Alemania

Una interpretación literalmente celestial del Requiem de Verdi

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 24 de abril de 2019
Giuseppe Verdi © Dominio público. Teatro San Carlo s.d. Giuseppe Verdi © Dominio público. Teatro San Carlo s.d.
Baden-Baden, domingo, 14 de abril de 2019. Festspielhaus Baden-Baden. Osterfestspiele (Festival de Pascua). Giuseppe Verdi (1813 – 1901), Messa da Requiem. Vittoria Yeo (soprano), Elina Garança (mezzosoprano), Francesco Meli (tenor), Ildar Abdrazakov (bajo). Chor des Bayerischen Rundfunks, preparado por Howard Arman. Orquesta Berliner Philharmoniker. Director Riccardo Muti. 100% del aforo.
0,0004279

Una interpretación literalmente celestial de la Messa da Requiem de Giuseppe Verdi, a cargo de la orquesta Berliner Philharmoniker, bajo la dirección de Riccardo Muti, fue aclamada el Domingo de Ramos por los 2.500 espectadores que abarrotaban la sala de la Casa de los Festivales de Baden-Baden.

Con sobresalientes solistas: la destacada soprano Vittoria Yeo, la célebre mezzosoprano Elina Garança, el poderoso tenor Francesco Meli y el impresionante bajo Ildar Abdrazakov, así como el brillante Coro de la Radio de Baviera (Chor des Bayerischen Rundfunks), esta singular constelación musical superó con creces todo lo imaginado y conocido de esta obra dedicada por Verdi a la memoria de su amigo y correligionario Alessandro Manzoni (1785-1873). El escritor y poeta Manzoni estaba comprometido como él con la unidad de Italia. La Misa de Réquiem fue estrenada mundialmente hace 145 años, primero en la iglesia de San Marcos de Milán, de extraordinaria acústica (dicho sea de paso, la misma en la que tocara el órgano Wolfgang Amadé Mozart en 1770 durante su estancia de tres meses en esa ciudad), y después en el Teatro alla Scala.

Muti (Nápoles, 1941), cuyas ejecuciones de obras de Verdi siguen siendo modélicas, dirigió de forma muy concentrada, sobria, diría que mágica y casi imperceptible, explorando los extremos, con los cerca de 180 músicos y cantantes, en total, ubicados sobre el escenario. Tras unos segundos de silencio, la música surgía de la infinitud, del más allá, con un pianissimo de los violonchelos en el Andante (I. Requiem [Introitus] & Kyrie) secundados por el coro, susurrante y apacible: Requiem ӕternam dona eis, Domine;/ et lux perpetua luceat eis. ¡Impresionante!!! La hora y 40 minutos que duró este oratorio sacro despertó sentimientos inefables e inolvidables en la platea.

Cuerdas, maderas, vientos y percusión tocaban con una belleza, una intensidad y una energía sin par. El Dies irae, dies illa (II. Sequentia, Allegro agitato), extenso tema central reiterado tres veces en la pieza, surgía con un vigor y un brío que rompía todas las costuras del recinto (o también las tumbas de los pecadores, mientras el bajo anunciaba el Juicio Final con voz grave, densa, vibrante, fluida, esplendorosa como la de los feroces jinetes del Apocalípsis).

No es por casualidad que este pasaje haya sido utilizado en diversos filmes, entre ellos el de acción, aventuras y ciencia ficción post-apocalíptica Mad Max (1979), de George Miller y el western Django Unchained (2012), de Quentin Tarantino. La Messa da Requiem es admirada por creyentes y no creyentes en todo el mundo, no por su importancia religiosa, sino, y sobre todo, por la fuerza musical, espiritual y emocional que emana de ella y por su naturaleza operística.

Los dos millares y medio de asistentes aferrados a sus butacas seguían con suma atención el desarrollo sobre el escenario; nada distraía a la música, y las intervenciones del coro y de los solistas coayuvaban de forma exquisita a este propósito. Continuados signos de carácter divino, en medio de una atmósfera celestial, contrastaban con las expresivas cantilenas de los solistas y de los temerosos coros (femenino y masculino) que plañían con humildes súplicas.

También destacó la Lacrymosa dies illa,/ qua resurget ex favilla,/ judicandus homo reus (Largo) que entrelaza el canto coral con los voces de los cuatro solistas (Yeo, Garança, Meli y Abdrazakov) y en la que Muti mantuvo con gran precisión, sensibilidad y transparencia esta delicada estructura. El momento es increíblemente hermoso, profundamente conmovedor y triste a la vez.

El majestuoso concierto fue grabado por seis cámaras de televisión y será transmitido en fecha aún a confirmar por el canal cultural europeo ARTE, previo acuerdo del director, por supuesto.

En Lux ӕterna luceat eis, Domine,/ cum sanctis tuis in ӕternam:/ quia pius es./ Requiem ӕternam dona eis, Domine,/ et lux perpetua luceat eis,/ cum sanctis tuis in ӕternam:/ quia pius es. (VI. Lux ӕterna [Communio] VI), Elina Garança (junto a Francesco Meli e Ildar Abdrazakov) con su carismático y hermoso timbre fascinó asimismo a los asistentes,

Libera me, Domine, de morte ӕterna (Moderato - Allegro risoluto), marca el final de la misa (VII. Libera me [Responsorium]). Después de 13 minutos de agitación y tensión, el tono se vuelve más sosegado, recoleto y la soprano Vittoria Yeo brillaba como una estrella de esperanza sobre todos los lamentos, cautivando a la platea.

El oratorio concluyó como comenzara: Requiem aeternam dona eis, Domine;/ et lux perpetua luceat eis (Andante). Moderato - Libera me, Domine, de morte ӕterna/ in die illa tremenda,/ quando cœli movendi sunt et terra:/ Dum veneris/ judicare sӕculum per ignem./ Libera me, Domine, de morte ӕterna/ in die illa tremenda./ Libera me. (Moderato-Allegro risoluto).

Transcurrieron otros instantes más de reflexión hasta que el público recuperó el aliento, antes de ponerse en pie y prorrumpir en aplausos y ovaciones incontenibles dirigidos a la totalidad del deslumbrante elenco, sin excepción. Fue una velada memorable, digna de la calidad internacional que ha adquirido este Festival de Pascua de Baden-Baden en sus siete años de existencia.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.