Discos

Pequeña enciclopedia de la percusión contemporánea

Paco Yáñez

lunes, 27 de mayo de 2019
Karlheinz Stockhausen: Zyklus I. Iannis Xenakis: Psappha. Helmut Lachenmann: Intérieur I. Nicolaus A. Huber: Póthos. Péter Eötvös: Thunder. Johannes Julius Fischer: gathering. Leonie Klein, percusión. Sabine Fallenstein, productora ejecutiva. Reiner Neumann, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 74:32 minutos de duración grabado en el SWR Studio de Kaiserslautern (Alemania), del 9 al 11 de mayo de 2018. Wergo WER 7375 2

La joven percusionista renana Leonie Klein presenta en el sello Wergo un muy recomendable compacto que abarca algunas de las partituras para percusión sola más relevantes de los últimos sesenta años: toda una enciclopedia de bolsillo que nos dará a conocer muchas de las técnicas que, desde la segunda mitad del siglo XX, han cambiado los paisajes acústicos de una de las familias instrumentales que mayor transformación haya experimentado a lo largo de las últimas décadas, desde que obras como Ionisation (1929-31), de Edgar Varèse, o el interludio percusivo de La nariz (1927-28), de Dmitri Shostakóvich, llegaran para cambiarlo todo en dicho medio. 

No menos relevantes fueron, ya pasado el ecuador del siglo XX, las aportaciones de Karlheinz Stockhausen (Mödrath, 1928 - Kürten-Kettenberg, 2007), de quien aquí escuchamos una de sus obras capitales para percusión, Zyklus I (1959), una partitura indisociablemente ligada a Christoph Caskel, músico que ofreció su estreno y de quien tenemos uno de los registros señeros de Zyklus I: su grabación del 12 de octubre de 1960, hoy primorosamente editada por la Stockhausen Verlag (CD 6). En su día, al reseñar dicho compacto, hablamos de la total referencialidad de lo interpretado por Caskel, superior al registro de Mircea Ardeleanu en 1987 para Koch Schwann (310 020 H1); ambos, con una duración de unos 11 minutos. Si en Christoph Caskel mandaba la firmeza rítmica y la unidad de su lectura, en Mircea Ardeleanu destacaba su construcción de lo que es un paisaje percusivo-orquestal muy favorecido, cierto es, por la mejor calidad de su toma de sonido. Análoga situación en el caso de esta nueva lectura de Leonie Klein, muy cercana a la de Ardeleanu por su énfasis en lo tímbrico, aunque no posea la firmeza rítmica de Caskel. Hija de la última década del siglo XX, como lo es, para Klein la percusión es ahora un paisaje acústico; de ahí, el enorme énfasis que pone en las texturas, en las resonancias y en cuanto pueda expandir la sonoridad de los instrumentos que componen su set circular: recorriendo éste en el sentido de las agujas del reloj, explorando en primer lugar el metal; después, las maderas y las membranas; para retornar al metal. Aprovechando la libertad ofrecida al intérprete por Stockhausen en su partitura para tomar ciertas decisiones en cuanto a alturas y estructura de la obra, así como las grandes posibilidades del que quizás sea el mejor registro, a nivel técnico, de Zyklus I, Leonie Klein firma una versión marcada por lo constructivo y por la citada expansión textural: una visión complementaria de la más centrípeta del propio Caskel, siendo ambas muy disfrutables. 

Si los instrumentos utilizados por Leonie Klein en Zyklus I ya mostraban un color y una tesitura de presencia notablemente aguda, esto se refrenda en otro clásico de la percusión solista del pasado siglo, Psappha (1975), de Iannis Xenakis (Brăila, 1922 - París, 2001). Frente a versiones con un sonido de las membranas más grave, resonante y natural, como la recogida por el Demoé Percussion Ensemble en su referencial registro xenakiano del año 1997 para Stradivarius (STR 40001), Klein desgrana aquí un Xenakis centelleante en todo momento, ciertamente seco, en cuanto a timbre (con una curiosa sonoridad de los metales), pero de una precisión rítmica impresionante al dar cuenta de los patrones regulares e irregulares de Xenakis: genio por antonomasia al respecto. A tal grado llega la superposición de capas métricas expuestas por la percusionista alemana, que cualquiera diría que es un ensemble de percusión lo que escuchamos, por lo que, con las particularidades tímbricas tan agudas de su set, estamos ante otra versión muy notable, de una técnica totalmente precisa y virtuosística. 

Continuando un paso más en este recopilatorio de genios del siglo XX, nos encontramos con Helmut Lachenmann (Stuttgart, 1935), compositor en cuya sintaxis de madurez, la musique concrète instrumentale, la concepción percusiva de los instrumentos (con sus golpeos, fricciones y rascados) tiene un papel determinante en la construcción musical. Tal y como el propio Lachenmann ha relatado en tantas ocasiones (incluida la extensa entrevista que el alemán concedió a Mundoclasico.com en 2015), Intérieur I (1966) es, en lo que a la musique concrète instrumentale se refiere, su opus 1; motivo por el cual se trata de una pieza de conocimiento obligado, ya en la estética del propio Lachenmann, ya en cómo muchos compositores concebirían posteriormente la sonoridad de otras familias instrumentales, desde una óptica postlachenmanniana. De nuevo, es a Christoph Caskel a quien hemos de remitirnos para conocer la grabación histórica de esta obra: su registro del año 1967 (col legno WWE 1CD 20511), de apenas 14 minutos de duración, frente a los casi 19 de esta nueva versión a cargo de Leonie Klein, con duraciones intermedias para los registros de Johannes Beer (col legno WWE 1CD 31863) y Christian Dierstein (Montaigne MO 782075); ambos, en torno a los 16 minutos. La de Klein es, quizás, menos lachenmanniana en cuanto a agresividad y reinvención del medio, no provoca el asombro de las versiones de los años sesenta y noventa, ofreciéndonos un Lachenmann de una especial serenidad; en algunos pasajes, hasta edulcorado, por lo que aquí echaremos en falta más garra y carácter subversivo, aunque técnicamente Klein es de una total pulcritud, y lo lento de su versión hace que todo se escuche con una nitidez y una transparencia impresionantes, pocas veces radiografiada la partitura en tan nimios resquicios sonoros. 

Pasando al siglo XXI, del alemán Nicolaus A. Huber (Passau, 1939) escuchamos Póthos (2010), una pieza que juega con el significado de su título enfocado a través de las disertaciones de Platón sobre la añoranza. De este modo, Huber maneja nuestra percepción, ofreciéndonos patrones rítmicos incompletos que tendrían que provocar, por un lado, esa añoranza en el oyente de los sonidos ausentes, así como, por otro lado, su involucración para completar mentalmente las estructuras métricas a las que, supuestamente, Póthos daría lugar. A mayores, hay un contraste continuo entre sonidos de corta duración, en las membranas y en los metales, y los de larga duración, en el glockenspiel, siendo una de las piezas reunidas en este compacto que más incorpora al silencio como espacio resonante e invitación a completar, desde sus expectativas, la plenitud de la obra; una obra, en todo caso, y pese a la gran lectura de Leonie Klein, que frente a las anteriores, desmerece un tanto. 

Después de haber escuchado amplios sets de percusión en las primeras obras reunidas en este compacto, las últimas dos partituras están escritas para un solo instrumento; si bien, reinventándolos y aportando muy sugerentes paisajes acústicos, en línea con lo que es característica principal de las seis versiones aquí reunidas. En el caso de la partitura de Péter Eötvös (Székelyudvarhely, 1944), se trata de un timbal bajo, para el cual está escrita Thunder, solo extraído de Triangel (1993). Como en la lachenmanniana Intérieur I, escucharemos aquí continuos glissandi que modifican una y otra vez, vía pedal, la sonoridad de la membrana: parte de las libertades ofrecidas por Eötvös al percusionista en su cadencia, y que Leonie Klein toma para establecer diálogos históricos; sin ir más lejos, con uno de los compositores de quien Péter Eötvös más ha bebido (y a quien tan bien ha dirigido), como Helmut Lachenmann. Además, y como en el genio de Stuttgart, el roce de la membrana produce sonoridades espectrales, cuasi electrónicas, que enriquecen sobremanera las texturas y los paisajes acústicos, cual ondas sinusoidales. Todo ello se amplía con la inserción de unos metales que multiplican los timbres y hacen de esta lectura una de las más bellas que conozca, digna de la versión referencial de la página, en su versión completa para percusión y ensemble: Triangel, conducida por el propio Eötvös a Zoltán Rácz y al UMZE Chamber Ensemble de Budapest en el sello BIS (CD 948). 

Fiel a la idea de modernidad que en sus respectivos momentos conquistaron y ampliaron buena parte de las partituras reunidas en este compacto, Leonie Klein ha decidido incorporar una obra compuesta en el año en que registró este disco, 2018. Se trata de gathering (2018), partitura para vibráfono preparado y extendido del compositor alemán Johannes Julius Fischer (Leonberg, 1981). Estructurada en tres movimientos, los elementos de repetición que a gathering se asoman nos hablan de otra de las figuras capitales de la percusión en la segunda mitad del siglo XX, Steve Reich (cuya inclusión hubiese hecho esta pequeña enciclopedia más completa, pues únicamente a Europa ha mirado). En todo caso, hablamos de un vibráfono que casi deja de serlo, pues la incorporación de elementos ad hoc acaba conformando prácticamente un set que rescata sonoridades y timbres de muchos otros instrumentos de la familia de la percusión. Ello conforma una propuesta de hibridación entre el lenguaje de alturas y el ruidismo: fusión que es una de las señas de identidad estéticas por antonomasia de la música de nuestro tiempo. Ahora bien, en conjunto, no es gathering una obra de gran calado, quedando en cierta liviandad que bebe de aquí y de allá, sin acabar de conformar una personalidad propia, por más que Leonie Klein, como en todo su compacto, se deje la piel en defenderla a una altura técnica realmente sobresaliente. 

A percibir el trabajo de la percusionista alemana como lo merece, colaboran en gran medida unas tomas de sonido excelentes, efectuadas en mayo de 2018 en el SWR Studio de Kaiserslautern, con una transparencia y un cuerpo que, por calidad sonora, se colocan entre lo mejor de cada una de estas partituras en sus respectivas fonografías. Por lo que a la edición se refiere, ésta es la habitual del sello Wergo: muy seria y completa, con fotografías y biografía de Leonie Klein, completos datos de los registros y unas muy amplias notas de Rudolf Frisius en las que se adentra en el estudio de cada una de las obras aquí escuchadas en esta tan recomendable mirada a algunas de las piezas de obligado conocimiento en la percusión del último medio siglo. 

Este compacto ha sido enviado para su recensión por Wergo

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