Alemania

Parsifal según Georg Baselitz. Una inversión de la Bayerische Staatsoper.

Esteban Hernández

viernes, 5 de abril de 2019
Múnich, domingo, 31 de marzo de 2019. Bayerische Staatsoper. Wagner: Parsifal. Dirección escénica, Pierre Audi Escenografía, Georg Baselitz Vestuario, Florenze von Gerkan Iluminación, Urs Schönebaum. Intérpretes: Michael Nagy (Amfortas), Bálint Szabó (Titurel), René Pape (Gurnemanz), Burkhard Fritz (Parsifal), Derek Welton (Klingsor), Nina Stemme (Kundry) Bayerisches Staatsorchester y coro de la Bayerischen Staatsoper. Dirección musical, Kirill Petrenko
Georg Baselitz: Parsifal © 2018 by Bayerische Staatsoper

La Staatsoper juntó la temporada pasada en la puesta de largo de esta producción lo que creía que eran varios caballos ganadores, y amén de los Kaufmann, Pape o Stemme, se encontraban también aquellos de Audi y Baselitz, pero sin presagiar que estos últimos iban a tomar sus propios senderos, por los mismos que siguen.

La pintura del neo expresionista Georg Baselitz (1938) atesora una gran calidad y reconocimiento, de ello no hay duda, y como algún que otro colega señalaba, podríamos estar hablando más de una inversión que de una apuesta escenográfica, razonamiento ante el que no cabría debatir ni una simple coma. Visto de este modo el presente Parsifal se puede presentar como un intencionado intento de asegurar el triunfo financiero del futuro, pero con cadáveres a sus espaldas, pues denuesta e hipoteca el éxito artístico del presente.

La mayoría de los que presenciarán esta producción creo que tardarán en quedarse boquiabiertos ante los lienzos de Baselitz, aunque lo merezcan, y por lo contrario seguirán atentos a lo que Pierre Audi, director de escena, teje entre ellos. Los tres actos se disuelven en un flácido bosque sin hojas (para el primer y tercer acto, en este último boca abajo) y un castillo plano en blanco y negro con idénticas cualidades estructurales, que se desplegaba o derrumbaba siguiendo las exigencias de libreto.

El gran pesar es que en escena no acontece prácticamente nada, gracias a la limitación extrema de movimientos a la que Audi somete a los cantantes, con la excepción de Amfortas, Michael Nagy para la ocasión, a una distancia eso sí considerable de aquel Gerhaher que tanto convenció el pasado año.

La redención de este Parsifal, como seguro le hubiese complacido a Wagner, viene de nuevo en su reposición de la mano de la dirección musical. Kirill Petrenko sostiene bajo su espalda la entera obra gracias a una nueva dirección milimétrica, puntillista, hacedora de una orquesta rica en densidad y colores, que no permite a los cantantes salirse de la calzada por la que hace desfilar su arte y en la que hasta la cualidad y cantidad de cada emisión obedece a los designios del director ruso.

Nina Stemme desplegó a través de Kundry toda la potencia de su voz y fue sin duda la reina de la velada, junto a Rene Pape, quien sin aparente esfuerzo sonó con la determinación que requiere Gurnemanz. Ambos se vieron en todo caso gravemente coartados ante la dirección escénica, intentando fluir, pero sin la convicción escénica con la que podrían haber hecho frente a una obra en la que religión, sexo y salvación piden a gritos algo más que un simple estímulo gestual por parte de quienes la protagonizan.

La nota amarga la puso sin duda el tenor hamburgués Burkhard Fritz (Parsifal). El problema fue eso sí evitable, pues era evidente que no se encontraba físicamente bien y no hubiese debido afrontar esta función. Además de faltar en diversas ocasiones a los designios de la partitura, tuvo incluso que salir en una ocasión de escena, presumo que para intentar recomponer su malogrado instrumento.

La flacidez de este Parsifal la determina en todo caso no las telas, ni los decorados de Baselitz, ni siquiera su mermado reparto, sino una regía que nunca estuvo a la altura de las circunstancias del presente, que a fin de cuentas es el que ahora nos interesa y ocupa.

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