Artes visuales y exposiciones

Johann Wolfgang von Goethe: La transformación del mundo

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 12 de junio de 2019
Goethe: Verwandlung der Welt © 2019 Prestel Verlag

El 28 de agosto de 1749 nacía en Francfort del Meno el más grande de los poetas y pensadores alemanes, Johann Wolfgang von Goethe. Con motivo de conmemorarse el 270º aniversario de su natalicio, el Bundeskunsthalle [Centro de Arte y Exposiciones de la República Federal de Alemania] le dedica una magnífica exposición titulada Goethe. Verwandlung der Welt (Goethe. Transformación del mundo) desde el 17 de mayo al 15 de septiembre de este año. El precioso catálogo de 305 páginas con artículos de Johanna Adam y Thorsten Valk, comisarios de la muestra, entre otros especialistas, fue publicado por la editorial Prestel Verlag. El mismo día de su próximo cumpleaños, el miércoles 28 de agosto de 2019, será festejado por la Bundeskunsthalle con un concierto en el que serán interpretadas obras de Ludwig van Beethoven, Robert Schumann y Franz Schubert. Los detalles del programa no fueron dados aún a conocer, pero daremos cuenta de él en una próxima reseña.

La exhibición abarca no solo las salas principales de la Bundeskunsthalle, sino que se extiende también hasta su techo, donde fue plantado un hermoso jardín, como el que tenía Goethe en su casa de Weimar (estado federado de Turingia), por floricultores de esa región, con algunos ejemplares originales, como la histórica Rosa Francofurtana, cuya genealogía y antigüedad se pierden en la nebulosa de los tiempos. Goethe amaba las rosas, a las que consideraba las flores más perfectas que podía dar la naturaleza en Alemania, y se sentía feliz cuando entregaban su esplendorosa florescencia y fragancia hacia finales de junio, según uno de sus poemas:

Ich liebe die Rose als das Vollkommenste,

was unsere deutsche Natur als Blume gewähren kann;

aber ich bin nicht Tor genug,

um zu verlangen,

daß mein Garten sie mir schon jetzt,

Ende April gewähren soll...

Ich freue mich,

wenn ich im Mai die Knospe sehe

und ich bin glücklich,

wenn endlich der Juni

mir die Rose selbst in aller Pracht

und in allem Duft entgegenreicht.

La presentación comienza con dos sencillos listones de madera de diferente longitud, obra del escultor alemán Georg Herold (Jena, 1947). Sobre el más largo figura la palabra Goethe; en el más corto la siguiente y provocativa leyenda: en comparación cualquiera es un cabrón con pintas. Herold alude a que al lado del poeta nacional y sabio universal todo quisque se siente inevitablemente empequeñecido.

Lo que no quieren por nada del mundo los comisarios de la exposición es que Goethe sea de nuevo elevado a un pedestal como ocurriera en múltiples oportunidades en conmemoraciones pasadas. A Goethe se lo llamaba antaño el mejor yo del pueblo alemán. Cada época lo manipuló a gusto y gana y se adueñó de él para los más diversos propósitos, buenos y malos, según se los ve hoy a la distancia. La historia de esas deformaciones ocupa asimismo buena parte de la exhibición.

En lugar de estilizarlo, el proyecto quiere reubicar en su propio tiempo a quien fuera el consejero privado del duque Carlos Augusto de Sajonia-Weimar-Eisenach (1757-1828). De ahí el título de la muestra, Transformación del mundo, en referencia a los cambios radicales que vivió Goethe en su larga vida (hasta su fallecimiento el 22 de marzo de 1832): la Revolución Francesa (14 de julio de 1789) y la primera Revolución Industrial (segunda mitad del siglo XVIII).

Las investigaciones sobre Goethe y su legado no están terminadas, siguen en curso, afirma Thorsten Valk, profesor de la Universidad Friedrich Schiller de Jena (cerca de Weimar) y miembro de la prestigiosa Klassik Stiftung Weimar (Fundación clasicismo de Weimar). El interés por Goethe sigue siendo enorme, como lo muestran ejemplarmente a ojos vistas los actuales debates sobre el Diván de Oriente y Occidente (su más vasta colección de poemas, aparecida en 1819 y ampliada en 1827, inspirados por el poeta persa Hafez-e Shirazi (1315 o 1325-1390), afirma el director general (intendente) de la Bundeskunsthalle, el historiador de arte neerlandés Rein Wolfs.

El espacio de la muestra está dividido en nueve secciones que se distinguen por los colores de fondo pintados sobre sus respectivas paredes. Verbigracia, el amarillo limón está dedicado a su trascendental viaje a Italia (1786-1788), país que lo impresionó profundamente, al punto de causar un importante giro en su vida para cambiar su desequilibrada estética romántica por el equilibrio clásico (el comienzo de su estética clasicista de Weimar).

Si bien completamente fascinado por la cultura de toda la península itálica (deslumbrado en especial por Venecia, Florencia y Roma), y aunque le debía a una joven romana su iniciación erótica y sexual (¡a los 39 de edad!!!), una tal Faustina, camarera de la Osteria alla Campana, hija del hostelero Agostino di Giovanni, viuda y madre de un niño (ver Elegías Romanas, compuestas entre 1788 y 1790), no dejaba de lanzar invectivas por lo caótico que eran (y siguen siendo) los italianos (cualquier similitud con los catastróficos acontecimientos políticos, económicos, financieros y de sobreendeudamiento actuales no son pura casualidad).

El apartado de color naranja está dedicado al Islam. En el Diván de Oriente y Occidente, la última de sus antologías importantes (12 libros de poesía lírica inspirada en el persa Hafez que Goethe descubriera en 1814 en la traducción al alemán del orientalista austríaco Joseph von Hammer-Purgstall (1774-1856), publicada en 1812), escribiría el pensador alemán: Wer sich selbst und andere kennt, wird auch hier erkennen: Orient und Okzident sind nicht mehr zu trennen (El que se conoce a sí mismo y a los demás habrá de reconocer aquí también que Oriente y Occidente son inseparables). Con enunciados como éste, Goethe continúa erigiéndose en el impulsor de debates interculturales de gran contemporaneidad, como apuntaba más arriba el director general de la Bundeskunsthalle, Rein Wolfs. Dicho esto al margen, Wolfs, lamentablemente, dejará la institución el próximo 1 de diciembre, tras seis años de labor, para dirigir el Stedelijk Museum, de arte moderno y diseño, de Amsterdam. Su sucesor será designado en las próximas semanas.

Entre las piezas más sorprendentes expuestas en la Bundeskunsthalle figura el pistolete con el que el jurista, escritor y filósofo Karl Wilhelm Jerusalem (1747-1772) se suicidó el 30 de octubre de 1772 en la ciudad de Wetzlar. Su trágico fin sirvió de modelo para Las penas del joven Werther, cuitas por amores no correspondidos, la novela epistolar semiautobiográfica de Goethe, publicada en 1774. El arma le había sido prestada a Jerusalem por un conocido suyo, el jurista y archivista Johann Christian Kestner (1741-1800). Los comisarios de la exposición llevaron a cabo una ardua labor de investigación en Suiza hasta dar con la pequeña pistola en cuestión. Impresionante asimismo fue la comercializacion que se creó en torno al Werther, uno de los primeros libros con mayor éxito de ventas a nivel internacional. Se ponían a la venta entonces perfumes, joyas y porcelanas estampadas con su nombre.

Fausto, la obra más famosa de Goethe y una de las grandes creaciones de la literatura univesal, ha cobrado hoy mayor relevancia aún que en su propio tiempo, ante asuntos como los pactos políticos con la mefistofélica ultraderecha, nacionalista, racista, xenófoba, intolerante, antisemita, nazi y fascista (véase Austria, Italia y Gran Bretaña) o la manipulación genética y la inteligencia artificial. Incluso su Teoría de los colores que intentó con poca fortuna refutar a la de Isaac Newton, no tuvo demasiada aceptación en la comunidad científica de la época, aunque inspiraría más tarde a muchos artistas, como William Turner, Piet Mondrian y Paul Klee. Cuando el ojo ve un color se excita inmediatamente, y ésta es su naturaleza, espontánea y de necesidad, producir otra en la que el color original comprende la escala cromática entera. Un único color excita, mediante una sensación específica, la tendencia a la universalidad. En esto reside la ley fundamental de toda armonía de los colores..., afirmaba Goethe en su libro sobre la Teoría de los colores en 1810.

Uno sale muy impresionado de la amplia exposición, museísticamente perfecta, sumamente informativa y atractiva. Tal vez hubiera sido oportuno incluirle además una décima sección con las grandes contradicciones en la vida de Goethe, quien no tenía demasiado buen olfato para las cuestiones políticas. Miembro de la logia masónica Amalia de las Tres Rosas, de Weimar, desde el 23 de junio de 1780 y pese a sus naturales simpatías y contactos con personalidades de la Ilustración y del Enciclopedismo, Goethe condenaría en su momento a la Revolución Francesa. Algunos de sus epigramas venecianos tratan ya del tema y del gran trastorno que le produjera este histórico acontecimiento.

Los cambios a través del uso de la violencia le parecían entonces una atrocidad. Sin embargo, Goethe admiraba a Napoleón Bonaparte, con quien mantendría un encuentro personal en 1808 en Erfurt (hoy capital del estado federado alemán de Turingia). Éste fue quizás el hecho más importante en aquella etapa de su vida. El ejército francés ocupaba parte del territorio prusiano durante las Guerras Napoleónicas (1799-1815) que sacudieron a toda Europa y causaron 3,5 millones de víctimas humanas (incluidas 1,9 millones de bajas en combate). De aquel 1808 datan los fusilamientos del 3 de mayo en Madrid, inmortalizados por Francisco de Goya en su célebre óleo de 1814, conservado en el Museo del Prado.

Las transformaciones económicas y políticas a finales del siglo XVIII y en la primera mitad del XIX fueron vertiginosas. El gran vate alemán estuvo involucrado en estos cambios, no solo como urbanista, paisajista y consejero político en la corte de Weimar, sino también como observador crítico de los albores de la modernidad, como intérprete filosófico de nuevos horizontes del conocimiento, y ante todo como escritor versátil, curioso, inquisitivo y extremadamente hambriento de cultura

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.