Alemania

Un artista omnívoro, capaz de combinar la poesía con el temperamento

Juan Carlos Tellechea

jueves, 4 de julio de 2019
Bochum, martes, 14 de mayo de 2019. Gran sala auditorio del Anneliese Brost Musikforum Ruhr. Emanuel Ax, piano. Johannes Brahms, Dos rapsodias opus 79. George Benjamin, Piano Figures – Ten pieces for piano solo (2004). Robert Schumann, Fantasiestück opus 12. Maurice Ravel, Valses nobles et sentimentales. Frédéric Chopin, Nocturno número 17 en si mayor opus 62/1, Tres mazurcas opus 50, Andante spianato et Grande Polonaise en mi bemol mayor opus 22. Klavier-Festival Ruhr en cooperación con el Anneliese Brost Musikforum Ruhr. 100% del aforo.

Con esa extrema sensibilidad estilística que lo caracteriza, su vasta experiencia técnica y su preciso enfoque interpretativo, el pianista estadounidense de origen polaco Emanuel Ax (Leópolis, 1949), todo un caballero de vieja escuela en la plenitud de sus cualidades, es sin duda uno de los más respetados de su generación. Esta tarde del martes 14 de mayo de 2019 hemos presenciado su brillante concierto, con mil y un matices, en el Anneliese Brost Musikforum Ruhr, de Bochum, en el marco del 31º Klavier-Festival Ruhr. Es la undécima vez que participa en este evento.

Mayormente fueron los momentos de silencio -que también son música-, y los pasajes líricos los que más cautivaron a la platea, pero sobre todo las Rapsodias opus 79 de Johannes Brahms; con buen cuerpo y tónica nerviosa en la nº 1 en si bemol Agitato, espléndida y de poderosa fuerza en la nº 2 en sol menor Molto passionato, ma non troppo allegro, despertaron la euforia de la sala.

Ganador de siete premios Grammy a lo largo de cuatro décadas, con un repertorio que abarca desde Franz Liszt a Arnold Schönberg, con incursiones en John Adams y Astor Piazzolla, Ax es un artista omnívoro, fenomenal, capaz de combinar la poesía con el temperamento. Sabe amalgamar extraordinariamente la ternura con la fuerza, y sigue siendo un abogado honesto y humilde de los compositores a los que adora, sobre todo de los románticos, y especialmente de Brahms y Frédéric Chopin, en los que se centra enfáticamente este año. En 2020 prestará mayor atención aún a Ludwig van Beethoven, con motivo del 250º aniversario de su nacimiento en Bonn.

A los espectadores y especialmente a sus seguidores les gusta aclamarlo en voz altisonante y con estruendosas ovaciones, como volvió a ocurrir en esta velada, pero él, un noble intérprete también de Robert Schumann y de Maurice Ravel, y aquí además del joven británico George Benjamin, formado bajo la dirección de Oliver Messiaen, es en realidad más bien un amigo de los tonos más suaves.

En sus sólidas y muy bien elaboradas ejecuciones , el espectro de tonalidades alcanza casi siempre un equilibrio ideal. Solo la mano derecha se mostraba esta vez en el fortíssimo quizás un poco más reticente. Ax cumple 70 años este 8 de junio, llega de una gira por Estados Unidos, continúa su tourné por diversas cudades de este Viejo Continente, y los celebra en Viena.

Las Piano Figures – Ten pieces for piano solo (2004) de Benjamin, escritas hace casi 15 años para el pianista francés Pierre-Laurent Aimard, gustaron enormemente con su diversidad de colores y figuras, sus diferentes momentos, juguetones, divertidos y reflexivos, y hasta aquellos en los que se ve el intérprete confrontado consigo mismo (In the mirror). Cada una de las incisivas piezas dura un poco más de un minuto; son miniaturas impresionistas que, puedo dar fe, agradan a oyentes de todas las edades.

Con Chopin (Nocturno nº 17 en si mayor opus 62/1, Tres mazurcas opus 50 y el Andante spianato et Grand Polonaise en mi bemol mayor opus 22; y en los bises el Nocturno en fa sostenido mayor opus 15 y los Valses en la menor opus póstumo), se demostró como un gran narrador -como no hubiera podído ser de otra manera-, sumamente entendido, aunque sin grandiosidades excesivas ni ampulosidades ni pretenciosidades extremas en su controlada entrega total.

El fuego exuberante lo canalizó más bien desde la lumbre del romanticismo en los Fantasiestücke opus 12 de Robert Schumann, muy bien templados. Aquí sobresalió su buen gusto, su refinamiento desde el principio al fin; con tensión, dinamismo e inteligente diseño.

En los Valses nobles et sentimentales de Maurice Ravel los grandes contrastes salieron a pedir de boca. Ax tiene un dominio muy nítido de la obra de este compositor con la multiplicidad de su espectro de sonidos, y la ejecución se escuchó con gran elegancia y hasta incitando a la danza.

En su carrera, Bach es lo principal que le queda por aprender de forma más exegética, según declaraba no hace mucho a la prensa. Si bien todavía no sabe cómo hacerlo, quiere aprenderlo por sí mismo, aunque no cree que pueda entenderlo algún día, porque debido a su profundidad no se llega nunca a su fondo.

Pese a vivir en Estados Unidos desde los 12 años de edad, la mayor parte de la música con la que ha convivido es de origen europeo, lo mismo que todas las tradiciones, los intérpretes y maestros que han influido en su devenir. Según sus propias confesiones, es siempre algo especial tocar en Europa y los músicos, da igual donde vivan, se sienten como retornando a casa en este continente al que ama y quiere enseñar a sus nietos.

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