Alemania

Centenario de la orquesta de Bochum

Juan Carlos Tellechea

jueves, 6 de junio de 2019
Bochum, lunes, 20 de mayo de 2019. Gran sala auditorio del Anneliese Brost Musikforum Bochum. Concierto para festejar el 100º aniversario de la orquesta Bochumer Symphoniker. Richard Wagner, Preludio de Tristán e Isolda. Felix Mendelssohn Bartholdy, Sinfonía número 4 en la mayor, opus 90 La italiana. Serguéi Rachmáninov, Sinfonía número 2 en mi menor, opus 27. Orquesta Bochumer Symphoniker. Directores Steven Sloane (principal), Raphael Christ (dirección musical), Gabriel Chmura (invitado). 100% del aforo.
Steven Sloane © by Bochumer Symphoniker

Aunque no de las más antiguas, la célebre orquesta Bochumer Symphoniker (Orquesta Sinfónica de Bochum) es una de las más prestigiosas y de gran tradición en Alemania, especialmente conocida por sus singulares y hasta audaces programas musicales con composiciones modernas. El aclamado concierto de este lunes 20 de mayo de 2019, punto culminante de seis días de festejos con motivo de cumplir el conjunto 100 años desde que tocó por primera vez públicamente, fue un gran acontecimiento cultural, transmitido en vivo por la emisora de radio WDR 3 (la grabación puede ser bajada de su archivo sonoro en internet) desde la gran sala auditorio del Anneliese Brost Musikforum Ruhr, colmada de público.

El estupendo programa, el mismo que tocaran los Sinfónicos de Bochum aquel martes 20 de mayo de 1919 en el histórico y desaparecido Theater an der Königsallee (hoy la renombrada Schauspielhaus), cuando se estrenaron bajo la batuta de su primer director general Rudolf Schulz-Dornburg, a la sazón de 28 años de edad, se lo repartieron tres excelentes figuras musicales de nuestro tiempo.

El Preludio de la ópera Tristán e Isolda, de Richard Wagner, fue conducido por el actual jefe de la orquesta, el maestro Steven Sloane (Los Ángeles/California, 1958); la Sinfonía número 4, Italiana, de Felix Mendelssohn Bartholdy, fue dirigida a la antigua usanza por el brillante concertino de la Bosy (como llaman simpáticamente a la Bochumer Symphoniker por estos lares), Raphael Christ (Berlín, 1982); y la Sinfonía número 2 de Serguéi Rachmáninov, por el antecesor de Sloane, el insigne Gabriel Chmura (Breslavia, Polonia, 1946), toda una agradable sorpresa para el millar de espectadores asistentes.

La maravillosa velada fue abierta por el alcalde de Bochum, el socialdemócrata (SPD) Thomas Eiskirch. Los pobladores de la ciudad se sienten muy orgullosos de su orquesta y del nuevo hogar que ocupa este colectivo musical, el Anneliese Brost Musikforum Ruhr, inaugurado en 2016. El complejo, construido con esfuerzo cívico, con donaciones privadas, ocupa el recinto de una iglesia de estilo neogótico desacralizada por falta de fieles, que vendió la curia católica a la ciudad y un amplio predio contiguo.

Aquí, en la gran sala auditorio, los violines oyen a los oboes, y las trompetas pueden responder a las violas. La sala no es tan grande como la Filarmónica de la vecina Essen (también en la Cuenca del Ruhr) o la de Colonia, pero tiene lo que se llama respiración natural y resonancia (mejor acústica que en la gigantesca Elphilharmonie de Hamburgo). Hay espacio para 960 espectadores, y desde cada asiento se siente uno tan cerca del podio como si estuviera sentado en medio de los músicos.

Hace un siglo el conjunto estaba integrado por 46 músicos (todos hombres). Los tiempos han cambiado mucho entretanto y ahora las tres famosas obras fueron ejecutadas por los 80 instrumentistas que tiene en la actualidad (de ambos sexos). La orquesta se luce sobremanera con estas piezas, cuya gestualidad musical es romántica, pero con asombrosas diferencias. Las disimilitudes no podían haber sido más radicales. tanto en su arte compositivo, como en su particular ejecución.

El Preludio de Tristán e Isolda (Langsam und schmachtend) fue interpretado por Sloane con la serenidad, precisión y energía que requiere esta dramática historia (la fictiva y la real que inspirara e influyera también a Wagner en aquellos momentos de su vida) . La música, desde el primer acorde, parecía haber surgido del infinito, e iba transportando al espectador a otro universo muy lenta y lánguidamente hasta densificarse en su preciosa textura; espléndido el trabajo de cuerdas, maderas y vientos. La platea, encantada, aplaudió efusivamente la interpretación. Instantes después, Sloane se instalaba en la primera fila de la platea alta para presenciar desde allí el concierto como un oyente más.

Aún más emocionante fue La italiana, conducida con mucha claridad, concisión y vigor por el primer violinista Raphael Christ, de pie (al igual que toda su propia sección de instrumentos junto con las violas), a veces semiacuclillado, inclinado como en un acto de reverencia, al frente de la orquesta. Fue una ejecución con gran ímpetu, devoción, homogeneidad y afán en el Allegro vivace, con ese aire procesional en el Andante con moto que suena como un Requiem o como un Santo Entierro de Semana Santa en la Italia o en la España meridional; cautivador en el Con moto moderato; y contundente fuerza juguetona, con tintes de tarantela en el Saltarello: Presto del vibrante tutti final. ¡Una labor impresionante!!!

Tras el intervalo vendría el gran plato fuerte de la tarde, la Sinfonía número 2 de Rachmáninov, ejecutada, sin cortes, durante una hora por Gabriel Chmura, quien fuera director principal de estos Sinfónicos de Bochum entre 1982 y 1987. Fueron 60 minutos de grandiosidad e intensidad dramática en el Largo – Allegro moderato; de ensueño y a veces escalofriante en el Allegro molto, de un romanticismo extremado, idílico y exquisito en el Adagio; y de imponentes contrastes en el amplio Finale: Allegro vivace que hicieron estallar al público en una tempestad de ovaciones y vítores. Este primer centenario de la Bosy permanecerá larga, muy largamente en el recuerdo de quienes tuvieron la gran dicha de poder compartirlo. Fue una gran jornada para la orquesta y sus responsables.

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