Discos

La voz del Walhalla

Raúl González Arévalo
viernes, 26 de julio de 2019
Lise Davidsen. Arias y canciones de Richard Wagner (Tannhäuser: “Dich, teure Halle”; “Allmächt’ge Jungfrau!”) y Richard Strauss (Ariadne auf Naxos: “Es gibt ein Reich”; Vier Lieder, Op 27; Wiegenlied, Op 41/1; Malven, TrV 287 (orq. Rihm); Vier letzte Lieder). Lise Davidsen, soprano. Philharmonia Orchestra. Esa-Pekka Salonen, director. Un CD (DDD) de 63 minutos de duración. Grabado en el Henry Wood Hall de Londres (Reino Unido) en septiembre y octubre de 2018. DECCA 483 4883. Distribuidor en España: Universal Music Spain.
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Lo de las sagas nórdicas va a ser verdad por dos motivos: Lise Davidsen es la mejor heredera que podía tener un linaje fonográfico y sobre los escenarios que desde Kirsten Flagstad se ha venido perpetuando, primero con Birgit Nilsson y después Nina Stemme, de modo que el recambio generacional está asegurado. Por otra parte, escuchándola cantar solo podía pensar que si los guerreros vikingos o germánicos hubieran tenido esa oportunidad, la habrían proclamado la voz del Walhalla, por la pureza de su canto y la luminosidad del timbre.

Lise Davidsen es una voz de las que hay una por generación. Lo sorprendente en este caso es su juventud porque las voces spinto tardan más en madurar. Y aunque no me cabe duda de que en el futuro será capaz de abordar con absoluta solvencia papeles de hochdramatische, a estas alturas de su carrera muestra un dominio de su instrumento y un control técnico ya formidables, propio de auténticos fuera de serie, como es el caso. La victoria en Operalia 2015 no carecía de fundamento.

La voz de la soprano noruega es todo lo que promete el marketing: una auténtica spinto, con un centro solidísimo, un grave suntuoso y un agudo radiante y potente. Además, es capaz de tonalidades oscuras y una pátina melancólica que la hacen perfecta para el repertorio germánico más pesado, con Wagner y Strauss a la cabeza (uno se puede imaginar perfectamente la Isolda, la Mariscala y la Condesa de Capriccio que a buen seguro será). La apertura del recital no podía ser más deslumbrante con “Dich, taure Halle”: escuchar para creer. Y aunque en estos tiempos es difícil gritar “¡Milagro!”, discos como este incitan a la sugestión.

El contraste con el aria de Elisabeth en el tercer acto, una plegaria auténtica, no puede ser mayor. La intérprete es absolutamente sencilla, incluso sobria, tanto como el título del disco, apenas su nombre y un primer plano que emerge de la oscuridad en la carátula, sin creaciones absurdas y vacías: lo que ves, como lo que escuchas, es lo que hay. Así de crudo. Pero que nadie se confunda: la ausencia de todo artificio no implica una cantante plana, antes bien, los detalles emergen constantemente, en la paleta de colores y el juego de acentos, en la manera sutil de aligerar la voz y usar las dinámicas, lo que se impone de manera admirable en los lieder de Strauss. Resulta casi imposible elegir uno por la intensidad y la capacidad de introspección, aunque si ya es capaz de cantar las Cuatro últimas canciones de esta manera, no quiero imaginar dentro de veinte años. ¡Qué manera de cerrar con Im Abendrot!

Para acompañar un debut discográfico tan importante, una batuta de peso: Esa-Pekka Salonen, que conoce el repertorio con los ojos cerrados y logra un entendimiento perfecto con la soprano al frente de la impecable Orquesta Philarmonia. Un disco maravilloso.

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