Rusia

Momentos de gloria (2): los violinistas

Maruxa Baliñas

martes, 16 de julio de 2019
San Petersburgo, sábado, 29 de junio de 2019. Teatro Mariinski 2 (sala nueva). Gala de Premiados en la XVI edición del Premio Chaicovsqui (XVI Международного конкурса им. П. И. Чайковского). Violinistas: Sergey Dogadin, Donghyun Kim, Ravil Islyamov y Milan Al-Ashhab. Orquesta del Teatro Mariinski. Valeri Gergiev, director.
Serguei Dogadin © Premio Tchaikovsky, 2019

Siguiendo la reseña del largo concierto de gala de premiados en el Concurso Chaicosvsqui que se celebró en San Petersburgo el 29 de junio de 2019, voy ahora a comentar la actuación en este concierto de los violinistas galardonados. Como ya comenté en la reseña anterior, este comentario se basa sólo en su interpretación en el marco de este concierto de gala, ya que no seguí las pruebas anteriores, ni siquiera las finales. 

El primer violinista convocado en esta gala fue quien obtuvo el tercer premio, Donghyun Kim. Interpretó una pieza corta y lucida, que nos dejó lógicamente con ganas de escucharle mucho más: el  famoso Capricho nº 24 en la menor op. 1 de Paganini. Es un violinista que cuida el sonido, no sólo la 'gimnasia' de esta pieza, que es un buen muestrario de lo que debe dominar un virtuoso del violín. El sonido es quizá algo reducido y su versión no fue especialmente rápida, pero cuidó mcho la dinámica y expresividad y no se limitó a los 'fuegos artificiales'. En mis anotaciones personales de este concierto escribí: "podría ser perfectamente un primer premio"

Luego le tocó el turno a un violinista que no pasó a la final, el jovencísimo Ravil Islyamov (Rusia, 18 años), quien interpretó una Danza rusa para violín y orquesta tomada de El lago de los cisnes. Pensando que era uno de los premiados Islyamov me pareció un poco decepcionante, la afinación es mejorable, hay momentos muy buenos con otros que no mantienen el interés en la misma medida, etc. Pero una vez que en casa descubrí que se trata simplemente de un violinista muy prometedor, pero que todavía tiene 18 años -el Premio Chaicovsqui suele ser para intérpretes ya maduros y preparados, más que dispuestos a comenzar una intensa carrera profesional- entendí mejor su participación. Para la edad que tiene su técnica es enorme, tiene un gran sentido del ritmo, frasea bien y tiene buen gusto, y ahora falta saber qué pasará en los próximos años, porque imagino que como el primer premio de violín, Serguei Dogadin, Islyamov se volverá a presentar al Tchaikosvsky en la próxima edición, y seguramente con muchas más posibilidades. 

Milan Al-Ashhab, el sexto premio, interpretó el Vals scherzo para violín y orquesta de Chaicovsqui. Es un violinista muy competente: buen fraseo, comunicativo, afinación impecable en todo momento, buena técnica, consigue que lo difícil parezca fácil, es ágil, frasea bien. Pero sin embargo no me satisfizo totalmente, es solvente pero no emociona ni sorprende. 

No sé por qué motivo no se escuchó a los otros premiados: ni a Aylen Pritchin y Mayumi Kanagawa, que compartieron el cuarto premio; ni a Marc Bouchkov, el segundo premio. 

Lógicamente el último violinista convocado -y el penúltimo artista de la gala, antes de Kantorow- fue el ganador, Serguei Dogadin, quien no sé si tiene relación con el famoso violista ruso Andrei Dogadin, que fue profesor suyo (me llama la atención que ya toque un violín de Domenico Montagnana, Venecia, 1721). En la gala interpretó el Concierto para violín de Chaicovsqui. Se le notaba la experiencia concursando -quedó ya segundo en este mismo premio, con el primero vacante, en 2011- porque desde el primer momento se mostró más como un profesional que como un estudiante, a pesar de que todavía es alumno de Boris Kuschnir en la Universidad de Música y Artes de Viena (antes lo fue de Vladimir Ovcharek en el Conservatorio de San Petersburgo y de Maxim Vengerov en la International Menuhin Music Academy). Comenzó lento, incluso reteniendo un poco el sonido, pero luego mostró toda la agilidad necesaria, e incluso -según la moda actual- mantuvo un tempo bastante acelerado, algo también del gusto de Gergiev, que le acompañó espléndidamente. Dogadin es de esos violinistas que además son músicos y mantiene toda la obra en la cabeza, tiene todo calculado e interrelacionado; el fraseo es amplio, los contrastes de tempo y sensibilidad entre los distintos temas preciosos, y la versión resultó francamente emocional. En resumen, un gran violinista que seguramente hará una carrera internacional. A pesar de que su participación fue larga y la hora era ya muy tardía, fue de los intérpretes a los que el público hizo salir por segunda vez y aplaudió rítmicamente. 

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