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Apuesta segura

Pedro Coco

jueves, 28 de marzo de 2019
Sevilla, sábado, 9 de febrero de 2019. Teatro de la Maestranza. Pablo Sorozábal: La tabernera del puerto. Romance marinero en tres actos con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Mario Gas, dirección escénica; Ezio Frigerio y Riccardo Massironi, escenografía; Franca Squarciapino, vestuario. Vinicio Cheli, iluminación; Aixa Guerra, movimiento escénico; Álvaro Luna, proyecciones. María José Moreno (Marola), Angel Ódena (Juan de Eguía), Antonio Gandía (Leandro), Ernesto Morillo (Simpson), Ruth González (Abel), Vicky Peña (Antigua), Pep Molina (Chinchorro), Ángel Ruiz (Ripalda), Abel García (Verdier), Carlos Martos (Fulgencio) y Agustín Ruíz (Senén). Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Óliver Díaz.
María José Moreno © 2019 by Guillermo Mendo

No era esta la primera vez que se podía ver una producción de La tabernera del puerto en el Teatro de la Maestranza, y aunque quedan muchas del repertorio por presentarse, si hay títulos que suponen éxito de público ––y de taquilla, algo primordial en los tiempos que corren–– uno de ellos es sin duda el de Sorozábal; por este motivo, queda justificada su inclusión como representante de nuestro género lírico en la temporada 2018-2019. Además, era una buena oportunidad para continuar rodando una producción que, a causa de las huelgas en el Teatro de la Zarzuela, pudo disfrutarse en Madrid en poco más de un par de ocasiones si la memoria de quien esto escribe no falla.

Mario Gas se siente muy unido a este romance marinero, y lo demuestra respetándolo desde cualquier punto de vista. Su recreación se ciñe al contexto, no hay lecturas salidas de tono y se detiene en la psicología de unos personajes que quedan siempre bien delineados y diferenciados entre sí. La escenografía del siempre brillante Frigero, que refleja bien el ambiente costero de esa oscura Cantabreda, y destaca gracias a la cuidada iluminación de Cheli y las proyecciones de Luna. Por su parte, el vestuario de Squarciapino, sin alardes y con claros guiños a la trama, redondea una propuesta visual más lograda que la anterior inspirada en el mundo del cómic.

Musicalmente, la Sinfónica de Sevilla nos envolvió de modo espectacular, conmoviéndonos con un sonido empastado y brillante a las órdenes de Óliver Díaz, que conoce el repertorio y sabe potenciar desde el foso los momentos dramáticos, bien diferenciarlos de los más ligeros o íntimos. El coro revalidó asimismo el buen hacer de las últimas ocasiones, también empastado y comprometido, con una labor que el público supo agradecer al final de la representación.

Desde la escena, protagonista indiscutible fue Maria José Moreno, cuya Marola es todo un lujo por implicación y progresión teatral, además de por una plenitud vocal propia de una técnica madura y muchas tablas. Tanto en los pasajes más ligeros de su aria solista como en los más centrales, especialmente el dúo con Leandro del tercer acto, nos mostró que su instrumento se encuentra en un estupendo momento.

A su lado, Antonio Gandía demostró una gran facilidad en el registro agudo, bello timbre y clara dicción, llevándose la mayor ovación su romanza “No puede ser”. Su desenvoltura escénica no fue total, si la comparamos con la de Moreno o Ángel Ódena, completamente identificado con Juan de Eguía y con unos mimbres ideales para el oscuro personaje. Lo mismo podemos decir de Ernesto Morillo, un Simpson menos rotundo de lo habitual pero ciertamente implicado.

Para finalizar, secundarios de lujo entre los que destacaron Ruth González como Abel o el navarro Ángel Ruiz, Ripalda referencial. Con dos figuras como estas, el terceto cómico que interpretan junto a Marola adquiere una relevancia especial en la representación.

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