España - Cataluña

Todas las Toscas la Tosca

Jorge Binaghi

martes, 18 de junio de 2019
Barcelona, domingo, 9 de junio de 2019. Gran Teatre del Liceu. Tosca (Roma, Teatro Costanzi, 14 de enero de 1900). Música de G. Puccini y libreto de G. Giacosa y L. Illica sobre La Tosca de V. Sardou. Dirección escénica y escenografía: Paco Azorín. Vestuario: Isidre Prunés. Intérpretes: Liudmyla Monastyrska/Tatiana Serjan (Floria Tosca), Jonathan Tetelman/Roberto Aronica (Mario Cavaradossi), Erwin Schrott/Lucio Gallo (Barón Scarpia), Stefano Palatchi (Angelotti), Enric Martínez-Castignani (Sacristán), Francisco Vas (Spoletta), Josep Ramon Oliver (Sciarrone), Marc Pujol (Carcelero) e Inés Ballesteros (Un pastor). Orquesta y coro del Teatro (maestra de coro: Conxita García). Director: John Fiore.
Azorín: Tosca © A. Bofill, 2019

El título, por supuesto, es un ‘tosco’ remedo de la célebre colección de cuentos de  Julio Cortázar, Todos los fuegos el fuego. Tal vez no por los mismos motivos sino porque este año los teatros parecen haberse puesto de acuerdo en dar la misma ópera y con más de un reparto. Por supuesto sigue siendo una obra maestra, pero en 2019, si no cuento mal, me quedan aún Viena y Milán. Para no salir de Puccini y sin proponer rarezas tipo Edgar, Le villi o La rondine me gustaría saber si para cambiar un poco no podríamos volver a Il Trittico o La fanciulla del West o incluso a Manon Lescaut. Porque parece que Puccini es el autor de Bohème, Butterfly, Turandot (con variados finales) y esta dichosa Tosca.

Se retomó la producción local de hace cinco años con algunas modificaciones o repensamientos que no variaron en lo sustancial mi apreciación de entonces: “Azorín es un hombre de teatro, lo que no siempre es sinónimo de teatro lírico. Mucho no cambia ni agrega ponernos calles y horas de Roma al principio de cada acto (los dos últimos se dieron seguidos -un criterio tal vez correcto para el tiempo de permanencia, pero no dramáticamente-) para recordarnos que todo transcurre en 24 horas y/o evitar especificar lugares (no se consigue con el puente y el Castel Sant’Angelo del último acto, justamente el menos ‘realista’ de los tres -o dos- decorados). Es cierto que la iglesia del primero, aunque no sea la de Sant’Andrea della Valle, es tan oscura que tal vez se encuentre alguna así en los extremos del hemisferio norte, con lo que se produce el contrasentido de que, de noche, el palacio de Scarpia (aunque no sea el Farnese) parece por contraposición luminoso (no lo es en absoluto). No sé si vale la pena en tiempos de emergencia económica agregar figurantes que acompañen a Angelotti hasta la iglesia durante los acordes iniciales, ni luego, durante la introducción del último acto […], que los mismos acompañen a Tosca a la cárcel como si fuera una heroína pública. También es curioso que el pintor muera sobre el tejado exactamente en el mismo sitio desde donde se precipita al vacío su amante, que los soldados estén al cabo de la broma macabra del fusilamiento ‘simulado’ y que el carcelero no quiera el soborno del anillo, se supone que por solidaridad. Cuando hace falta algún otro figurante en esa escena, no lo hay, y así, como en el resto, frases enteras carecen de sentido, es decir, si se las traduce, como no es el caso aquí y en otros momentos.” Agregaré que esta vez -mi recuerdo sobre la otra es nebuloso al respecto- el sacristán aparece en los otros dos actos, en uno para cantar a dúo una frase en latín y al parecer para convencer a Tosca de que ceda ante Scarpia, y en el último para presenciar horrorizado el suicidio. Y en el primero hacer que Spoletta y Sciarrone aparezcan antes de que llegue Cavaradossi para mirar con ojos sospechosos la iglesia y amenzar al sacristán no veo que agregue mucho (más bien al contrario).  

Se dijo que se iba a presentar un Scarpia más débil y temeroso de Tosca, pero el único momento en que me pareció verlo fue en el final del primer acto (tal vez un tanto exagerado, con Scarpia sacudiendo cardenales ante el horror de haberse olvidado de Dios, pero Schrott lo hizo muy bien). En realidad, sólo su personaje y la excelente dirección de Fiore, casi de notable alto y con una buena orquesta y coro a su disposición, más el coro infantil Veus preparado por Josep Vilà i Jover (no entiendo muy bien por qué algunos personajes parecen de época y otros en cambio, como los niños -que no lo eran todos ni tanto- y el carcelero aparecen vestidos con ropa informal actual) estuvieron bien sin excepción. De los comprimarios habrá que destacar el Sacristán de Martínez-Castignani, el Angelotti de Palatchi, el ya clásico Spoletta de Vas, con la voz algo opaca, un Sciarrone de inusual nivel (Oliver); menos afortunados, un pastorcito poco comprensible (Ballesteros) y un carcelero (Pujol) no demasiado fino.

Como queda dicho, Schrott estuvo en inmejorable forma vocal y como siempre un magnético animal de escena (poco importa que algunas frases fueran contra la ‘tradición’ y que algunas de ellas resultasen, desde mi punto de vista, no muy felices). Su ‘Tre sbirri, una carrozza’ casi susurrado fue de gran efecto, su Te Deum un gran momento de teatro y reinó en todo el segundo acto sin que la elevada tesitura para su tipo de voz le pasara factura en ningún momento (tal vez alguna nasalidad ocasional sobre las ‘l’). 

Monastyrska es una voz de importancia y yo me preparaba a una actuación convencional pero a una interpretación vocal impecable. Si como actriz fue algo mejor que lo previsible, vocalmente estuvo absolutamente descontrolada e hiriente en el primer acto, cosa que se solucionó parcialmente en los siguientes. Pero mis recuerdos de sus notas filadas o están equivocados o ya pertenecen irremisiblemente al pasado. Hizo algunos intentos de media voz en el tercero y cantó ‘Vissi d’arte’ con honestidad y sin grandeza. Algunas frases cruciales (tipo ‘Giuro!’ en el primer acto o los ‘Mario’ del final más algunas exclamaciones del segundo) fueron molestos gritos sin verdad dramática. Mejor le fue con el famoso final del segundo acto. Su ‘E avanti a lui tremava tutta Roma’ no pasará a la historia, pero estuvo bien.

Tetelman debutaba la parte y fue muy aplaudido en sus dos arias con algún abucheo minoritario en la segunda. No sé por qué ni una cosa ni la otra, aunque se comprende una reacción negativa exagerada a una reacción exagerada positiva. En realidad no merecería ningún aplauso ni que se hablara mucho. Tiene una voz bonita, oscura (hasta hace tres años cantaba de barítono, pero no todos son Bergonzi), un fraseo absolutamente trivial con caídas de mal gusto (el final de ‘E lucevan le stelle’), una proyección pobre por engolamientos que incluso disminuyen el volumen vocal, que sólo brilla -de momento, con alguna tensión y un ligero tremolo metálico hacia el final de la nota- en el agudo con el cual intenta -y al parecer lo consigue- hacer olvidar el resto. También se prodiga en calderones del peor gusto que conectan con el de buena parte del respetable. Tiene buena presencia y se mueve con corrección (nunca logré saber por qué Sartori había renunciado a su contrato ‘por razones personales’, aunque tal vez se deba a que esté preparando un Verdi en Milán para dentro de nada, en fechas que chocan; alguien me dijo también que estaba cantando o lo había hecho en Berlín, pero no he tenido tiempo ni paciencia para comprobarlo.  No es el primero que deja plantado al Liceu por alguna otra cosa más golosa. Como el Liceu ha sabido prescindir -sin distinción de direcciones- de cantantes importantes por motivos que prefiero desconocer, donde las dan las tomas). 

En el segundo reparto se pudo apreciar un excelente Mario en la voz sana, generosa sin exageraciones, bien emitida de Aronica, que hace honor a la buena tradición de canto tenoril italiana. Presencia interesante y correcta interpretación terminaron por configurar la mejor actuación de la noche, buena en el primer acto y muy buena en los otros.

Serjan fue una Tosca interesante, de bellos centros y graves, escasa medias voces y un agudo de volumen menor y color blanquecino con algún indicio de tremolo. Dijo la mayor parte de las frases con buen criterio y aunque no es una interpretación de referencia sí resultó superior a la de su colega del primer reparto. Gallo ha sido siempre mejor actor que cantante. Compuso un Scarpia siguiendo los lineamientos tradicionales y el rol le permitió ocultar casi siempre limitaciones y defectos (la emisión es abierta y eso no pasa desapercibido cuando sube al agudo). 

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