Alemania

Es mejor construir puentes que paredes

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 15 de mayo de 2019
Düsseldorf, lunes, 6 de mayo de 2019. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Dianne Reeves (voz); Peter Martin (piano); Romero Lubambo (guitarra); Reginald Swingdoom Veal (contrabajo); y Terreon Tank Gully (batería). Organizador Heinersdorff-Konzerte). 100% del aforo.
Dianne Reves © Herbie Hancock Institute of Jazz

La cantante estadounidense Dianne Reeves fue aclamada este lunes 6 de mayo de 2019 junto con su selecto cuarteto en la gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf repleta de público, en otro brillante concierto organizado por Heinersdorff-Konzerte.

Reeves (Detroit/Michigan, 1956), quien se encuentra de gira por Europa e interpreta, entre muchos otros, temas de su último CD Beautiful Life (2014, Grammy 2015), logró cautivar al instante al público hasta hacerlo participar activamente en su recital de hora y media de duración (bises incluidos) en un ambiente muy íntimo, muy conversado con la platea, a la que presta mucha atención. Con esta magnífica acústica de la Tonhalle, el espectador se siente aquí como en la Jam-Session de un club de jazz.

Antes de que la célebre vocalista entrara en escena, el virtuoso cuarteto formado por Peter Martin (piano), el brasileño Romero Lubambo (guitarra), Reginald Swingdoom Veal (contrabajo) y Terreon Tank Gully (batería) había ofrecido a título de aperitivo de degustación un amplio espectro de sus habilidades, con las que más tarde refinarían el programa de mayor carga.

La voz de Reeves no es de las que se escuchan todos los días aquí. Ganadora de cinco premios Grammy por Mejor interpretación vocal de Jazz (2001-2003, así como 2006 y 2015), el poder concentrado de su privilegiado instrumento natural adquiere un carácter fresco y moderno en los números de pop, e igualmente exquisitamente saturado y nutrido en las profundidas de las baladas poéticas. El concierto estuvo lleno de interesantes facetas, desde el soul, la bossa nova y el swing, hasta el funk y el jazz, combinado sin esfuerzo con el pop, pero también con el gospel y el blues.

Las extensas introducciones en el piano, las partes de bajo con ritmos funky, la poderosa percusión de ritmo dinámico, así como la elegancia y sensibilidad de la guitarra acústica y de la elécrtica, según los temas, sirvieron impecablemente a las nobles imágenes sonoras de Reeves. Ella levita sobre el escenario, se divierte mucho y se siente ostensiblemente muy bien con su familia, como denomina simpáticamente a los integrantes del grupo, a los que presenta cantando espontáneos versos dedicados a ellos.

La cantante, nacida y criada en una familia de músicos y educada y formada en Denver/Colorado, donde aún reside, enfatizó en los valores interpersonales esenciales y perdurables de la canción, así como en su férrea convicción de que hay que luchar unidos. Es mejor construir puentes (Bridges, uno de títulos de su álbum homónimo producido en 1999 con su primo George Duke) que paredes (una inocultable alusión al ignominioso muro que proyecta Donald Trump en la frontera con México), lo que la condujo a una pieza dedicada a la memoria de su padre y de muchos otros músicos ya fallecidos que la acompañaron durante su trayectoria, I Remember (Recuerdo), interpretada con gran donaire y melancolía.

En un fenomenal arreglo de Suzanne, de Leonard Cohen (1934 - 2016), Reeves le dió una nueva fascinación al maravilloso y popular clásico. En Mista, la cantante ofreció una maravillosa pieza rítmica, con un efecto bastante contagioso. El deseo de la diva se vió cumplido, al ser coreado con fuerza por la audiencia, ya muy animada: It ain't too late/ No, It ain't too late/ To change your life/ Cause everyday is a miracle/ A chance to make it right/ (...)

Lo de diva (apócope de divinidad) es solo un recurso redaccional aquí, porque la calidez y la presencia escénica de Reeves, así como su estrecha proximidad al público la convierten en una adorable figura de carne y hueso, muy lejos de tratar de encumbrarse sobre un altar.

Bien acentuados, los integrantes del cuarteto, dibujaron sus propias líneas fuertes, que llenaron el lugar junto a la gran diva en un muy alto nivel. Si bien ha pasado algún tiempo desde el comienzo de su carrera y Reeves, con 40 años de escenario ya ha desarrollado entretanto su propio e inconfundible estilo, no puede reprimir del todo el deslumbramiento que tuvo en su momento cuando escuchó por primera vez las grabaciones de las mágicas voces de Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan.

A lo largo de estas décadas Reeves ha mostrado su asombrosa versatilidad como cantante invitada. Recuerdo de forma imborrable uno de los conciertos de Año Viejo (31. de diciembre de 2003) de la Berliner Philharmoniker con Reeves, bajo la dirección de Sir Simon Rattle. ¡Que belleza y potencia!

Con su exquisito talento y hondura emocional, así como su innato don de improvisación, Reeves embruja sin gran denuedo. Conoce y maneja su voz de forma exacta e impresionante en todos los rangos de la amplia gama de colores y en el vertiginoso cambio de tonalidades. Le da a cada página los matices correctos, desde los susurros hasta los volúmenes exuberantes.

Entre trago y trago de una taza de te (probablemente adelgazante) y de una copa de agua, exhala mucha vitalidad y energía. Vestida con un amplio y largo atuendo de color negro y un abrigo con lentejuelas, se sienta junto al piano y ante la multitud como si estuviera en la sala de estar de su casa. Calzada con zapatos planos, evita estar por mucho tiempo de pie.

Aguas de marzo, de Antonio Carlos Tom Jobim, suena deliciosa en sus labios: A stick, a stone/ It's the end of the road/ It's the rest of a stump/ It's a little alone// It's a sliver of glass/ It is life, it's the sun/ It is night, it is death/ It's a trap, it's a gun (...) (É o pau, é a pedra, é o fim do caminho/ É um resto de toco, é um pouco sozinho/ É um caco de vidro, é a vida, é o sol/ É a noite, é a morte, é um laço, é o anzol) (...).

En este viaje acústico por Brasil, Reeves hizo un breve relato durante su coloquio sobre su larga cooperación con los músicos del cuarteto, y con el increíble Lubambo, con quien entabló un dúo en esta presentación, mientras los demás instrumentistas se retiraban momentáneamente para hacer una pausa. Además de las letras habituales en inglés, le hemos oído textos perfectamente interpretados en un dulce y romántico portugués-brasileño.

Evocó a grandes músicos como Ivan Guimarães Lins, compositor, pianista y cantante de Jazzfusion y de Música popular brasileña (MPB), y al saxofonista Michael Brecker (1949-2007) con una versión conmovedora de Like a lover con el toque del guitarrista carioca. No solo son legendarias las cooperaciones en las que la gran cantante y sus músicos pueden mirar hacia atrás. La familia une a Reeves con otra mítica figura, su primo, el ya fallecido cantante, tecladista, arreglista y productor de Fusion-Jazz George Duke (1946-2013), como mencionábamos más arriba, quien la apoyó muchísimo al comienzo de su carrera como solista.

Largas, muy largas ovaciones cerraron esta velada memorable de Dianne Reeves, quien continuará ahora su gira por Estados Unidos y Canadá, pero que vendrá de nuevo a Europa a mediados de este año para cantar ante los públicos de España (Castellón, 11 de julio) y Portugal (Funchal, 13 de julio), antes de dirigirse a Costa Rica (San José, 11 de agosto).

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