DVD - Reseñas

El Haendel más pecaminoso

Raúl González Arévalo

lunes, 8 de abril de 2019
Handel: The Seven Dedaly Sins. Arias y oberturas de Belshazzar; Ariodante; Semele; L’allegro, il pensieroso ed il moderato; Lotario; Theodora; Rodelinda; Tamerlano; Esther; Flavio; Poro. Juan Sancho, tenor. Capella Cracoviensis. Jan Tomasz Adamus, director. Un CD (DDD) de 75 minutos de duración. Grabado en octubre de 2016 en la Radio de Cracovia (Polonia). ENCHIRIADIS EN2049. Distribuidor en España: Semele Music.

La voz de tenor no era la más solicitada en el barroco, salvo por la presencia de auténticas estrellas como Silvio Garghetti en Viena (figura recuperada recientemente por Markus Miesenberger en un recital para Pan Classics), o Francesco Borosini en Viena y en Londres, donde trabajó con Handel, un compositor que demandó esta cuerda tanto en ópera como en oratorio, como recordaban hace más de una década dos recitales de Ian Bostridge (Emi) y Mark Padmore (Harmonia Mundi).

En los últimos años el gran tenor barroco europeo tiene nombre español: Juan Sancho. El sevillano tiene ya a sus espaldas una discografía de primer orden, ligada a su asociación con George Petrou y su orquesta, Armonia Atenea, y al contratenor Max Emanuel Cenčić, con quienes ha grabado integrales referenciales para el sello Decca de Arminio y Alessandro de Handel, Siroe, re di Persia de Hasse y Catone in Utica de Vinci. Más recientemente Sancho se unía a las huestes de la Capella Cracoviensis que dirige Jan Tomasz Adamus para regalar un impecable Adriano in Siria de Pegolesi liderado por Franco Fagioli, mientras que el croata volvía a reclamarle junto a los polacos para la primicia mundial de Germanico in Germania de Porpora. En todas las ocasiones realiza una contribución encomiable, decisiva para lograr el altísimo nivel que se aprecia en cada uno de los registros.

En un momento en el que las discográficas parecen apostar por recitales en solitario de cantantes que quieren apoyar y de los que con frecuencia no hay grabaciones integrales, el caso del tenor español es paradójico porque hace tiempo que su arte demandaba un disco en solitario. Las madureces alcanzadas, técnica y artística, han confluido para presentar un disco de lujo a partir de un proyecto absolutamente original, como es un viaje musical a través de los siete pecados mortales –gula, lujuria, pereza, avaricia, envidia, soberbia, ira– que lleva a la condenación y, si hay arrepentimiento, a la redención del creyente católico, a través de una cuidada selección de arias presentadas con oberturas, sinfonías y adagios de Belshazzar, Ariodante, Semele, L’allegro, il pensieroso ed il moderato, Lotario, Theodora, Rodelinda, Tamerlano, Esther, Flavio y Poro.

El genio de Halle ofrece como es sabido una paleta de recursos musicales extraordinariamente variados para tratar los afectos barrocos a través de cada uno de los pecados señalados. El resultado es extraordinario, de los largos pasajes vocalizados de Belshazzar (“Let festal joy”) y Semele (transmite toda la urgencia que requiere “Ah, take heed”) al pianissimo omnipresente a lo largo de “Come rather Goddess” de L’allegro. El maravilloso lirismo de que es capaz comparece de nuevo con “Pastorello d’un povero armento” de Rodelinda; “Forte e lieto andrei” de Tamerlano no tiene el heroísmo dramático de un Domingo, pero conoce indudablemente mejor el estilo, está más cómodo en la vocalización, y resulta más sugerente que Padmore porque la voz es más atractiva. El contraste con la doliente “Ai suoi piedi” que le sigue es notable. El recorrido concluye acertadamente con “Descend, kind pity” de Theodora, donde el lirismo y las notas ligadas confieren una dulzura y una calidad que no temen el recuerdo Richard Croft y superan la prestación de Kresimir Spicer en la reciente grabación de Christie (Erato). Además, la dicción es excelente en inglés como en italiano.

La Capella Cracoviensis suena soberbia a las órdenes de Adamus, capaz de un gran dramatismo orquestal en la introducción al recitativo de Rodelinda, de delicadeza en las piezas más líricas y de ímpetu en piezas como el aria de Flavio. El virtuosismo técnico y sonoro es deslumbrante en todo momento y se erige en protagonista por derecho propio, luciéndose en los pasajes instrumentales. El sello español Enchiriadis, fundado por Raúl Mallavibarrena, se ha apuntado un tanto descomunal para los amantes del repertorio barroco.

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