Chequia

Ambiciosa producción de Roberto el diablo de Meyerbeer en Ostrava

Robert Ferrer Llueca

lunes, 1 de julio de 2019
Ostrava, sábado, 15 de junio de 2019. Teatro Nacional Moravo-Silesio. Giacomo Meyerbeer: Robert le diable (Roberto el diablo), grand opéra francesa en cinco actos. Libreto de Eugène Scribe y Louis Marie Germain Delavigne. Estreno: París, 21 de noviembre de 1831. Nueva producción del Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava. Dirección escénica: Dominik Beneš. Escenografía: David Janošek. Vestuario: Zuzana Přidalová. Coreografía: Béla Kéri Nagy. Iluminación: Daniel Tesař. José Manuel Sánchez (Robert), Miloš Horák (Bertram), Mariana Hochelová (Isabella), Martin Šrejma (Raimbaut), Soňa Godarská (Alice), Roman Vlkovič (Alberti), Erik Ondruš (sacerdote), Petr Němec (maestro de ceremonias). Coro, Ballet y Orquesta del Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava. Director del coro: Jurij Galatenko. Dirección musical: Adam Sedlický.
José Manuel Sánchez © 2019 by NDM Ostrava

El Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava cerró su temporada operística 2018-2019 poniendo en escena, por primera vez en esta ciudad del noreste de la República Checa, la ópera Roberto el diablo de Giacomo Meyerbeer. La programación de títulos internacionales menos frecuentes, así como la defensa del repertorio propiamente checo, vienen siendo apuestas habituales en este coliseo de Ostrava, gracias en gran medida al buen hacer y empeño de la dramaturga Eva Mikulášková y de su director artístico, Jiří Nekvasil.

Además de la producción que reseñamos aquí, en esta pasada temporada se pudieron ver óperas como Il trittico de Puccini, Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakóvich o Julietta de Martinů y, para la próxima, se preparará por ejemplo una nueva producción de La ciudad muerta de Korngold que seguro resultará de gran interés.

La ópera Roberto el diablo, considerada la primera en el género de la grand opéra francesa, nos habla fundamentalmente de la búsqueda del amor, la honra, el poder y la inmortalidad, anhelos personificados en esta ocasión en la figura del caballero medieval conocido como Roberto el diablo. La versión escuchada en Ostrava se ofreció con varios y acertados cortes que hicieron muy amena y llevadera una ópera que en total duraría aproximadamente cuatro horas sin incluir las pausas. En esta ópera abunda lo pomposo, la grandiloquencia y fastuosidad que oímos claramente en el terreno de lo musical y que también debería llevarse a la escena en consecuencia, como requiere el género aludido, caracterizado por un uso espléndido de las voces solistas, coro, ballet y gran orquesta.

La producción de Ostrava quiso enmarcarse en esa línea renovadora pero a la vez respetuosa con la tradición: vestuario de época obra de Zuzana Přidalová, muy colorista, al igual que la escenografía de David Janošek que resultó bastante inspirada a partir de un fondo basado en cuadros de Bruegel y otros elementos escenográficos más comunes, quizás menos interesantes pero siempre efectivos en una ópera de estas características. La dirección de escena de Dominik Beneš, si bien cubrió con creces las exigencias propias de esta ópera de Meyerbeer, no resultó totalmente dinámica ni especialmente reseñable en cuanto a inspiración de movimientos escénicos se refiere. No obstante, durante la representación hubo momentos destacados y hasta divertidos como el conocido „ballet de las monjas pecaminosas“ del tercer acto, con coreografía de Béla Kéri Nagy, o la propuesta escénica más meditada para la culminación de la historia a la que asistimos en el quinto acto. 

En cuanto a los solistas, destacó en el papel principal de Robert el tenor mallorquín José Manuel Sánchez, cantante quizás poco conocido y valorado en España (como tantos otros…) que actualmente está haciendo carrera en Centroeuropa y a quien pudimos escuchar por ejemplo en recientes producciones de L´elisir d´amore de Donizetti y Faust de Gounod en el Teatro Nacional de Brno. Su voz de tenor lírico sonó de manera excelente en la zona media, bastante ágil en los pasajes más extremos, y los agudos fueron resueltos con suficiente intensidad y calidad para un papel que en verdad requeriría un tenor más dramático. 

Brilló a su lado especialmente la joven soprano eslovaca Mariana Hochelová como la princesa siciliana Isabella, con una voz extremadamente potente y unos agudos redondos realmente de ensueño. El Bertram de Miloš Horák alcanzó también cotas de excelencia, tanto en lo escénico como en lo vocal, si bien su voz se mostró inesperadamente algo cansada hacia el final de la representación. Soňa Godarská se encargó de encarnar a Alice, magistralmente en lo escénico y muy a destacar también canoramente, aunque su voz abusara demasiado del vibrato. Los demás personajes cantaron bien sus papeles, con voces más modestas, a excepción de la más destacable de Martin Šrejma como Raimbaut.

Mención aparte merece la orquesta, dirigida con pasión y entusiasmo por Adam Sedlický, que sonó muy bien y acompañó de la mejor manera que pudo a los solistas y al destacado coro. Y es que durante la representación no faltaron varios momentos de turbulencias, imprecisiones y desajustes sobre todo en los abundantes y exigentes recitativos acompagnatos. En fin, una producción interesante y bien resuelta desde lo escénico, definitivamente con muchos más aciertos que flaquezas. Una apuesta realmente ambiciosa del Teatro Nacional Moravo-Silesio Ostrava que, a nuestro juicio, cumplió totalmente con las expectativas del público asistente.

 

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