Discos

Paella letona

Raúl González Arévalo
martes, 16 de julio de 2019
Elina Garanča: Sol y vida. Canciones de Agustín Lara (Granada), tradicional (La llorona; Vai lavar a cara), Violeta Parra (Gracias a la vida), Edvard Grieg (T’estimo), Salvatore Cardillo (Core ’ngrato), Ernesto de Curtis (Torna a Suriento; Non ti scordar di me; Voce ’e notte), Stanislao Gastaldon (Musica proibita), Francesco Paolo Tosti (Non t’amo più; Marecchiare), Astor Piazzolla (“Yo soy María” de María de Buenos Aires), Rosendo Mato Hermida (Lela), Pablo Sorozábal (“No puede ser” de La tabernera del puerto), Carlos Gardel (El día que me quieras), Ary Barroso (Brazil). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Karel Mark Chichon, director. Un CD (DDD) de 65 minutos de duración. Grabado en la Sala Sinfónica del Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria (España), en noviembre de 2018. DEUTSCHE GRAMMOPHON 483 6217. Distribuidor en España: Universal Music Spain.
0,0002247

Los últimos discos de Elina Garanča no pueden ser más diferentes entre sí: el magnífico Revive, a base de arias de ópera, sucedió al popurrí más irregular de piezas religiosas Méditation. Entre medias llegó también una espléndida Leonore de La favorite de Donizetti. Sale ahora este Sol y vida que no puede ser más desconcertante. Claro que si los tenores graban canción napolitana, rancheras mariachis y Andrea Bocelli asume papeles de spinto con una voz de ligero y evidentes carencia técnicas, Elina bien puede hacer lo que le venga en gana, como es el caso. Y sus fans más acérrimos disfrutarlo como locos poniendo el disco una y otra vez. En definitiva, todo vale, siempre y cuando tengamos claros los términos del contrato.

En las notas introductorias, la mezzosoprano se declara fascinada por el modo de vida mediterráneo y declara tener una relación íntima con su geografía, su cultura y su música, que dice propia de tabernas, cantinas, calles y patios, mucho antes de estudiar la partitura de Carmen. Acabo de enterarme de que la obra maestra de Bizet es el máximo exponente de la música popular andaluza y del modo de vida mediterráneo. Y puedo asegurar que por la Costa del Sol no es esta la música popular que suena, salvo en sitios muy turísticos para extranjeros. Desde que Juan Diego Flórez declaró en las escuetas notas de su álbum Italia que en las canciones napolitanas se puede oír cómo brilla el sol no había vuelto a leer topicazos semejantes. Y no puedo evitar acordarme del último programa de Chicote, ¿Te lo vas a comer?, en el que analizaba la comida que se servía a los guiris (los extranjeros, para quien desconozca el término) en España: el plato estrella, de las Ramblas de Barcelona a la Plaza Mayor de Madrid, era la paella, en todas sus variantes, aceptables o degeneradas, a la que se le podía añadir los ingredientes más peregrinos. Con Sol y vida ocurre lo mismo: colará en el extranjero, pero no en casa. Ni en España, ni en Italia, ni en Argentina.

Para ser justos, la Garanča está en una forma vocal espléndida. Las canciones más favorecidas son las napolitanas, que también agrada escuchar en una voz femenina y no solo de tenores. Curtis y Tosti en particular son lo mejor del disco. Incluso la tan manida Granada del mexicano Agustín Lara sale bien parada (¿para qué demonios hablar en las notas de turistas borrachos de calor, vino y amor, que arrastran sus pies ante la visión majestuosa de la Alhambra? ¿Eso es todo lo que hay que decir? Ofende a Lara y a la Fortaleza Roja). Lo mismo ocurre con “No puede ser” de La tabernera del puerto, primera vez que la graba una mujer, hasta donde sé (no seré yo quien lo critique, cuando Ella Fitzgerald se atrevió con “Nessun dorma”). En todos los casos la pronunciación es buena, el estilo un tanto sui generis, y el resultado final de las canciones en español, peculiar.

Lo que es difícil de tragar en este primer álbum dedicado al repertorio popular son las canciones hispanoamericanas. Tanto como la paella que me sirvieron en Rumanía hace años mientras Julio Iglesias me perseguía por el hilo musical. No sé qué tiene que ver aquí el estilo de vida mediterráneo. En cualquier caso, La llorona necesita el desgarro y la fuerza de Chavela Vargas. De la misma manera que es difícil escuchar Gracias a la vida después de Mercedes Sosa (¿demasiada sangría?). En ambas ocasiones Garanča las aborda completamente desde el registro de pecho y en un intento de cantar con voz más natural que impostada. Pero cualquier parecido con una interpretación ‘popular’ –no digamos ya en comparación con los originales– es pura ciencia ficción. De la misma manera que El día que me quieras recuerda tanto a Carlos Gardel como un huevo a una castaña. Brazil de Ary Barroso me remató con el perfecto trino final. Eufemísticamente habrá quien diga que se trata de versiones personales. Lo más potable de este grupo es “Yo soy María”, de la ópera-tango María de Buenos Aires de Astor Piazzolla: aunque el acento porteño ni está ni se le espera, muchos apreciarán el hermanamiento con Carmen en su visión de femme fatale.

La Sinfónica de Canarias suena espléndida en los momentos de mayor expansión, al margen de que algunos arreglos lleguen a ser de dudoso gusto, peliculeros y hollywoodianos. Por no hablar de la melodía del danés Grieg en catalán (“T’estimo”). Conclusión: zapatero a tus zapatos. O dicho de otra manera: Elina, más ópera y menos canciones. Los experimentos, con gaseosa, dicho con todo respeto, que ya lo dice uno de los marcianitos de P. Tinto de Guillermo Fesser: “¡Pedazo de invento la gaseosa!”.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.