España - Andalucía

Inolvidable reencuentro

José Amador Morales

jueves, 30 de mayo de 2019
Córdoba, jueves, 9 de mayo de 2019. Gran Teatro de Córdoba. Orquesta de Córdoba. Director: Manuel Hernández-Silva. Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía nº 39 en mi bemol menor. Dmitri Shostacovich: Sinfonía nº 9.

Desde que dejara la titularidad de la Orquesta de Córdoba allá por junio de 2012, Manuel Hernández-Silva sólo volvió para dirigir la orquesta cordobesa una única vez en diciembre de aquel año. Durante estos años su nombre siempre ha estado presente en la memoria colectiva de los aficionados cordobeses, ya fuesen abonados o simples melómanos. No en vano el carisma y profesionalidad del director hispanovenezolano elevaron al conjunto sinfónico cordobés a una estimable calidad, particularmente en cuanto a puro sonido, y, lo que quizá sea aún más importante, lograron motivar y enganchar a un público ajeno a las salas de concierto, elevando de forma considerable el número de abonados y de entradas en general.

Siendo esto así, era lógico que provocara no pocas expectativas la vuelta de Hernández-Silva a Córdoba con un contundente programa y en el momento de cierto revulsivo que está viviendo la orquesta de la ciudad de la mano de su nuevo director titular, el madrileño Carlos Domínguez-Nieto (un efecto con curiosas similitudes al que se vivió con la llegada de nuestro protagonista). El Gran Teatro mostraba un lleno casi completo, siendo perceptible la presencia de los músicos que no actuaban ese día sobre el escenario.

Musicalmente, desde el primer compás de la Sinfonía nº39 de Mozart, comprobamos que iba a ser una velada muy especial. Y es que ese sonido hermosísimo, brillante e idiomático como pocos era marca de la casa por lo que respecta a la batuta tan acreditada en el universo mozartiano como la del maestro Hernández-Silva, pero también por la respuesta de una orquesta capaz de estar a la altura de las circunstancias cuando se le sabe espolear y cincelar adecuadamente. Empaque y refinamiento pudimos apreciar en esta obra del compositor de Salzburgo, sí, pero también intensidad y empuje expresivo en una interpretación que fue ganando impulso y contenido a lo largo de la lectura.

Pero igualmente Shostacovich es otro de los autores con los que Hernández-Silva sabe decir muchas cosas y siempre buenas. Lo hemos comprobado sobre todo en su más reciente etapa malagueña y también por su exitoso paso por la Orquesta Joven de Andalucía. Aquí logró otro impresionante crescendo interpretativo que remató con un último movimiento tensísimo. Entretanto, un interesante juego de texturas ya fuese camerística, solística o meramente sinfónica, así como el siempre presente humor característico en la obra del compositor ruso, a medio camino entre lo irónico y lo satírico, fueron expuestos con una ejecución realmente para el recuerdo por parte de una Orquesta de Córdoba visiblemente entregada.

“Afrontar un programa tan impresionante como este sólo es posible si hay detrás mucho y bueno: y lo que hay aquí detrás es mucho y bueno” fueron las palabras que Hernández-Silva no pudo evitar dirigir al público cordobés después de alabar las bondades de la ciudad de Córdoba que luce especialmente en el mes de mayo (como recordara el propio director parafraseando a Gabriel García Márquez que afirmó en una célebre entrevista parisina que la ciudad más bella que había conocido era “Córdoba en Mayo”). Todo ello entre numerosas entradas y salidas al escenario por parte del director  ante las entusiastas aclamaciones de un público puesto en pie y de unos músicos que hasta evitaron levantarse para que Manuel Hernández-Silva recibiese en solitario las ovaciones de los asistentes. 

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.