España - Castilla y León

Estilo desde un programa

Samuel González Casado

jueves, 20 de junio de 2019
Valladolid, viernes, 14 de junio de 2019. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Roberto González-Monjas, director. Tomatito, guitarra. Ravel: Alborada del gracioso. Rodrigo: Concierto de Aranjuez. García Abril: La gitanilla: tres escenas. Rimski-Kórsakov: Capricho español, op. 34. Ocupación: 98 %
Roberto González-Monjas © Compris

Aparte del interés "temático" de este concierto, en el que ahonda excelentemente la musicóloga Carolina Queipo en sus notas al programa, dos eran los puntos fuertes que colaboraron en que la sala apareciera repleta: la presencia del guitarrista Tomatito para interpretar el Concierto de Aranjuez y el debut con la OSCyL en un concierto de temporada del violinista y director vallisoletano Roberto González-Monjas, que es principal artista invitado y que aumentará su presencia la temporada 2019-2020.

Siempre hay expectación por escuchar la obra de Rodrigo con unos criterios distintos a los que se presuponen a un guitarrista clásico, y son algunos los flamencos que se han lanzado a la aventura. Tomatito es un guitarrista que ha destacado por ser un excelente acompañante, pero en la actualidad técnicamente no está preparado para abordar el Concierto de Aranjuez.  El último y sobre todo el primer movimiento fueron flojos, no tanto por las vacilaciones, imprecisiones, y algún compás en blanco y repetición, sino porque se transmitía sensación de inseguridad, que es algo más molesto que cualquier error puntual. 

Sin embargo, en el segundo, sin que se mostrara un concepto especialmente desarrollado, sí hubo varios destellos de todo lo que este guitarrista puede ofrecer, sobre todo en cuanto a una variada paleta de acentuaciones sorprendentes que en él suenan muy frescas, cercanas a la improvisación pero sin transgredir ninguna frontera de forma abrupta. Su finura en el Adagio estuvo en todo momento arropada y cuidada por orquesta y director, que sin mostrar la mayor de las implicaciones hicieron gran labor y consiguieron un empaque en la obra que hizo que el público disfrutara. 

Los pizzicati del inicio de Alborada del gracioso fueron toda una declaración de intenciones respecto a cómo González-Monjas iba a abordar una velada que partía de la utilización del folclore en la música española y su comparación desde puntos de vista de distintos autores: sonaron prácticamente como un forte, y su efecto se prolongó a toda la obra (y realmente a toda la segunda parte del programa). Esta Alborada fue muy original ya desde una pulsión interna que la acercaba a La Valse, muy estructurada desde la cuerda grave y con una rotundidad final cuyo efecto conectaba con esos aspectos de "vorágine" que el director extrajo como común denominador también en La gitanilla y Capricho español

De hecho, las tres magníficas escenas de García Abril, que se encontraba en la sala, fueron quizá el momento cumbre: se vio al director realmente entusiasmado, y la stravinskiana rítmica funcionó como una maquinaria bien calibrada, además sin perder un ápice de ese sonido tan directamente relacionado con el carácter del repertorio que se abordó, lo que supone una opción estilística que da unidad y sentido. El trabajo de fraseo en el Adagio gitano, además, sonó muy sutil y bien armado, tanto en la visión general como en los detalles, y supuso un cuidado (y necesario) contraste con las otras dos escenas. La conclusión del Ceremonial es de las que no se olvidan.

El Capricho español se abordó, como no podía ser de otra manera, en parecidos términos: tempi rápidos, sonido que en algún momento pareció algo sobredimensionado para lo que mejor conviene a la Sala Sinfónica Jesús López Cobos, ritmo trepidante y de nuevo buen trabajo de fraseo en las partes lentas. Existen otras opciones, pero realmente es admirable que González-Monjas construyera una visión unitaria más que válida para obras que tienen diferencias notables en múltiples sentidos. Intachables las intervenciones del concertino  Kryszstof Wisniewski, y masivo y triunfal el Fandango de Pendueles con su habilidoso injerto de la Escena anterior, lo que entusiasmó a un público que claramente gozó sin inhibiciones. 

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