados hasta comienzos de la pasada centuria.

La exposición abordaba asimismo aspectos exóticos. Los artistas de El puente, como Max Pechstein y Emil Nolde (éste por breve lapso en el grupo) viajaron a los Mares del Sur. Pero, Kirchner no lo hizo nunca; buscó inspiracion en su taller, en el bosque, visitando el Museo Etnográfico de Dresde, el circo y los (hoy aberrantes) zoológicos humanos en los que eran expuestos africanos como algo muy normal (sí, el Imperio Alemán fue también una despiadada potencia colonial).

Kirchner contrató así a tres africanos de un circo como modelos para algunos de sus cuadros (por ejemplo, Bailarina negra, (1909/1911–1920). Al mismo tiempo coleccionó objetos no europeos, como el taburete recubierto con piel de leopardo, que llevó varias veces a sus dibujos y cuadros; otro tanto hizo con algunos bronces de Benín que trasladó a su obra gráfica. Hasta qué punto impulsó sus viajes espirituales ese contacto con las piezas de museo es una cuestión que queda librada al espectador.

Otro de los apartados interesantes fue el de su autoescenificación. Su taller en Berlín lo decoró con telas bordadas como si estuviera bajo una exótica carpa. El autorretrato El bebedor (1914) lo pintó en un momento de crisis. Quería evitar a toda costa que lo reclutaran para ir al frente de batalla durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y abusó del alcohol, así como de la morfina (a un costo muy elevado para su salud como se vió más tarde con sus depresiones y dolencias típicamente psicosomáticas; siguió siendo adicto a los fármacos con base en esa opiácea hasta su muerte). Los responsables de la exhibición procuraban mostrarlo como si participara en un juego de rol, en el que el artista (con su compleja personalidad) pretendiera probablemente representarse como un ser exótico, un africano, aún cuando pinta y dibuja sin cesar durante sus estancias en sanatorios en Suiza (como antes en Alemania).

Desde 1917 Kirchner vivió en Davos. Allí pinto paisajes alpinos, con montañas y árboles en tonos azul, rosa y violeta, mucho más sosegados que su obra temprana. Idílico resulta su paísaje del Sertigtal en otoño (1925/1926), con toda su distanciación, y sereno su Ayuntamiento, plaza de Davos (1931). Algunos de los motivos desarrollan una gran fuerza arcaica, como es el caso del lienzo Las tres ancianas (1925/1926) que Kirchner coloca como monumentos ante un panorama alpino.

El artista da un nuevo salto en su evolución en torno a 1930. De Picasso toma prestada la fusión de los rostros de frente y de perfil, verbigracia en la escultura tallada en madera Autorretrato con Erna (1933). Erna Schilling fue su compañera. Pese a no estar casados pudo llevar hasta su deceso en 1945 el nombre de Kirchner. En los cuadros más tardíos se aclaran las formas; Kirchner rodea las figuras con contornos dobles, que él denomina sombras de aire (Los arqueros, de 1935/1936). En la última fase quizás podría haber presentado su obra de forma todavía más sutil. Quién sabe adónde habría llegado.

Pero la anexión de Austria por la Alemania nazi en marzo de 1938 le causó un ataque de pánico. Pensaba que los alemanes iban a llegar hasta los Grisones a través de la frontera con Austria. Davos era un bastión de los nazis helvéticos. A último momento destruyó algunas de sus obras (grabados, esculturas) y se suicidó en plena calle (ante la alarma y estupor del vecindario) cerca de su casa en Wildboden. Se disparó dos tiros en el corazón con una pistola Browning, calibre 7,65. El arma tuvo que haber sido comprada por él entre 1920 y 1924 en Suiza. Se desconoce la fecha exacta y el motivo de la adquisición (si ya lo había planeado todo muy sigilosamente). Dos cartuchos fueron encontrados intactos en la recámara y otros tres en sus bolsillos. Ironía del destino: un hombre que odiaba la guerra y la violencia, puso fin a sus días de forma tan cruenta. Sus restos están enterrados en el cementerio Waldfriedhof de Davos. Un melancólico cuadro inconcluso quedó sobre el caballete en su taller: Rebaño de ovejas (1938).

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