Alemania

Cenicienta: Un poema danzado

Juan Carlos Tellechea

viernes, 7 de junio de 2019
Essen, viernes, 15 de febrero de 2019. Aalto Musiktheater Essen. Aalto Ballett Essen. Cinderella, ballet en tres actos de Stijn Celis, con música de Serguéi Prokófiev y Les Baxter (banda sonora). Coreografía y escenografía Stijn Celis. Vestuario Catherine Voeffray. Diseño de iluminación Marc Parent, Erwann Bernard. Maestros de ballet Alicia Olleta, Michel Béjar, Armen Hakobyan. Intérpretes: Cinderella (Yulia Tsoi), Príncipe (Yegor Hordiyenko), Madrastra (Ige Cornelis), Hermanastra I (Liam Blair), Hermanastra II (Wataru Shimizu), Padre (Denis Untila), el Hada buena (Maria Lucia Segalin), Mensajero (Dale Rhodes). Las palomas: Damas: Paula Archangelo Cakir, Larissa Machado, Julia Schalitz, Yulia Tikka, Mariya Tyurina, Mika Yoneyama. Varones: Benjamin Balasz, Nwarin Gad, Alexandre Konarev, Qingbin Meng, Moisés León Noriega, Artem Sorochan. Invitados en el baile: Damas: Paula Archangelo Cakir, Elisa Fraschetti, Yusleimy Herrera León, Larissa Machado, Ekaterina Mamrenko, Yulia Tikka, Julia Schalitz, Marie Van Cauwenbergh. Varones: Benjamin Balasz, Nwarin Gad, Alexandre Konarev, Qingbin Meng, Moisés León Noriega, Dale Rhodes, Harry Simmons, Artem Sorochan. Dobles de Cinderella: zapato sobre la cabeza Julia Schalitz; delantal blanco Elisa Fraschetti; torero Moisés León Noriega; mellizos Ekaterina Mamrenko, Mika Yoneyama; español Larissa Machado. 100% del aforo.
Yulia Tsoi © 2019 by Bettina Stöß

De niño, el coreógrafo Stijn Celis (Turnhout, Bélgica, 1964) veía todos los sábados con su hermana en Flandes películas musicales, de baile y de ballet, entre ellas las de la Metro Goldwyn Meyer con la legendaria pareja de Fred Astaire y Ginger Rogers. Así quedaron grabadas en su memoria, por ejemplo, Las zapatillas rojas (1948), de los británicos Michael Powell y Emeric Pressburger, con Moira Shearer, Marius Goring y Anton Walbrook en los papeles principales; y La cenicienta (1950) filme de animación producido por Walt Disney y dirigido por Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Lusk, basado en el popular cuento homónimo de Charles Perrault.

Celis estaba muy lejos todavía de comenzar su carrera como bailarín y coreógrafo, así como de realizar su propia versión de La cenicienta. En aquel entonces admiraba Cinderella como un conmovedor cuento de hadas que se relacionaba indirectamente con la propia historia de su madre, también huérfana. Entonces, ni se imaginaba siquiera el éxito que tendría su Cinderella en Montreal en 2003, y más tarde en Dresde, Basilea y Sarrebruck.

El Aalto Ballett Essen puso en escena con total éxito la muy aguardada reposición de la obra. Un millar largo de espectadores atronaron con sus aplausos y ovaciones el amplio recinto del Aalto Musiktheater (dicho sea al margen, preciosamente diseñado por el finlandés Alvar Aalto en 1959, ganador de un concurso de arquitectos, aunque lamentablemente no pudo ver su obra, concluida en 1988, ya que fallecería en 1976).

El ascenso de Celis como bailarín fue muy rápido. A los 14 años tomó clases por primera vez, y a los 19 años ya bailaba en el Royal Ballet de Flandes. En aquel entonces, Ben Van Cauwenbergh, hoy director del Aalto Ballett, era primer solista allí. Sus caminos se separaron, pero a través de los años nunca se perdieron de vista.

En Zúrich, Ginebra y Estocolmo Celis se centró en el ballet contemporáneo. Alentado y respaldado por el coreógrafo Mats Ek, mostró su primer trabajo en el Festival de los Países Bajos en 1997. No fue un gran éxito. Como consecuencia de ese mediocre resultado se formaría y se graduaría como escenógrafo y comenzaría de nuevo otra vez desde el principio. Sin embargo, su vocación por el ballet le atraía mucho más, lo tenía aprehendido, no lo soltaba y continuaría luchando hasta alcanzar esa meta.

En el Staatstheater de Wiesbaden, a cuyo frente estuvo también Van Cauwenbergh, se dedico al estudio exegético del clásico Cenicienta (1945), de Serguéi Prokófiev. No estaba contento con el resultado y se juró a sí mismo no hacer nunca más concesiones a la popularidad. Por el contrario, obras como Les Noces, Romeo y Julieta y la segunda versión de Cenicienta satisficieron, por fin, sus aspiraciones.

Antes de convertirse en director del Ballet de Berna (Suiza), estrenó su moderna versión de Cenicienta con Les Grands Ballets de Montreal en 2003. Esta vez sometió todo a un cambio radical, un giro de 180 grados entre el sueño y la realidad. No es el príncipe quien elige a Cenicienta, sino Cenicienta al príncipe. La música abarca la composición original de Prokófiev, además del sonido de Les Baxter (Because of You/Unless, de 1951, y su versión del popular fado Abril en Portugal/Coimbra (1947), originalmente compuesto por Raul Ferrão y letra de Jose Galhardo). El escenario y principalmente las figuras están cargados de simbolismos.

Cenicienta es una mujer joven que crece, que exige su libertad. No es ninguna proyección de limpieza, ingenuidad y castidad. Cuando conoce al veleidoso príncipe, ya ha tenido experiencias sexuales que constituyen una base de su personalidad. Pero antes que ella lo elija, su afecto se dirigirá a su padre, un hombre decepcionado consigo mismo, con quien comparte el amor hacia la madre fallecida. Su protesta y rebelión se orientará entonces contra la madrastra, que intenta a su vez salvar su matrimonio.

La caracterización de la familia lo mantuvo ocupado durante mucho tiempo a Steijn. Él mismo se crió en medio de relaciones familiares muy complicadas (padre belga, se suicidó; madre mauritana que tuvo que asumir ambos papeles). De ahí que todo esto se refleje aquí de una forma psicológicamente excéntrica, por aplicar un término más o menos elegante. La madrastra (Ige Cornelis) y las hermanastras (Liam Blair y Wataru Shimizu), son interpretados magníficamente por varones. Nada que ver esto con el arte del travestismo o con un gag cómico, sino con la causalidad de los problemas que arrastra desde el pasado.

La profundidad, la modernidad y el romanticismo se mantienen en el ballet y en la vida de Stijn Celis. Hay aquí una constante búsqueda, una exploración, tal vez hasta para conocerse mejor a sí mismo. Es una cuestión de gustos, por supuesto, pero la primera mitad de la pieza (de dos horas de duración en total) no tiene tanta tensión (le falta más salero) ni resulta tan bien lograda, variada y colorida como la segunda. Ambas están muy bien interpretadas por el elenco de bailarines, por supuesto. Es como si las correcciones que aplicara Celis a su obra hubieran favorecido más a esta última parte y no tanto al comienzo. Pero la lectura final es muy lírica, más que un cuento de hadas, nos parece haber presenciado un hermoso poema sobre La Cenicienta, una opinión que compartió, sin duda, la mayor parte del público que salió enormemente satisfecho del teatro.

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