Italia

Mariotti nos deja con su primer Don Giovanni

Lars Hvass Pujol

miércoles, 20 de marzo de 2019
Bolonia, sábado, 15 de diciembre de 2018. Teatro Comunale di Bologna. Wolfgang Amadè Mozart, Don Giovanni (versión del 1787, Praga), dramma giocoso en dos actos con libreto de Lorenzo Da Ponte, basado en el libretto Don Giovanni o sia il convitato di pietra de Giovanni Bertati. Jean-François Sivadier, dirección artística. Alexandre de Dardel, escenografía. Virginie Gervaise, vestuario. Philippe Berthomé, iluminación. 1.er elenco: Simone Alberghini, Don Giovanni. Stefan Kocan, Il Commendatore. Federica Lombardi, Donna Anna. Paolo Fanale, Don Ottavio. Salome Jicia, Donna Elvira. Vito Priante, Leporello. Roberto Lorenzi, Masetto. Lavinia Bini, Zerlina. Orquestra y Coro del Teatro Comunale di Bologna. Michele Mariotti, dirección musical. Nueva producción del Teatro Comunale di Bologna en coproducción con el Festival di Aix-en-Provence, Opéra National de Lorraine y Théâtres de la Ville de Luxembourg.
Michele Mariotti © mariotticonductor.com

Michele Mariotti ha sido el director musical del Teatro Comunale di Bologna desde el 2007, once años llenos de sucesos que le han ganado el respeto y la admiración del público boloñés, y que ha dado al teatro de esta ciudad una fama musical de todo respeto. Aparte de las indiscutibles capacidades musicales de Mariotti, han sido su capacidad de compenetración y cooperación con la orquestra y su carácter firme pero no despótico, los que han permitido que estos once años hayan dado tantos frutos y que el teatro haya sido capaz de sobrevivir a una grave crisis económica.

Con su debut con el Don Giovanni, Mariotti deja la dirección artística del Teatro Comunale di Bologna, tras haberse despedido de la programación sinfónica con la Orchestra del Teatro Comunale di Bologna en el Teatro Manzoni el 29 de noviembre. Fue un concierto memorable y emocionante en el que tocaron la Sinfonía 3 de Brahms y la Nuevo mundo de Dvořák. Como era de esperar conociendo Mariotti, el concierto acabó en lágrimas, amargas por un periodo de su vida que termina y de felicidad por el fuerte contacto humano entre Mariotti y su público, como dice él mismo “dejo un público fantástico, he sido muy amado, y he amado tanto esta ciudad, este público, esta orquestra, este coro, este teatro”.

Este Don Giovanni, desgraciadamente, no hace honor al trabajo de estos años, con una orquestra y un director que en la prima han estado poco en forma. Sin duda, el elenco flojo en muchos particulares y poco fuerte en su conjunto, no ha contribuido a la energía que esta ópera necesita, que Mozart necesita.

Don Giovanni ha sido interpretado por Simone Alberghini, de gran presencia escénica y teatralidad muy desarrollada, aunque parece que eso sea a detrimento de la constante calidad vocal, combinación que lo valoriza más en personajes cómicos. Difícil de valorar la actuación de Stefan Kocan como Commendatore, pues su posición escénica ha tenido como consecuencia una reducción considerable del volumen necesario para un personaje terrible y lapidario como la misma estatua. Paolo Fanale ha cantado la parte de Don Ottavio, Federica Lombardi la de Donna Anna y Salome Jicia la de Donna Elvira. La pareja bufa de Masetto y Zerlina ha funcionado bastante bien, interpretada por Roberto Lorenzi y Lavinia Bini, aunque podría haber ganado en comicidad con un poco más de ayuda de la dirección escénica. Ha destacado, por su gran sentido de la oratoria cantada y por su voz impecable, Vito Priante interpretando Leporello.

La parte más negativa de esta producción es sin duda alguna la dirección artística de Jean-François Sivadier. Hombre de teatro en prosa, actor y director artístico qua ha trabajado sobre todo en territorio francés, parece ser de la escuela que piensa que una idea genial baste para hacer todo un espectáculo. Su concepción desordenada y antiestética del desarrollo dramatúrgico lleva al espectador al tedio y el aborrecimiento de la escena, no solo porque no parece haber jerarquía en el plano visual, sino que tampoco parece haber lógica en el plano conceptual. Y es posible que en el mundo del teatro de prosa eso sea aceptado, pues grande escuela ha tenido ahí la destrucción del concepto, la destrucción de la estética y la destrucción de la misma dirección artística como pensamiento global y a la vez como atención al detalle.

Sin embargo, en el mundo de la ópera hay factores que no pueden ser olvidados. Por encima de la escena y del movimiento escénico, por encima del vestuario y de la iluminación, incluso se podría arriesgar a decir por encima del público, hay la música. Música que nos llena de un cierto balance estético, de una concepción dramatúrgica, de una historia, de una vitalidad. A nuestro parecer, es peligroso tomarse a la ligera todos esos factores, no estudiarlos, no mostrar respeto alguno por lo que el escritor del libreto, el compositor de la música, o el director del espectáculo realizado en su propia sociedad podían haber querido o habrían podido pensar acerca de su trabajo, de su ópera.

En esta producción Sivadier ha presentado un escenario vacío a nivel macroscópico, con los aparatos técnicos necesarios para la escena a la vista del público. Y ese espacio vacío lo ha llenado de factores inútiles como bombillas gigantes de colores, telas a pro de la separación escénica (que ponían en un apuro a los mismos cantantes)… Como detalle simbólico, el juego de escribir y borrar la palabra “libertad” en una pared de yeso rudo en la retro escena, en la que la letra “t” era una cruz. Poco eficaz la presentación de la estatua gigante del Commendatore que, en lugar de ir a la cena, aparece en manera pedestre de la pared de yeso (rota a golpes de pico para significar la rotura final de la vida de Don Giovanni), como igualmente poco eficaz la no caída de Don Giovanni al infierno, que continua a pasear por el mundo de los vivos (que imagino será ya el infierno para Sivadier) befándose de los personajes que han quedado en escena, mientras ellos cantan la verdadera moral de la opera como la presentaron Da Ponte y Mozart en Praga en el 1787: “Questo è il fin di chi fa mal: e de' perfidi la morte alla vita è sempre ugual!”

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