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Flórez, el show:  dos partes distintas en un solo concierto

Jorge Binaghi

jueves, 16 de mayo de 2019
Barcelona, martes, 7 de mayo de 2019. Palau de la Música. Recital de Juan Diego Flórez, tenor, acompañado por Vincenzo Scalera (piano). Arias, canciones y solos de piano de Bellini, Donizetti, Lehàr, Bizet, Gounod y Verdi. Bises: canciones italianas y latinoamericanas con guitarra y con piano, ‘Nessun dorma’ de Puccini

En su cuarto y por ahora último concierto anual consecutivo del ciclo ‘Universo Flórez’ en el Palau (el año próximo le toca uno en el Liceu) el gran tenor peruano eligió un programa con acompañamiento de piano por el conocido Scalera que lleva años colaborando con varios nombres importantes (algunos más que otros) del firmamento lírico.

Esta vez no hubo presentación de arias, pero Flórez siguió departiendo con el público que lo colmó de elogios (esta vez tuvimos un ‘generoso’ mucho mejor que el ‘guapo’ del año pasado) además de dar vivas al Perú (me parece que no hubo banderas, pero no estoy seguro), etc. Lo más importante en esto fue el recuerdo de su proyecto Sinfonía por el Perú, que fundó en 2011 a semejanza de El Sistema venezolano.

En general, para no repetirme demasiado, no ha cambiado nada significativo respecto del concierto comentado el año pasado, a cuya reseña remito.

En la primera parte abordó obras de belcanto: empezó, con la voz algo fría, ideal para calentarla con tres arietas de colecciones diversas de Bellini (‘Vaga luna, che innargenti’ y ‘Vanne, o rosa fortunata’, las más conocidas, y la tercera ‘Ma rendi pur contento’). La interpretación fue buena, pero algo monótona y sobre todo la presencia de la partitura quitó bastante fluidez, aunque sea en una moderna tablet sobre el atril. 

Como ahora se estila que los cantantes se tomen un descanso y el pianista haga un solo (en general son uno por parte, pero aquí tuvimos dos en cada una), Scalera se lució en un ‘Largo y tema en Fa menor’ que me trajo recuerdos de la voz de la Muzio, ya que es prácticamente la melodía de ‘Sorgi, o padre’ de Bianca e Gernando (o ‘Fernando’, como se decía una vez). Luego haría lo mismo con el ‘Vals en Do mayor’, de inspiración más popular de Donizetti.  En las arias la única que ha cantado en una ópera completa fue la entrada de Arturo (‘A te, o cara’) de I Puritani. La hizo muy bien aunque no es su voz la de un tipo Rubini como se ha constatado cada vez. Es verdad que el timbre se ha oscurecido un tanto y el agudo es más mate aunque siempre seguro pese a haber perdido algo de su audacia natural. Más le va el rol de Tebaldo de I Capuleti, aunque no lo ha cantado completo, en su entrada con recitativo y cabaletta (una vez sola). De Donizetti interpretó el fantástico ‘Allegro io son’ de Rita, que le va como anillo al dedo a su tenor contraltino y fue el mejor momento de todo el recital por el desparpajo con que lo cantó (aunque ahí sí creyó oportuno explicar la trama).

En la segunda parte Scalera se exhibió en la versión para piano de la archiconocida ‘Meditación’ de la Thais massenetiana y en una romanza sin palabras en fa mayor de Verdi, que tocó con gusto, pero de forma menos interesante que las piezas de la primera parte.

Flórez empezó -con partitura pero en un alemán claro- con tres arias de operetas de Lehár (famosos éxitos de Tauber como ‘Dein ist mein ganzes Herz’ de El país de las sonrisas, ‘Gern hab’ich die Frau’n geküsst’ de Paganini, y ‘Freunde, das Leben ist Lebenswert’ de Giuditta). Francamente monótonas y nada o muy poco interesantes. Para no ir más lejos, ahí están las versiones de hoy de Beczala.

Luego apareció su nuevo repertorio francés con el aria de la flor de Carmen, que fue el momento sobresaliente (esperando que no se le ocurra cantar la ópera entera). Extraño fue que con su técnica no recurriera al agudo en pianissimo sino en forte, pero lo mismo sucedió con otro rol, Faust, del que cantó la célebre ‘Salut, demeure’, y que supongo que pronto intentará.

No hay tenor que no quiera cantar Verdi, y Flórez ya ha cantado completas Rigoletto y Traviata. Aquí concluyó con el recitativo, cavatina y cabaletta (también una vez sola) de Oronte de I Lombardi, un rol que Ramón Vargas hizo muy bien, tanto en italiano como en la versión francesa, más peligrosa, cuando empezó a pasar a tenor lírico. Fue el segundo buen momento de esta segunda parte. Lo que no se entiende, ni aunque se trate de un aria suelta y en un concierto con piano, es por qué eligió el personaje de Foresto en Attila, verdad es que en la romanza del tercer acto y en su forma alternativa, escrita especialmente para la Scala y el tenor Moriani, ‘O dolore’. Aquí también basta con escuchar a Pavarotti y con los tiempos de Abbado para saber dónde está lo genuino. 

Después vinieron los bises. Primero con guitarra, lo que motivó conversaciones con el público (además de cantar con una rosa roja de las que le había entregado un ramo magnífico una admiradora, aunque no supimos esta vez si la que lo sigue a todas partes). Empezó con un discutibilísimo ‘Marecchiare’, y siguió ‘la de siempre y eso que me olvido’ -y casualmente se olvidó para delicia del respetable, o sea ‘Cucurrucú paloma’. Luego vinieron ‘De domingo a domingo’, la peruana ‘El palmero’ (de lejos la mejor) y volvió luego con Scalera para cantar en medio del delirio antes, durante y después, ‘Nessun dorma’ de Turandot, últimamente más conocida como ‘Vincerò’ y que hasta hace nada solían cantar tenores spinto o dramáticos (si hoy Kaufmann puede parecer no demasiado adecuado…). Un aria que no es sólo el agudo (hay algunos centros y graves, por ejemplo, que no llegué a oír) y cuando se llega al agudo hay que ver de qué voz se trata. Ya sé que es una concesión que muchos agradecen, pero a mí me parece peligrosa en varios sentidos. Seguramente me equivoco. Pero, claro, hubo quien le pidió su espectacular ‘Ah, mes amis’ de La fille du régiment donizettiana (la de los nueve dos que él solía convertir en 18 con el bis), y el tenor hizo oídos sordos. 

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