Discos

Las metamorfosis pianísticas de George Crumb

Paco Yáñez

lunes, 3 de junio de 2019
George Crumb: Metamorphoses (Book I); Five Pieces for Piano. Margaret Leng Tan, piano. Brian Brandt, productor ejecutivo. Kirsten Ermeler y Tom Lazarus, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 53:57 minutos de duración grabado en el Museum Art Plus de Donaueschingen (Alemania) y en The State University of New York at Purchase (Estados Unidos), en 1985 y el 21 de octubre de 2017. mode records 303.

Continuamos celebrando en Mundoclasico.com los noventa años que en 2019 cumple George Crumb (Charleston, 1929), por medio de un nuevo monográfico que al compositor norteamericano dedica el sello neoyorquino mode: un compacto que une los que, en la actualidad, son el alfa y el omega de la producción pianística crumbiana de madurez: uno de los apartados fundamentales de su catálogo y pieza angular para comprender la estética de quien fue uno de los reinventores del piano traspasado el ecuador del siglo XX.

Entre dicha producción, sin duda las piezas más difundidas son las que conforman los Makrokosmos I & II (1972/1973), la parte del ciclo mejor servida fonográficamente, y en cuya oferta en disco compacto destaca el registro del año 2003 a cargo de la pianista singapurense Margaret Leng Tan, editado por mode records (142) en CD y DVD en el año 2004. Pues bien, es precisamente a Margaret Leng Tan a quien George Crumb ha dedicado el primer libro de su última partitura para piano, sus Metamorphoses (2015-17), una obra cuyo subtítulo explicita de forma meridianamente clara por dónde van los tiros, tanto en lo conceptual como en lo instrumental:

Ten Fantasy-Pieces (after celebrated paintings) for Amplified Piano. Diez fantasías, por tanto, basadas en cuadros célebres (que en el libreto podemos contemplar, aunque en blanco y negro), lo que coloca a Crumb (como él mismo reconoce en sus notas para este compacto) en la estela de Modest Músorgski y sus Kartinki s výstavki (Cuadros de una exposición, 1874), de los que se considera (un muy digno, apostillaríamos nosotros) descendiente.

Metamorphoses (Book I) tiene mucho en común con el que tenemos por piano crumbiano por antonomasia: el de los cuatro volúmenes que conforman el Makrokosmos (1972-79); si acaso, aquí más depurado y poético, menos ruidista en lo extendido y con mayores asomos melódicos que comprenden guiños a la tradición, incluido al propio Músorgski (así como a Mozart y a Beethoven), explotando el instrumento en todo su registro de alturas, así como activando el arpa, las resonancias de la caja y unas sonoridades ad hoc que incluyen efectos vocales por parte de la pianista, un piano de juguete y un pequeño set de percusión: todo ello pensado para la idiosincrasia expresiva de la propia Margaret Leng Tan, con quien Crumb trabajó mano a mano la composición de Metamorphoses. De este modo, la primera fantasía que a Leng Tan escuchamos es 'Black Prince', compuesta a partir del cuadro homónimo Schwarzer Fürst (1927), de Paul Klee: una pintura musical que Crumb afianza en lo oscuro del registro grave, con arpegios en el cordal que evocan lo ancestral, pues para Crumb este príncipe negro viviría en África. También se asoma, en lo melódico, un hilo de esperanza y luz: ése con el que el compositor ilumina a la figura de Nelson Mandela; para Crumb, el príncipe negro contemporáneo. La segunda pieza, 'The Goldfish', vuelve a inspirarse en Klee, en el cuadro homónimo Der Goldfisch (1925); de forma que, como el pez dorado, los dedos de Leng Tan se mueven por el estanque de su teclado remedando la gracilidad del animal en el agua y su tono brillante, portando muy intencionados ecos de otros peces dorados: los que atraviesan las Images (1901-07) de Claude Debussy, así como de otras partituras tempranas del propio Crumb, por lo que la memoria y el diálogo con la historia refulge aquí doblemente. La tercera pieza, 'Wheatfield With Crows', introduce la voz, si bien no acabamos de saber exactamente si ésta reverbera a los cuervos del título o al agónico paisaje que anuncia la muerte que para George Crumb es Trigal con cuervos (1890), uno de los últimos óleos de Vincent van Gogh. Toda la lectura se convierte, así, en un canto elegíaco, lento y con ecos del Dies Irae en la lejanía: tema medieval que Crumb ha utilizado en tantas de sus composiciones. La voz de Margaret Leng Tan acusa, si la comparamos con su registro del Makrokosmos, las casi dos décadas transcurridas, siendo así que los ocasos se asoman por diversos horizontes vocales, musicales y pictóricos. El violinista (1912-13), de Marc Chagall, inspira la cuarta pieza, 'The Fiddler', una partitura exuberante -según el propio Crumb- que dialogaría directamente con el pasado ruso y el folclore judío, portando ecos de los propios Cuadros de una exposición de Músorgski, así como del violín chagalliano, por cuanto, por medio del pedal, Crumb hace resonar en el teclado las notas de afinación del violín, en una de las piezas más nostálgicas de estas Metamorphoses. 'Nocturne: Blue and Gold - Southampton Water' dialoga con el cuadro homónimo pintado en 1872 por el impresionista estadounidense James McNeill Whistler. De nuevo, el dorado al que el título nos remite parece evocado por los arpegios en el cordal, ataques a los que se suma un piano impresionista y suspendido en teclado y pedal, sereno y cargado de reminiscencias que vuelven a evocar a Claude Debussy.

La sexta fantasía, 'Perilous Night', está basada en la pintura homónima del año 1990 de Jasper Johns. Si la quinta pieza moría en la oscuridad, desde ese registro grave nace 'Perilous Night', una obra progresivamente convulsa y transida de una oscura energía: ésa que llega a la pintura desde la música de John Cage en la que Jasper Johns se inspiraba; de forma que, de algún modo, se cierra aquí el círculo de lo musical a lo musical, pasando por la pintura. Nos reencontramos con Marc Chagall en la séptima fantasía, 'Clowns at Night', inspirada en el cuadro homónimo del año 1957 (una de las pinturas que Crumb confiesa entre sus favoritas). Instrumentalmente hablando, 'Clowns at Night' es una de las piezas más ampliadas de estas Metamorphoses, convirtiéndose prácticamente en una obra camerística, al incluir un piano de juguete para evocar la melodía del violinista que protagoniza el cuadro, así como un set de percusión y la voz de la propia Margaret Leng Tan a modo de espectro ululante, pues para Crumb la pintura de Chagall es una suerte de ballet grotesco a modo de poltergeist: una danza fantasmal, lánguida y seductora en tempo de blues evocada por el piano de juguete y los instrumentos ad hoc. Fiel a su referente pictórico (el óleo homónimo pintado en 1902 por Paul Gauguin), 'Contes Barbares' convoca ecos tahitianos tanto en la voz de Margaret Leng Tan, que aquí parece una hechicera polinesia, como en el propio teclado, con sus danzas y reminiscencias de los rituales mágicos en los instrumentos tribales de percusión. Todo ello sirve a Crumb para dar forma musical al drama que dice ver en la pintura de Gauguin, de modo que en 'Contes Barbares' prima lo teatral y la representación sonora de cada uno de los personajes del cuadro. Esa necesidad de expresar el paisaje (con los ecos de la música oriental) y la personalidad de cada personaje, hace que 'Contes Barbares' sea la pieza más larga de estas diez fantasías, con sus 5:19 minutos de duración, progresivamente más convulsos a medida que nos acercamos a su final. Salvador Dalí es la única presencia española en este museo pictórico-musical, por medio de La persistencia de la memoria (1931), óleo que inspira la novena pieza, 'The Persistence of Memory'. Es por ello que desde el museo de la memoria crumbiana se deslizan a esta novena pieza fragmentos musicales del pasado, como el Concierto para clarinete en la mayor K. 622 (1791) de Wolfgang Amadè Mozart, la Sonata para piano Nº31 en la bemol mayor opus 110 (1821) de Ludwig van Beethoven, o el himno Amazing Grace, conocido por Crumb en los Apalaches: todo ello entreverado de forma cuasi espectral, a modo de sombras que se deslizan desde el teclado entre la bruma que evaporan los arpegios en el cordal y el canto de la pianista. Cierra este primer libro de Metamorphoses su décima fantasía, 'The Blue Rider', obra inspirada en el icónico óleo de Vasili Kandinski Der Blaue Reiter (1903). Pieza enérgica e incansablemente rítmica, en ella escenifica musicalmente Crumb un cuadro que ve como una huida de la muerte, poniendo a Kandinski en la estela poética de Goethe. Es por ello la carrera sin descanso y el enorme virtuosismo en la digitación que la pieza demanda en sus compases finales, desgranados aquí con primor por una Leng Tan que contaba 71 años de edad al realizar esta grabación en vivo en las Donaueschinger Musiktage del año 2017: todo un tour de force de la singapurense que demuestra no sólo su profunda comprensión del piano crumbiano, sino el hecho de que estas Metamorphoses han sido compuestas específicamente para ella, mostrándonos las mismas virtudes y dominio de piano extendido y voz que nos había regalado en su referencial registro de los Makrokosmos I & II para mode records.

Aunque las primeras partituras para piano en el catálogo de George Crumb son su Piano Sonata (1945) y Prelude and Toccata (1951), serán sus Five Pieces for Piano (1962) aquellas en las que encontremos ya un lenguaje propio; de ahí, que unir en un mismo compacto estas cinco piezas con Metamorphoses supone enmarcar históricamente el piano del norteamericano desde su principio hasta su final (a día de hoy). La grabación que ahora reseñamos ya había sido publicada en 1988 por mode records (15), dentro de un compacto titulado Sonic Encounters en el que, además de la de George Crumb, nos encontrábamos con partituras para piano de John Cage, Alan Hovanhess, Somei Satoh y Ge Gan-Ru. Como algunas de estas otras piezas, las de Crumb se embeben por completo de las técnicas contemporáneas para piano, tan explotadas en el contexto norteamericano de la segunda posguerra; de forma que, en la estela de los Henry Cowell o John Cage, aquí Crumb ya activa el cordal por medio de técnicas que unen lo propiamente pianístico con recursos propios del arpa y de la percusión, movilizando las cuerdas del instrumento con diversos objetos y explotando el teclado en toda su extensión para crear ese piano entre suspendido, mágico y poderosamente dramatúrgico que caracteriza a Crumb. Tal y como afirma Margaret Leng Tan de estas Five Pieces for Piano, se trata de un ciclo muy compacto en el que unas piezas espejean a las otras, tramándose una columna vertebral que estructura las mismas por medio de una sencilla célula de tres notas (si bemol mayor-sol sostenido-la), a partir de la cual los numerosos efectos extendidos conjugan lo más puramente armónico con ruidos que, como siempre en George Crumb, no dejan de tener una naturaleza muy cercana tanto a lo propiamente armónico como a lo melódico; de forma que se mueven por coordenadas muy dispares de lo que estas técnicas suenan y significan en la música de un Helmut Lachenmann, por tomar otro profuso activador de la anatomía del piano en la segunda mitad del siglo XX.

Dentro de la escasa discografía de estas Five Pieces for Piano, destacaba, junto con este registro de Margaret Leng Tan que hoy reseñamos, el efectuado en 1995 por Peter Degenhardt para el sello col legno (WWE 1CD 20023). La versión de Peter Degenhardt está más marcada por las influencias de la avantgarde europea en Crumb; especialmente, del serialismo y de compositores como Boulez o Stockhausen, con un pianismo muy acerado y directo, en el que tiene una especial preminencia el teclado, articulando más en corto el fraseo. Mientras, la lectura de Margaret Leng Tan se toma más tiempo para desgranar las resonancias, así como confiere mayor peso a las técnicas extendidas, de forma que su lectura es más completa y propiamente crumbiana, con más encanto y una sonoridad más mágica y suspendida. Así pues, sigue mandando la singapurense como primera referencia con este registro del año 1985, si bien la de grabación de Peter Degenhardt resulta interesante para enfocar a Crumb desde otra óptica histórica, a partir del postserialismo.

Por lo que a las grabaciones se refiere, éstas son excelentes; especialmente, la de Metamorphoses, registrada en las Donaueschinger Musiktage por Kirsten Ermeler, de una presencia y una nitidez impresionantes, de ésas que harán que pensemos tener el piano en casa. La edición del libreto incluye, además de fotografías de los diez cuadros con los que Crumb dialoga en Metamorphoses, un fragmento de la partitura, datos completos de las grabaciones, una escueta biografía de Margaret Leng Tan y ensayos sobre las obras aquí presentadas tanto a cargo de la pianista singapurense como de un George Crumb que, a punto de convertirse en nonagenario, no sólo continúa componiendo, sino que lo hace fiel a sus principios estéticos, mostrando una firme voluntad de perseverar y encontrar nuevos destellos en los mismos; anunciándonos la propia Margaret Leng Tan en el libreto de este compacto que Metamorphoses tendrá un segundo libro, compuesto para el pianista norteamericano Marcantonio Barone. Así pues, quedamos a la espera de que este segundo libro se publique en disco compacto, para darles cuenta de ello y de lo que será, sin duda, una nueva metamorfosis crumbiana.

Este disco ha sido enviado para su recensión por mode records.

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