Francia

Ahí está el detalle

Jorge Binaghi

miércoles, 5 de junio de 2019
París, sábado, 25 de mayo de 2019. Opéra Bastille. Tosca (Roma, Teatro Costanzi, 14 de enero de 1900), libreto de L. Illica y G. Giacosa y música de G. Puccini. Puesta en escena: Pierre Audi. Escenografía: Christof Hetzer. Vestuario: Robby Duiveman. Intérpretes: Anja Harteros (Floria Tosca), Marcelo Puente (Mario Cavaradossi), Zeljko Lucic (Scarpia), Krzysztof Baczyk (Angelotti), Rodolphe Briand (Spoletta), Nicolas Cavallier (Sacristán), y otros. Coro (preparado por José Luis Basso) y Orquesta de la Opera Nacional de París. Dirección: Dan Ettinger
'Tosca' según Audi © Svetlana Loboff / OnP, 2019

Aunque este año no me faltan ediciones de esta popular ópera (más bien lo contrario, y eso que me gusta mucho) decidí no perder esta por el gancho que suponían sus dos protagonistas. La promesa se cumplió en un cincuenta por ciento, cosa que no me ha pillado desprevenido, pero no calculé que el resto fuera tan poco interesante.

Jonas Kaufmann tuvo que cancelar una vez más (hasta la fecha me ha tocado no verlo esta vez, un Don Carlos en París, una Forza del destino en Múnich y un recital en Barcelona. Esta parece haber sido la ocasión en que más justificación ha habido). Al parecer volvería en junio (es decir, la semana próxima) para una o dos funciones. Como entonces tendrá que cantar con Sonia Yoncheva, que hace poco tuvo que cancelar una función de este mismo título en Berlín por su estado ‘interesante’, será interesante ver qué ocurre. En la mayoría de funciones, salvo la primera, el cantante llamado a sustituirlo fue Puente, a quien conocí en la Scala en situación similar para un título mucho más raro, Francesca da Rimini. Sigue manteniendo su buena presencia y desenvoltura escénica, una voz homogénea y oscura, muy oscura (sobre todo por la forma de emisión, engolada, que genera diferencias de volumen al llegar al agudo, casi siempre tenso y en algunos momentos con un incipiente trémolo), un fraseo sumario y, lógicamente, una incapacidad para los matices y la media voz más que evidente. Con esos mimbres su Cavaradossi resultó más o menos aceptable (recibió un buen aplauso tras su segunda aria y, como todos, fue muy aplaudido en los saludos finales ante un teatro repleto).

Lucic nunca ha sido un gran actor y menos aún un maestro en el decir. Si eso se nota en Verdi, no se pueden esperar milagros en Puccini y en un papel que, como el de la protagonista, requiere a partes iguales voz y dominio de la escena. En cuanto a la primera, seguramente es un instrumento grande, de mediana calidad, y en más de un momento velado. En cuanto al segundo se mueve como le han dicho, pero no es muy creíble. Pero que se pasen frases como ‘illanguidir d’amor’ y otras parecidas en los dos actos en que interviene sin que se las aproveche para crear un personaje y casi sin matizar deja más bien perplejo. 

El desinterés se extendió a los secundarios, empezando por el insuficiente Angelotti o el pálido Spoletta (y eso que Briand otras veces me resultó interesante), con la excepción del pastorcillo anónimo y sobre todo el buen Sacristán de Cavallier, como siempre una garantía de buen canto y escena aunque en algún momento el timbre pareció algo claro, pero se agradece alguien que no haga del rol una máscara de la Commedia dell’Arte.

Si pasamos a la dirección de Ettinger, tendré que decir que continúa sin interesarme. La orquesta sonó bien, pero si empezó con tiempos alargados más que lentos terminó con prisas –tras un preludio del tercer acto más bien estirado y donde las campanas a veces parecían cencerros- y con tal nivel de exceso en el volumen que las frases de la protagonista luego del fusilamiento de Cavaradossi se adivinaron más que oyeron.

El coro cumplió bien con su cometido puntual en los dos primeros actos, y la puesta en escena ya la he comentado en el momento de su estreno y me limito a repetirme: “La nueva producción de Audi no lo es tanto. Es la más tradicional que le he visto, no parece haber habido mucho esfuerzo, se deja ver con agrado por el magnífico vestuario pero menos por la horrible escenografía -el peor y más absurdo y molesto primer acto que haya visto- y poca marcación de actores (si la hubo, no afectó al tenor).” Agrego ahora que el tercer acto con su tienda de campaña en vez de cárcel, su ausencia del Castel Sant’Angelo, la presencia molesta del pelotón de fusilamiento desde el vamos (el carcelero es un soldado corrupto al que no se le puede entregar la carta) y la de un sacerdote que no ceja en sus intentos de absolver a Mario de sus pecados, me pareció digno de competir con el primero. 

Me parece que olvido algo. Ah, ya. El único motivo por el que valió la pena todo lo demás y justificó tiempo, viaje, hotel, etc. Nada menos que la protagonista. Pero Floria necesita a otros dos intérpretes de su mismo nivel canoro y uno al menos de su empeño artístico, o no hay Tosca convincente.

Y el gran trabajo de Harteros en medio del resto, si brilló aún más sólo sirvió para demostrar la verdad de lo antes dicho. En el primer acto estuvo estupenda desde todos los puntos de vista y , por ejemplo, ‘lo dici male, lo dici male’, con la diferenciación en la repetición, dejó claro ante quién nos encontrábamos. Fue una diva coqueta y joven, juguetona hasta que decide que ya está bien (lo mismo ocurre en el tercer acto) y su ‘falle gli occhi neri’ jugando con el pincel del pintor fue antológico. Menos espontáneo le sale el arranque de celos de ‘Giuro!’, y seguramente, aunque se emplea a fondo, su desgarro ante Scarpia no es lo mejor del personaje, pero el ‘Vissi d’arte’ (la única ovación comprensible para mí en toda la velada) fue sensacional, la voz respondía en todos los momentos en que hay que emplearla a fondo (no son pocos) sin perjuicio de la calidad del timbre o de unas notas filadas impresionantes. ¿Qué decir de los peligrosos agudos del último acto comenzando por el famoso ‘do’ de la ‘lama’ que ha puesto en peligro a más de una de las consideradas grandes intérpretes del rol, fácil y perfectamente afinado? Por eso lamenté que el desborde orquestal sólo me dejara -por fortuna- oír su célebre frase final ‘O Scarpia, davanti a Dio!’, pero sobre todo me impresionó su forma de musitar en algo a medio de camino entre el canto y el recitado el final del segundo acto ‘E avanti a lui tremava tutta Roma’, que como se sabe no es difícil vocalmente, pero sí desde el punto de vista de fraseo y actuación. La señal de la cruz inconclusa al ver la sangre en las manos fue algo digno de verse. En estos ‘pequeños’ detalles se notan los grandes artistas. 

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