España - Castilla y León

Goebel o el clasicismo moderno

Samuel González Casado

miércoles, 5 de junio de 2019
Valladolid, sábado, 25 de mayo de 2019. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Reinhard Goebel, director. Iván Martín, piano. Franz Joseph Haydn: Sinfonía n.º 85 en si bemol mayor, “La reina”. Wolfgang Amadè Mozart: Concierto para piano n.º 13 en do mayor, K. 415; Concierto para piano n.º 15 en si bemol mayor, K. 450. Johann Christian Bach, Amadís de Gaula: Suite. Ocupación: 80 %.
Reinhard Goebel © by Wolf Silveri

Aunque en el fondo era uno de los conciertos del año por la presencia de un director con semejante trayectoria, la temática “clásica” del concierto n.º 17 de la temporada de la OSCyL atrajo a menos público que el anterior, la gran velada protagonizada por Eliahu Inbal. Sin embargo, el listón técnico se mantuvo en unos niveles parecidos salvo algunos pequeños derrapes de las trompas, dentro de unos criterios y un repertorio totalmente distintos que dan la oportunidad a los profesores de trabajar con maestros de los que es imposible no aprender algo (lo que por supuesto también termina ocurriendo en sentido inverso).

El caso de Reinhard Goebel es bien conocido: después de una magnífica carrera con grupos de instrumentos antiguos, especialmente Musica Antiqua Köln, hoy es capaz de transmitir de forma nítida a las orquestas sinfónicas su típica manera de afrontar este repertorio, con unos resultados respecto a los que habría que ser muy maniático para poner peros. Quizá a su Haydn le falte algo de sentido del humor, pero ahí acaba todo. Precisamente la Sinfonía n.º 85, “La reina”, pareció surgir de la nada como una bomba de ritmo y precisión; de hecho, las repeticiones por las que optó Goebel no hicieron pesado el primer movimiento, que quedó extenso. La forma de ligar las distintas secciones fue absolutamente eficiente, lo que dio entidad y continuidad a una obra que tuvo su contrapunto en el lirismo con que se afrontaron las imaginativas variaciones de La gentille jeune Lissette.

Iván Martín y Reinhard Goebel tienen conceptos distintos sobre la forma de afrontar los conciertos para piano de Mozart. El pianista canario se toma ciertas “libertades” que no tienen que ver con la corriente historicista, y las ejerce sobre todo en las cadencias, con un estilo que no termina de casar con el que propone el director aunque se notara claramente donde había habido mayor voluntad de encuentro (tempi rápidos y fraseos escuetos en pasajes líricos).

Dentro de lo anterior, si el Concierto n.º 13 fue satisfactorio pese a algunos pequeños problemas de sincronización en el Allegro, el complicadísimo n.º 15 fue excepcional. Martín bordó todo lo que hizo, y además en mayor consonancia con una orquesta reducida y director intachables en cuanto a equilibrio, volumen, empuje, contraste... Fue fantástico el etéreo comienzo de la cuerda en el Andante (fundamental la labor del concertino Andoni Mercero en todo momento), y también el diálogo del piano con las maderas, excepcionalmente ubicadas, junto a trompas, en la zona derecha para esta obra. Los aspectos más virtuosos y la planificación general se solventaron con perfecta claridad de ideas, y el pianista sumó sus reconocidas cualidades técnicas y mecánicas para construir, frasear y en definitiva dar vida a esta música de forma exquisita en 25 inolvidables minutos.

No es de extrañar que Mozart admirara a Johann Christian Bach, como explica Adolfo Muñoz Rodríguez en sus excelentes notas al programa. Se percibe clarísimamente su influencia en el de Salzburgo. La obertura de Amadís de Gaula es una obra de entidad importante, repleta de imaginación y equilibrio. Goebel y la orquesta ofrecieron una versión solidísima y expansiva, y sin embargo totalmente transparente. También en la suite de danzas, la percusión y los metales ofrecieron otra dimensión dinámica, y las magníficas intervenciones de las maderas (destacó la flauta Diane Winsor y el oboe Sebastián Gimeno) colorearon, una vez más, con un contrapunto delicado ese punzante estilo de Goebel. Estupendo final, pues, con un autor que supongo no suele cerrar muchos conciertos de temporada, y sin embargo resulta extremadamente satisfactorio, sobre todo interpretado así.

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