Alemania

Sir András Schiff en el Klavier-Festival Ruhr

Juan Carlos Tellechea

viernes, 12 de julio de 2019
Düsseldorf, martes, 2 de julio de 2019. Robert-Schumann Saal. Klavier-Festival Ruhr 2019. Franz Schubert (1797 – 1828), Sonata número 16 en la menor opus 42 D 845, Sonata número 17 en re mayor opus 53 D 850 (Gasteiner), Sonata número 18 en sol mayor opus 78 D 894. Solista András Schiff (piano de concierto Bösendorfer 280VC). Organizador Klavier-Festival Ruhr 2019. 100% del aforo.
Sir András Schiff © 2017 by Nicolas Brodard

El Klavier-Festival Ruhr 2019, uno de los más importantes del mundo, si no el más notable, destila su encanto a través de las diferencias interpretativas que exhibe cada uno de los solistas que intervienen en sus conciertos. De eso vive y este es precisamente el mayor atractivo de este evento que se extiende hasta el próximo 19 de julio.

Asi fue el caso también en esta velada con el pianista austríaco-británico de origen húngaro Sir András Schiff (Budapest, 1953), quien mantuvo un exquisito diálogo musical y...hasta canoro... con Franz Schubert a través de tres de sus Sonatas (16. 17 Gasteiner, y 18, compuestas en 1825 y 1826). Sí, también canoro, porque hace que estas piezas canten Lieder, tengan voz, sin expresar palabras, y reflejen dulce, tiernamente, la música más personal y humana de Schubert.

Schiff se imagina esos vocablos mientras toca su piano Bösendorfer (280VC), de fulgurante color rojizo, traído expresamente para este recital en medio de una amortiguada luz de tonalidad ámbar que parece evocar a los salones vieneses en los tiempos del compositor austríaco (vivía todavía entonces Ludwig van Beethoven, máximo cultor de esa forma pianística entre el clasicismo y el romanticismo). El diálogo con Schubert es notablemente mucho más suave y cálido con este instrumento.

Más de un millar de espectadores aclamaron de pie al célebre pianista en la sala Robert Schumann de Düsseldorf, repleta hasta la bandera y con entradas agotadas desde hacia meses. Paradójicamente, Schiff venía de Bonn, donde había dictado durante cinco días clases magistrales de cuatro horas cada una en la Casa natal de Beethoven.

Su velada estuvo marcada por una visión muy propia y singular, en la que quedó palpablemente evidente la tensión inserta en la música del introvertido Schubert. El pianista (cumple 66 años el próximo 21 de diciembre) mantuvo durante las casi tres horas del concierto una disposición muy clara hacia el sonido de música de cámara, la supresión de contrastes extremos y el virtuosismo como función sonora, con preeminencia en la melodía.

Lo maravilloso de este concierto se debió precisamente a esa increíble fantasía sonora de Schiff, la abundancia de detalles y los infinitos matices que destacó. El verdadero milagro fue la naturalidad con la que ensambló todo. Schiff sabe muy bien que la música de Schubert, con su directa y profunda llegada al alma del oyente, puede perder ese encanto muy facilmente si se la ejecuta con mucha afectación, con aspavientos.

En definitiva, la magia reside en la intimidad, como si estuviera tocando para él mismo y no para una gran audiencia. Hasta su postura al sentarse al borde de la banqueta y mirar al infinito, como invocando inspiracion divina, parece informal. La riqueza de este mundo de sonido recóndito es irresistible, lleno de descubrimientos y perspectivas ignotas que brotan de la imaginacion, la sabiduría y el mundo emocional del intérprete, aunque generalmente haya una tendencia a fetichizar los instrumentos en la música clásica. Sin embargo, un Bösendorfer (o un Steinway o un Stradivarius o un Guarneri) no puede por sí solo hacer música, si no tiene quien lo toque sobresalientemente bien.

Schiff hace respirar, bailar, contar y cantar a la música de Schubert con una intensidad que quita el resuello (Moderato, Sonata número 16 en la menor opus 42 D 845). Lo sigue con toda su fantasía, reflexiva y espontánea al mismo tiempo, enfatizando proporcionadamente en sus diferencias arquitectónicas (Andante poco mosso, Sonata número 16), no con la fuerza titánica de un Beethoven, pero con gran vitalidad.

A veces la música tararea (Molto moderato e cantabile, Sonata número 18 en do mayor opus 78 D 894), en otros pasajes anda más despacio (Con moto, Sonata número 17 en re mayor opus 53 D 850 Gasteiner), y en otros se densifica hasta convertirse casi en una escena dramática algo extravagante (Andante de la Sonata número 18). En el Allegreto de ésta misma sonata el pianissimo que logra Schiff entra finalmente por los poros.

 

Hasta aquí hubiera quedado todo dicho, pero el público ovacionaba tan atronadoramente al pianista que éste no tuvo más remedio que responder con cortesía a tanta efusividad y extender entonces la conversación con Schubert en dos bises, aunque con estilos muy diferentes: la más divertida, ligera y danzarina Melodía húngara D 817 y el más repetitivo, apasionado e insistente Impromptu opus 142/3 D 935).

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.